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EDICIÓN | Noviembre 2010

Delfina, la única

Delfina Guzmán, Actriz
Delfina, la única

Irreverente hasta la médula y con una frescura y simpatía inconfundibles, Delfina se ha transformado en un ícono del teatro chileno y en una notable embajadora cultural. Con varios premios bajo el brazo, dice que lo suyo es establecer vínculos y mantener a su manada unida. Una manada que ya suma doce nietos, cinco bisnietos y otro en camino. “Junto con la maternidad, el teatro es lo mejor que he hecho en mi vida”.

Por Macarena Ríos R./ Fotografía Vernon Villanueva B.

“Ya perrita, me encanta contestar las preguntas de ustedes los periodistas, porque después me entretengo leyendo todas las barbaridades que dije”, dispara Delfina, la única. Con más de cincuenta años en las tablas, el cine y la televisión y dueña de una mente lúdica, me toma del brazo y se deja llevar a un lugar donde podamos hablar de lo humano y lo divino. Invitada por la CRCP de Valparaíso, lo suyo es cautivar con esa bendita irreverencia que le nace espontánea y la transforma en un ser querible y entrañable. Desde un comienzo, advierte a un auditorio repleto de mujeres que han venido a escucharla hablar acerca de sus pasiones: “Ustedes van a tener que tener mucha paciencia conmigo, porque cambio de tema con la rapidez de un borracho”.

Aunque confiesa un alzheimer “bastante serio”, su memoria intacta rememora a la perfección el momento exacto en que comenzó a definir su futuro actoral. “Mi primer papel fue en el colegio, cuando hice el fantasma de la geometría, con una sábana blanca que le saqué a mi mamá a escondidas y un enorme compás. Ahí me di cuenta de quien era yo. Las risas de mis compañeras que hicieron entender que yo estaba en este mundo para hacer reír”.

Su ímpetu, tal vez propio de la adolescencia, tal vez propio de su avasalladora personalidad, la llevarían luego a presentarse a un colegio que buscaba una docente y decir, con apenas 18 años, “yo soy regia profesora de inglés” y acto seguido, sin comas ni puntos aparte, ser contratada. Ahí conocería a Patricio Bañados y participaría activamente en el grupo de teatro de ese establecimiento. Pero no sería hasta presenciar la obra teatral La luz que agoniza, donde encontraría finalmente la certeza absoluta. Era la primera vez que iba a ver teatro. “Sentí literalmente mariposas en el estómago y unas ganas de estar arriba del escenario tremendas. Mi primer marido era arquitecto y fue él, quien me habló de arte y de cultura por primera vez”.

<b>SELLO DELFINA</b>

Se agradece conversar con una mujer aguda, que habla de frente y sin pelos en la lengua, que dice lo que piensa y lo que siente y que expresa, a punta de comentarios irónicos, las verdades del mundo, del teatro, de la cultura y cuanto tema le pregunten.

“El otro día iba entrando al canal y habían una serie de niñitos sacando fotos y autógrafos vaya a saber una para qué y se me acerca uno de estos pokomonos (así les digo yo), con la mecha bien pegá a pedirme una foto o una firma. ¡Qué horror, parecía una visión! ‘Mira mijito’, le dije, ‘sácate el pelo de la cara, porque hoy día no te la lavaste. Qué estás haciendo aquí esperando ver actrices si somos como cualquier persona, en vez de estar en tu casa o haciendo labores solidarias. No te voy a dar nada, ni una foto ni nada, ¡ándate para tu casa huevón y lee!”.

José Donoso le dedicó los cuentos Cuatro para Delfina y Gonzalo Rojas le escribió el poema Carta a Delfina… ¿se siente una musa?<br> No, siento que tuve dos amigos maravillosos a quienes quise muchísimo. Más que la suerte de conocerlos, esas son justamente las lámparas de Aladino que nos va encendiendo la vida.

<b>¿Qué le generan los premios, los tributos y homenajes que ha recibido a lo largo de la vida?<br> </b>Me extraña fíjate tú. El otro día me tocó presentar una obra de teatro en Puente Alto en calidad de presidenta del Festival de Santiago a Mil. Imagínate, dos mil quinientas personas gritándote “ídola”, me sentí rara, si yo soy una señora chilena con una familia grande, nada más, ¿qué es esto? Igual lo agradezco y hasta me hace llorar tanto cariño.

<b>¿No será que esa comunión de estar arriba del escenario la logra transmitir al público?<br> </b>Creo que en el fondo de mi alma permanece constantemente encendida una velita que dice “vínculo” con las personas. Soy una humanista ciento por ciento y pienso que no hay nada más maravilloso que los seres humanos, aún el peor de todos.

<b>Una vez Sergio Livingston dijo “vivo en la mejor esquina: Independencia con Libertad”, ¿piensa lo mismo?, ¿le gusta vivir sola?<br> </b>Me encanta vivir sola, tengo una nana que viene en la mañana y que a veces se queda a alojar cuando estoy muy regalona. Pero la verdad es que mi casa pasa llena, entra y sale mucha gente. Y aunque siempre estoy rodeada de cariño, me gusta mi instancia de soledad. Me gusta meterme en mi cama y mirar el techo y pensar no sé qué, dejarme ir. Me encanta divagar.

<b>PASIÓN POR EL TEATRO</b>

Política, crítica, irreverente. Tuvo que desligarse de una familia aristocrática para estudiar teatro. Con más de veinte teleseries en el cuerpo, decenas de obras de teatro y varias películas, Delfina dice que junto con la maternidad, estudiar teatro es lo mejor que ha hecho en su vida. Que si no hubiera sido actriz, hubiera sido bailarina. Que le gusta el teatro por sobre el cine y la televisión, “porque es la madre, la matriz, el útero”. Que antes bastaban las ganas para trabajar, pero que hoy se necesita gestión.

