El desierto es un espacio donde surgen deliciosos sabores. La historia ha estado cargada de anécdotas que relatan la época del vino en la zona norte, por lo que no es difícil imaginar las bondades de una cepa colmada de sol y sales del desierto, la misma que hoy se proyecta en la vitivinicultura chilena con la creación del Vino del Desierto.
Texto y fotografía: Soraya Valdivieso V.
“El Vino de Canchones” es la faceta más glamorosa y vanguardista del Centro Experimental Canchones, pero apróntese, porque está a punto de pasar de moda.
Estuvimos en la sexta vendimia que se celebra en el centro experimental, y la última de forma artesanal. El Gobierno Regional de Tarapacá financiará la integración tecnológica para la producción comercial del próximo “Vino del Desierto”. Es así que la Fiesta de la Vendimia que gozamos hoy, se transformará solo en una tradición, porque la vitivinicultura en el desierto se viene 2.0.
Es un proyecto ambicioso presentado por la Universidad Arturo Prat, que comenzó en el 2007. El afán estuvo vinculado a enseñar a los alumnos de agronomía la siembra en zonas áridas; ahora bien, la vid se dio en gloria y majestad, por lo que los profesionales no dudaron en desafiar el árido terreno que ya ha concebido diversas siembras, entre ellas frutilla, brócolis, membrillos y otras.
CANCHONES
Para visitar canchones se debe partir al alba, pues la estación se encuentra a ciento cincuenta kilómetros de Iquique y el viaje por la pampa es agotador. Es preferible aprovechar el día para no llegar exhausto al anochecer.
En esta última vendimia, los profesionales de la Universidad Arturo Prat expusieron el tema de la biotecnología en el desierto. Quedamos impactados con la cosecha en tierras secas, una materia que era casi impensada para muchos de nosotros.
En conclusión, aprendimos que el desierto es sembrado desde hace dos mil quinientos años. ¡Una agricultura con una antigüedad anterior a la era cristiana! También entendimos que el sol extremadamente radiante de día y el frío penetrante de noche pueden ser controlados y usados a favor de algunas cosechas. Otro dato es que los suelos del desierto corresponden a la orden aridisoles, superficies poco evolucionadas debido a la aridez y elevados en salinidad y ph. Lo que se traduce, vitivinícolamente hablando, en una cepa de clima extremo, con estrés por el fuerte sol y frío, y un toque de sales debido a la estratificación de los terrenos.
Seguidamente, probamos la imponente uva que corresponde al denominado Vino de Canchones. Llama la atención por su tamaño, el que no se compara con su sabor dulce al paladar. La enóloga Isabel Tapia Inzulza, nos aclara que corresponde a la variedad Gros Colman, cuyo origen es Georgia. Añade que se caracteriza por poseer bayas grandes de más de veinte milímetros, de color morado oscuro y con semillas, cuyos racimos poseen, en promedio, veinte centímetros de longitud. Con respecto a los tipos de vinos, según la enóloga se pueden hacer diversos tipos, desde tintos tradicionales hasta vinos de pudrición noble.
INDUSTRIA DEL VINO
No son pocos los que recuerdan el vino de Codpa, el de Matilla y muchos más, pues esto de hacer vino en el desierto no es algo de nuestra época, según el director del proyecto Marcelo Lanino. En realidad, la inquietud de hacer vino de primera calidad es un desafío que se arrastra desde hace años. Incluso su padre se esmeró sembrando el desierto.
La diferencia es que, hoy en día, las necesidades de los agricultores se centran en conseguir más y mejor tecnología. Lanino nos explica que la industria del vino en Chile es una industria potente y altamente especializada. Atrás quedó el romanticismo artesanal, por lo que lo más importante es buscar las maneras de aprovechar al máximo las utilidades de la vid.
Es por ello que el nombre del proyecto impulsado en Canchones es “Innovación Tecnológica para la Producción de Vino del Desierto en la Pampa del Tamarugal”. El programa considera la siembra de mil plantas por predio, las que serán seguidas por la UNAP, utilizando el material genético que se ha preservado. Además, implementarán ingeniería sustentable para el mantenimiento de estos cultivos. El costo total del proyecto es de seiscientos treinta y tres millones de pesos distribuidos en tres años de desarrollo.
Por otro lado, los profesionales de la UNAP aportan con un equivalente a ciento ochenta millones de pesos, valorados en terrenos, sistemas de riego, preparación de suelo, mano de obra y diversos elementos especializados. La optimización de los recursos crea una sinergia de elementos entre los cuales está incluido un recorrido de turismo extremo, “Las Vides del Tamarugal”, el que relatará la historia del vino en la región e incluirá un paseo guiado por las dependencias del centro experimental. Según Marcelo Lanino este potencial polo de negocios viene a hacer más eficiente el mercado regional.
JARDÍN DE VARIEDADES
Uno de los precursores de la vid del desierto fue el ciudadano alemán chileno Heinrich Froehlich quien, en el año 1929, estableció las primeras vides en Canchones, las que la Universidad Arturo Prat guarda como tesoro, rescatando y resguardando el material genético de plantas antiguas de vitis vinifera.
Como parte del proceso de identificar las plantas antiguas de vid se ha recurrido a dos bases de datos internacionales, una española, el Instituto Madrileño de Investigación Agraria y Alimentaria (IMIDRA), y otro francés, el Instituto Nacional de Investigación Agronómico (INRA). Estas bases de datos constituyen aproximadamente nueve mil aprobaciones de cepas y lo más interesante es que una de “las nuestras” no contrastó con ninguna de ellas, es decir ¡constituiría una nueva variedad!, con todos los beneficios que ello implica como material genético, aunque aún hay que esperar el juicio definitivo en lo que a enología se refiere. Mientras, hay que levantar las copas y brindar por el futuro esplendor de Canchones y sus generosos frutos.
RECUADRO
Los chilenos, desde, los años cincuenta, comenzaron a aprovechar los conocimientos, experiencia y capital de inversionistas franceses, españoles y, más tarde, americanos para desarrollar su industria vitivinícola. La industria nacional se asesoró adecuadamente, aceptando la inversión y tecnología importada, dedicándose a exportar y producir excelentes vinos. Como consecuencia de esa situación, Chile exporta el noventa por ciento de su producción y consume solo un diez por ciento. Los principales consumidores de vino chileno son Estados Unidos, Reino Unido, América Latina y parte de Asia. Las seis viñas más importantes de Chile, según el Diario Financiero son: Concha y Toro, San Pedro, Cono Sur, Santa Rita, Maipo y Montes.
Fuente: hablemosdevino.com