Si una idea proviene desde el cielo, de seguro que tiene algo divino. Si quiere conocer la experiencia de volar debe conversar con Philip Maltry, puede hospedarse en su hotel, comprar o arrendar accesorios, pasear con él en un biplaza y aterrizar frente a su habitación. Y lo mejor de todo es que va ir seguro, porque Altazor tiene más de quince años de experiencia enseñando a los viajeros que todo puede verse distinto desde las alturas.
Texto y fotografía: Soraya Valdivieso V.
Volando fue que a Philip se le ocurrió emprender este negocio. Siempre supo que era una apuesta a largo plazo, pero con la vista puesta en el futuro, se arriesgó y ganó. Desde los primeros pasos del flight park han pasado quince años y es ahora cuando se aprecian los frutos de esta innovadora iniciativa direccionada a entregar servicios al turista más extremo, el parapentista profesional, el que vuela porque ama hacerlo, al que quiere aprender a volar o, simplemente, a los aventureros de espíritu.
La historia comenzó con tres contenedores adecuados como hogar, uno para la familia y otros dos para arrendar. Hoy Altazor tiene casi cincuenta contenedores autosustentables de alojamiento, un taller de reparaciones, una tienda, un jardín de cactus, un huerto para la familia y una pista de aterrizaje con vista al mar. La sensación de visitar este centro para parapentistas es un verdadero regocijo, pues tomamos conciencia de que aún existe gente interesada en disfrutar al máximo la naturaleza, cuidarla, hermosear su entorno y volar.
¿Cómo fue que el mercado turístico te cautivó?
Todo fue gradual, comencé a tener cada vez más experiencia volando y mis cercanos eran quienes me pedían que les enseñara, así comencé a hacer clases. El nicho era escaso en la ciudad por lo que con Eitel von Muhlenbrock, mi compañero de vuelo, aunamos fuerzas y nos aventuramos comprando el primer parapente biplaza.
¿El público recibió la iniciativa positivamente?
Cuando comenzamos casi no había parapentistas en Iquique, por lo que éramos la novedad y se volvió un estupendo panorama de fin de semana, porque no necesitas más que una instrucción para volar con un guía; pronto la respuesta fue tangible. En esa época viajé mucho con el parapentismo, entonces también hacía promoción, y los buenos comentarios fueron creciendo como bola de nieve.
Entonces el marketing boca a boca es un hecho.
De todas maneras funciona. Cuando vives una experiencia reanimadora lo comentas para contagiar al prójimo de tu alegría. Un día conversé con un joven parapentista suizo, el que me dijo que probablemente escribiría sobre su experiencia; de eso surgió un reportaje en la revista suiza más popular, especializada en el parapentismo, y como resultado tuve muchos correos de felicitaciones y los interesados en venir aumentaron.
¿Hay más chilenos o extranjeros dedicados a volar?
Un noventa por ciento de nuestros clientes son extranjeros. Yo mismo soy el ejemplo. Siempre promocioné la idea de venir a Chile, comentaba cómo era este lugar y describía mi proyecto. Quince años después, este es el resultado. Pero no solo atendemos a público especializado, recibimos a todo el mundo.
El terreno donde se encuentra ubicado este centro de vuelo está considerablemente alejado de la urbe, no creo que haya sido fácil conseguir un espacio así…
Empezamos en el living de mi casa. Pero anhelaba tener algo lejos de la ciudad, distanciado de la carretera, bien en el cerro y cercano al despegue que está en la cumbre del cerro equidistante. En 1994 comencé a visitar Bienes Nacionales y no fue hasta seis años después que logré adjudicarme este terreno. Fue agotador y varias veces estuve a punto de rendirme. Disímiles anécdotas viví en ese tiempo, la gente de Bienes Nacionales ya me conocía. Algunos creyeron en mí y otros no.
El uso de contenedor y paneles solares es una iniciativa muy positiva. ¿Cómo se benefician de las energías alternativas?
Funcionan a la perfección, el sol aquí es capaz de cargar eficientemente cualquier máquina. Me ahorro mucho presupuesto, tengo la independencia del precio del gas, la gente que vende gas con su carrito sonoro no viene y tampoco nos vemos con la necesidad de reponer el gas a medianoche. Si se acaba el agua caliente, al día siguiente, con los primeros rayos de sol, se carga todo nuevamente.
¿Las áreas verdes cuentan con algún sistema de riego especial?
Hacemos recuperación de las aguas grises, eso quiere decir que reutilizamos las aguas de la ducha, la lavadora y el lavamanos; con eso regamos en jardín del hostal y el huerto de nuestro hogar donde tenemos más de veinticinco variedades de árboles que dan frutos.