<b>¿Qué personaje recuerdas con mayor cariño?<br> </b>Hace muchos años caractericé a una muda en una obra que se llamaba Pedro, Juan y Diego en el ICTUS. Según mis compañeros era la muda más parlanchina que habían visto en su vida. La verdad es que inventé un lenguaje para expresarme absolutamente fascinante.

<b>¿Le acomoda la comedia?<br> </b>Sí, pero me es indiferente, lo que me interesa es que sean buenas obras, que le entreguen algo a la gente en el momento preciso. Que abran ventanitas internas del alma.

<b>¿Cuál es el mejor consejo que les ha dado a sus nietos actores?<br> </b>Nunca, pero nunca llegar tarde a un ensayo. Que estudien todo lo que tengan que estudiar y eso que soy una convencida de que todo estudio es poco y que el teatro es un privilegio que si no lo saben apreciar, es porque son absolutamente tontos.

<b>¿A qué personaje le gustaría encarnar</b>?<br> Hay dos personajes que siempre quise hacer en teatro, una es la Blanche Dubois interpretado por la Vivien Leigh en la película Un tranvía llamado deseo, y la otra es María Estuardo.

<b>CULTURA V/S DERECHA</b>

Delfina me cuenta que cuando era chica, los primeros días de diciembre llegaban a su casa unas tarjetas grandes desde Europa. Cada una tenía una ventanita por día hasta 24 de diciembre, que era el nacimiento de Jesús. Al ir abriéndolas conforme pasaban los días, se iban encontrando con distintas sorpresas: una muñeca, un trencito, una flor, una estrella. “Y entonces yo pensaba: ‘la vida tendría que ser así y darme la oportunidad de abrir todos las mañanas una ventanita y encontrarme con algo que aspiro a tener y con lo que sueño sin darme cuenta’. Por eso creo que elegí la profesión que tengo”.

<b>¿Ha cambiado su visión del Presidente durante estos siete meses de gobierno?<br> </b>Es que yo a Sebastián lo conozco hace muchos años. Que me de vergüenza decir que soy amiga del Presidente porque es una rotería, es otro cuento. Yo tengo un vínculo con él. Bueno, y lo pelan harto, ¡pero en este país quién no pela pues! Me dan ganas de darle un poco de serenidad, de decirle que no tiene porqué empeñarse tanto, de que no se juegue la vida en cada cosa que hace, que no se tome las cosas tan a pecho.

<b>¿Sigue pensando que la cultura es el talón de Aquiles de la derecha</b>?<br> La derecha chilena tiene el lenguaje de los números y nosotros tenemos el lenguaje del vínculo. Ha sido demasiado el tiempo en que han estado en los negocios, en la productividad, en la acción, que está bien, pero el arte del lenguaje y de los vínculos no lo manejan. Creen que la cultura es tener un celular, ir a Europa y asistir a la ópera.

<b>¿Qué opina de Luciano Cruz Coke como Ministro de Cultura?<br> </b>¡Lo adoro! El otro día le dije al Presidente, que entre paréntesis me cuesta tanto decirle así porque lo conozco hace mil años, ‘gracias por el Ministro de Cultura’. Lo encuentro un cabro inteligente, sensible, culto, bien intencionado, caballero y más encima es mi colega y eso es fundamental. Me encanta. Es un gran gestor. Otros me cargan, qué quieres que te diga, ¿cómo se relaciona con gente tan huevona digo yo?

<b>EL PODER DE LOS VÍNCULOS</b>

La actitud de mantener la manada unida ocupa gran parte de su tiempo. “Me dedico mucho a mi familia, sobretodo a establecer vínculos, que es la gran fuerza de la mujer”. Cada fin de semana Delfina se transforma en la Titita para sus doce nietos. Las largas sobremesas familiares son el condimento perfecto para fines de semana redondos.

<b>¿Qué le falta a Delfina por hacer?<br> </b>Dejar a todos mis hijos estables, contentos de vivir. Y que ojalá algún día terminen pensando como yo: que la vida es fantástica, que todos los días traen mil posibilidades y que hay que sorprenderse permanentemente. Sin pasión no se puede vivir.

Delfina, quien actuó en una película de Raúl Ruiz con sus dos hijos mayores, Nicolás (el ex ministro) y Joaquín (el cineasta), allá por los años setenta, la misma que se sacó la ropa en una performance del MAC y que dice que el “lotengue” es la forma de vivir de los chilenos, no ha perdido la naturalidad, ni la espontaneidad, ni la simpatía. Y arrastra la magia de los vínculos por todas partes. “Soy el ser más intruso que se puedan imaginar, me gusta saber cómo están los demás, qué les pasa, sé todo de sus vidas. Encuentro que los diarios son una lata, no te cuentan nada. Lo interesante son esas historias que nadie más que esa persona te va a relatar. Eso es la maravilla de la vida y que se establece únicamente con los vínculos”.

<b>¿Algún sueño inconcluso?<br> </b>Yo tengo una obsesión, quisiera hacer un viaje por el Báltico y no he podido conseguir a nadie que me lo auspicie. Incluso pensé una vez poner un aviso en el diario que dijera: “señora decente pide que alguien con buena voluntad le compre un pasaje con uno de sus nietos para ir a un crucero por el Báltico”. Esa Europa del Este tiene un velo de misterio que me atrae mucho. Porque al Caribe ni muerta, encuentro que es una rotería sin nombre, yo no iría ni amarrada a Cancún ponte tú.

 

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