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EDICIÓN | Noviembre 2010

La lucha del Arte

María Dolores Jaramillo, TresAlvo
La lucha del Arte

Fanática de la historia, sobre todo de la de su país, Ecuador, esta mujer, sin siquiera imaginárselo, llegó a radicarse en Rancagua. Acostumbrarse a esta ciudad no ha sido fácil, como tampoco lo ha sido la puesta en marcha de su mayor pasión: darle vida al arte latinoamericano. En un lugar donde los espacios culturales escasean, María Dolores lucha por difundir la historia que hay detrás de cada objeto originario de nuestro continente, además de propagar las obras de los artistas de la zona.

Por María José Pescador D / Fotografías Danny Bolívar U.

Entrar a TresAlvo -tienda y galería de arte- es pura inspiración; un lugar pequeño, pero amable, acogedor y con tantas obras y objetos escultóricos, que definitivamente dan ganas de llevárselo todo a la casa. Más sorprendente es que en esta centenaria casa de adobe, ubicada en pleno centro (Mujica 237, Rancagua), cada cosa tiene su por qué, su propia historia, la que María Dolores (57) va contando con su particular acento, con los ojos brillosos y con una pasión desbordante. "Este telar está hecho por las comunidades indígenas de Otavalo, al norte de Quito; estos cuadros los hacen los indígenas de Tigua, ellos viven justo al frente del volcán Cotopaxi, a setenta kilómetros de Quito al sur, y pintaban sus máscaras e instrumentos. Ahora ellos son famosos en toda Europa, trabajan el arte naif, y pintan sus quehaceres y vida sobre cuero tratado encima de bastidor. Acá tenemos a Eduardo Vega, ecuatoriano, considerado uno de los grandes ceramistas de Latinoamérica; él hace platones con paisajes de la Amazonía o de las islas Galápagos. Estas son joyas de filigrana (tejido con hilos de plata) de Cuenca, hechas totalmente a mano... ". Accesorios trabajados con bambú, tagua (semilla del marfil vegetal), otras con retazos de aguayo, y con <em>espondylus</em> (molusco bivalvo), todos de diferentes lugares de Ecuador y Argentina. "El <em>espondylus</em> era como el oro para el inca; para ellos esta corteza era un elemento de adoración y representa la fertilidad". Jarrones y vasijas de cerámicas que simbolizan distintos objetos utilitarios de los incas y de la cultura <em>Mochica</em>. Más allá, cuelga un telar hecho con alpaca del peruano de Máximo Laura, "él es el maestro del arte textil". Así, todo lo que va mostrando esta amante de la cultura, tiene sus bases sólidas en un centenar de libros que guarda y va sacando según el autor o la comunidad indígena de la que habla. Sin dudas, podría estar todo un día, y mucho más, comentando de la historia de cada uno de los objetos que hay en TresAlvo, y que no son pocos. No por nada, el año 2007 el alcalde de Rancagua de la época, Carlos Orellana, le dio una distinción como "Mujer Destacada" por su labor cultural, la que difunde, incluso, a alumnos de escuelas municipales que asisten al lugar en pequeños grupos para conocer más acerca de las raíces latinoamericanas; es en esta instancia que María Dolores pasa a ser una verdadera profesora de historia, carrera que estudió en Ecuador. <strong>LA CUNA: CUENCA</strong> En esta ciudad nació María Dolores, pero más tarde emigró a trabajar y a estudiar historia en la Universidad en Quito, donde conoció a su marido, Isidro Yáñez, un ingeniero mecánico rancagüino que trabajaba en Petroecuador, al igual que ella. Él, dieciséis años mayor, quedó flechado inmediatamente; poco tiempo después se casaron y tuvieron a su primer hijo, José Miguel (35). Cuando este tenía cuatro meses y luego de dos años viviendo en Ecuador, la familia emigró a Brasil, ahí nació el segundo hijo, David (31). Luego de unos años y buscando volver a sus raíces, "porque la tierra te llama", se trasladaron nuevamente a Ecuador. "Quería que mis hijos estuviesen cerca de su familia, pero no resultó". En ese lapso nació su tercera hija, María Dolores (26). "El área industrial en Ecuador estaba aún muy incipiente, nosotros pensamos que ya estaba más desarrollada el área laboral, pero no fue así, entonces tuvimos que volver a Brasil". Allí estuvieron catorce años, y vivieron en cinco ciudades distintas, incluyendo la capital y Río de Janeiro. Esto hasta que a Isidro le ofrecieron trabajo en la división El Teniente de Codelco, y se vinieron a Rancagua. <strong><em> </em></strong><strong><em>"He tenido la satisfacción de que los profesores de arte vengan con sus alumnos a conocer la historia del arte, de las culturas, las costumbres y los oficios, que es lo que trasmite este lugar".