VIVIR VOLANDO
Los 365 días del año se puede emprender vuelo en Iquique, el clima es casi perfecto y su vista espectacular. La Cordillera de la Costa es la plataforma natural que optimiza el despegue, mientras que el aterrizaje puede realizarse en diversas zonas como Cavancha, Playa Brava, Huayquique o el Cerro Dragón.
¿Quiénes componen el equipo de Altazor?
En el equipo de gestión somos multidisciplinarios e internacionales. Trabajamos con gente de varias naciones como suizos, finlandeses, bolivianos y peruanos, cada uno aportando desde sus saberes y habilidades, de modo que somos bien unidos y tenemos la disposición de ayudar. Nuestros pilotos son instructores habilitados para dictar cursos y realizar vuelos tándem (biplaza). Son acreditados por el organismo estatal Dirección de Aeronáutica y por la Asociación Chilena de la zona norte.
¿Cuáles son los servicios que pueden ofrecer?
Transporte al despegue, alquiler de vehículos por días o trayectos, arriendo de equipos de vuelo, reparación de equipos, servicio de guía, tienda de vuelo, probador de sillas, aterrizaje junto al flight park Altazor, zona de plegado y limpieza de arena de las velas y otros menos específicos.
ALMA DE PILOTO
Philip nació en Suiza, en 1961, y estudió ingeniería mecánica para poder construir su propio avión. De niño alucinó con volar como un ave, así que pronto se puso su mochila para conocer cómo era el cielo alrededor del mundo. Estuvo en varias partes de América Latina, en Brasil, Argentina y Chile, donde compartió varios años con una familia hippie en el sur. De pronto se encontró con un alemán, al que le entregó su currículum. Dos años después él lo llamó y le dijo que se hiciera cargo de su importadora de camiones en Iquique. El sol y el estupendo clima lo impulsaron a quedarse aquí, enamorado de la vida en el desierto y, sobre todo, de su esposa Marlen.
¿Crees que eso fue algo del destino?
Yo siempre andaba con mi currículum impreso en el bolsillo, y cuando me ofrecieron un trabajo en el norte no dudé en aceptarlo. Andaba en busca de un hogar sin lluvia y con sol.
Antes de emprender este negocio me imagino que fuiste un gran deportista.
Sí, y lo sigo siendo. El deporte es la base para llevar una vida sana y alegre; por eso lo fomento en mi familia, y este centro parapentista es también parte de eso. A veces pequeños consejos hacen grandes diferencias, por lo que nos enriquecemos con las experiencias de otros, somos felices siendo aventureros y compartimos eso.
¿Cómo describirías la sensación de volar?
Es la máxima expresión de libertad para el ser humano. También siento generosidad y paz. Volar es estar encima de cualquier pequeñez. Las peleas o las cosas que no funcionan, dejan de existir cuando estás en el cielo. La tierra se muestra con todas sus maravillas, el paisaje te roba el aliento, te relaja y te entrega fuerza para seguir y saber que está todo bien.
¿Tienes algún otro pasatiempo además de volar?
La ingeniería, las energías alternativas y la ecología. Es lo que aplicamos en este centro, yo soy bien práctico y me gusta aplicar los conocimientos, por eso soldamos, experimentamos, sembramos… no me gustan los discursos, me gusta el trabajo.
¿Qué es lo que más has invertido en tu negocio?
Todo, nuestras vidas como familia, nuestros sueños, nuestro tiempo y nuestra plata. Ha sido un gran esfuerzo; sin embargo, no lo sentimos como sacrificio, pues es algo propio y que nos apasiona.
¿Qué rol cumple tu familia en tu vida?
En realidad, ellas son mi vida. Mis cinco hijas y mi mujer son mi sol. Con Marlen hemos tenido esa mirada a largo plazo que nos entrega entereza y fuerza para criar y amar a nuestras hijas.
Qué sientes tú que hay en Chile que no esté en Suiza, y qué te hace falta de Suiza.
Nada me hace falta aquí. Es perfecto. Obviamente, el clima iquiqueño es lo mejor, pero me llama mucho la atención la tolerancia del chileno: aguanta el ruido, a los turistas, la invasión constante. Son más relajados y cariñosos. Lo único que no me gusta del chileno es que no piensa en el futuro y si no pensamos en lo que viene, es que no aprendimos nada del pasado.
Para obtener información y hacer reservas visite: www.altazor.cl
“Volar es estar encima de cualquier pequeñez. Las peleas o las cosas que no funcionan, dejan de existir cuando estás en el cielo. La tierra se muestra con todas sus maravillas, el paisaje te roba el aliento, te relaja y te entrega fuerza para seguir y saber que está todo bien”.