</em></strong> <strong>¿Cómo fue este cambio? </strong>Fuerte, súper fuerte, los últimos cinco años vivimos en Río y de ahí llegamos a Rancagua, fue duro. Primero, el clima agreste, mucho frío, yo dormía hasta con gorro, y luego, en sí la ciudad era arisca, la gente era arisca. Pero con tantos cambios ya teníamos todos una capacidad increíble de adaptación. Como el objetivo más importante eran mis hijos, decidí  que os íbamos a quedar definitivamente aquí, y ya no más el andar siguiendo a mi marido por el mundo. Los niños entraron al colegio con algunas dificultades, pues si bien hablaban español, no sabían escribirlo, su idioma era el portugués. En una casa ubicada en Villa Triana, cuando este sector era sólo campo, la familia empezó una nueva vida. "Tenía la necesidad que mis niños salieran adelante, entonces yo no podía deprimirme, tenía que estar bien por ellos, para que estuvieran psicológicamente sanos". Así los hijos se fueron acostumbrando y al poco tiempo empezaron a tener amigos. <strong>¿Nunca pensaste en separarte y partir a tu patria? </strong>No. Fue difícil en un principio, pero se mantuvo la relación, porque es fuerte y firme. <strong>¿Y en radicarte en Santiago? </strong>Hubo una época en que me arrepentí de no haberme ido a Santiago, porque mi marido viajaba todos los días a las oficinas centrales de la empresa, que estaban en la capital. Pero eso hubiese sido terrible, porque es una ciudad muy dura para vivir; ese ritmo rápido no te hace disfrutar de lo propio, de la naturaleza y del campo, cosa que encontramos aquí. Es una ciudad muy impersonal; en cambio, en Rancagua, llegué a descubrir que hay mucho por entregar, en Santiago ya está todo hecho, y mal hecho... Me di cuenta de lo valioso que es vivir en una ciudad chica cuando mi hija se fue a estudiar a Santiago. <strong> </strong><strong>EL REGALO DE UN HIJO </strong>Hace cuatro años -llevan catorce en Rancagua- reformaron la casa de los abuelos de Isidro, una casa de campo, de adobe y gran patio interior. "En esta casaquinta rescaté y valoricé aún más el campo y eso fue algo maravilloso para mí; compré hasta gallinas para que los niños jugaran". Dedicada ciento por ciento a sus hijos, se sentía realizada profundamente, porque ser mamá "es una profesión". Pero el tiempo pasa, los niños crecieron y María Dolores lloró junto a su marido cuando estos empezaron, uno a uno, a partir. El mayor estudió arquitectura en la Universidad de Valparaíso, David se fue a Coquimbo a estudiar biología marina, y María Dolores siguió los pasos de su hermano grande. Pero las piezas de cada uno se mantenían intactas y la casa cada vez se llenaba de más y más artesanías que María Dolores traía de sus viajes a Ecuador. "Siempre me gustó la artesanía por la historia que trae detrás y todo lo que involucra eso, son mis raíces. Además, me crié en Cuenca, una cuidad tremendamente cultural, con muchos artistas y poetas, por lo mismo es patrimonio de la humanidad". Así fue como nunca imaginó que una visita a Valparaíso para ver a su hijo mayor se transformaría en el comienzo de un sueño, y es que José Miguel  le tenía un regaló muy especial: los planos de la tienda y galería de arte TresAlvo.  "Él fue el impulsor y gestor de todo esto; yo tenía la idea de la artesanía, pero él le dio vida e, incluso, le puso el nombre que significa mestizaje, es una designación que hizo Garcilaso de la Vega para nombrar la mezcla entre indio y mestizo". Fue en esta instancia que María Dolores aceptó que sus hijos ya no estaban y que tenía que empezar su propio proyecto de vida, junto a su marido ya jubilado. Un año se tardó la remodelación del espacio TresAlvo, el que se hizo en la que era una de las piezas de sus hijos. El lugar se acomodó al más puro estilo vanguardista, con paredes con agujeros rectangulares para exhibir piezas y una escalera tipo mansarda para crear un segundo piso, en donde hay cuadros de la escuela de Guayasamín, espejos del Cuzco con enmarcaciones de madera tallada a mano y pintados bajo la técnica de "<em>pan de oro"</em> (cuero curtido con polvo de oro incrustado con el que luego se forra la madera), cerámicas y piezas únicas, además de algunos cuadros de Isidro, para quien la pintura se ha convertido en más que un pasatiempo. "El objetivo inicial de la tienda fue muy emocional, no lo pensé en un inicio como negocio; es más mi espacio, un espacio para la cultura y un espacio para que mi marido se desarrolle con la pintura". La apertura fue en abril del 2004, y María Dolores asegura que este lugar "es único en el país, porque hay muchas tiendas de artesanía en Chile, pero no tienen una mirada cultural; yo he tenido la satisfacción de que los profesores de arte vengan con sus alumnos a conocer la historia de las culturas, que es lo que trasmite este lugar". <strong>¿Cuán difícil ha sido darle difusión a TresAlvo en Rancagua? </strong>Fue un desafío, en una ciudad en donde casi no hay actividad cultural... al principio fue muy complicado, duro, sobre todo pensando en el negocio. Pero mi deseo es dar a conocer y transmitir la cultura. Todavía hay personas que tocan la puerta y me preguntan si hay que pagar para entra... María Dolores sacó un diplomado en gestión cultural, ganó un Capital Semilla de Sercotec para hacer suvenires de Rancagua (poleras, posavasos, cerámicas y objetos de cobre, que están en la tienda), es consejera del Consejo de la Cultura, y el año pasado hizo una exposición itinerante de pintura con artistas rancagüinos, jóvenes emergentes, que se llamó "El Arte en la Mesa". Sus proyectos son muchos: crecer, ayudar a desarrollar políticas culturales para la ciudad y seguir adelante, a como dé lugar, con su mayor pasión: difundir la historia, la cultura, los oficios y las costumbres de nuestras raíces.

 

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