Siempre supo que quería ser “comerciante”, como se decía antes que “emprendedor” se pusiera de moda. Tenía claro el qué quería ser, pero no el cómo. Por eso le hizo caso a su papá cuando él insistió en que estudiara una carrera. Casi por sorteo, se decidió por educación parvularia, sin saber que era la puerta de entrada a lo que hoy es su presente y su futuro: la capacitación.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías por Andrés Gutiérrez V.
Cuando Ljuba
estaba en el colegio, siempre le dijeron que era mala para las matemáticas. Como a muchos niños y niñas, le colgaron etiquetas: desordenada, conversadora, amiguera. Y hasta a ella misma la convencieron de lo difícil que le resultaba aprender algunos ramos y, por eso, cuando egresó de cuarto medio lo que menos quería era postular a una carrera. Le pidió a su papá que la apoyara en un primer emprendimiento, que nunca se llegó a concretar, y entonces decidió seguir los consejos familiares y elegir una profesión, un “cartoncito bajo la manga”.
¿Por qué estudiaste educación de párvulos?
La verdad es que busqué lo que más me acomodara dentro de la única universidad privada que había en ese tiempo en la ciudad, porque el puntaje no me alcanzaba para nada. No tenía una vocación marcada… yo solo quería ser empresaria, igual que mi papá, porque siempre lo admiré profundamente y quería que estuviera orgulloso de mí.
¿Él te convenció de estudiar?
Sí, él me lo pidió. Era la más chica de los tres, el concho regalón y mi papá me daba el gusto en todo. Como él estaba enfermo, me propuse avanzar lo más rápidamente que pudiera en mi carrera. Le habían dado seis meses de vida y mi forma de retribuir todo el amor que él me daba era demostrando que yo era capaz de hacer cosas, que todo estaría bien. Finalmente, él estuvo tres años con nosotros.
¿Alguna vez se salió de tu mente la idea de hacer negocios?
Nunca. Yo lo que quería era lograr un buen nivel de vida y no depender de nadie. La independencia es la esencia de mi persona, pero tengo claro que si no está acompañada de disciplina tampoco funciona.
Pero ¿cómo pasaste de educadora a experta en capacitación?
Es que me fue muy bien en la universidad. Me di cuenta, en carne propia, que cuando uno tiene una motivación puede llegar muy lejos y que eso de “no sirvo para esto o lo otro” son trancas mentales que nos instalan desde muy chicos. En ese minuto ya me sentía validada y me enfrenté con la realidad de mi profesión, que es altamente demandante y que necesita gente que, de verdad, tenga vocación. Como no era mi caso, busqué otra opción y entré a estudiar sicopedagogía en la Católica del Norte. Me gustaba la independencia que entrega manejar una consulta, organizando los horarios como uno quiere y, además, apoyando a niños y jóvenes en el proceso de aprender.
¿Cuánto tiempo ejerciste?
Estuve siete años dedicada a la consulta y también haciendo clases en un instituto donde fui jefa de carrera y también pude titularme como profesora básica. Creo que todos esos aprendizajes me ayudaron a lograr lo que hoy ya está consolidado.
¿Por qué decidiste dejar tu consulta y dedicarte a la capacitación de adultos?
Es que nunca dejé de lado las ganas de emprender algún negocio y mi mejor capital de trabajo es mi propia experiencia en el área del aprendizaje. Alguien me dijo “¿ubicas a alguien que haga capacitaciones?”, y yo inmediatamente respondí “obvio, yo misma”.
Pero ¡no sabías nada del tema de las capacitaciones!
Es que eso se aprende, ya sea estudiando por mi cuenta o asesorándome por especialistas. Lo importante es que sabía que tenía la técnica necesaria para lograr un aprendizaje significativo que es lo más importante, porque a mi juicio no basta con solo pasar contenidos, sino que las personas los comprendan e internalicen.
¿Qué es lo más difícil de enseñar a los adultos?
Lo que hablábamos al principio, las etiquetas. Hay muchas personas que se sienten incapaces de aprender porque les han dicho siempre que el estudio no es lo suyo. Además, hay algunos que ya tienen sus años, que la memoria a largo plazo va fallando, no tienen concentración y eso provoca que no estén dispuestos a adquirir nuevos conocimientos.
¿Cómo fue el primer proyecto?
Lo primero era nivelar a los participantes y descubrir su potencial. El objetivo central de toda capacitación es bajar los índices de accidentes, logrando trabajar en la seguridad desde una perspectiva nueva… era como todo un cuento y yo armé todo ese cuento.
¿Qué te diferencia de otras empresas de capacitación?
El servicio que entrego es estudiar a la gente, ver sus ritmos, sus capacidades y, de acuerdo con eso, enseñarles, asegurando que esa persona va a aprender, que es el verdadero objetivo de una capacitación. No solo basta que el trabajador asista a una clase, sino que sea capaz de captar, de retener, de internalizar y sensibilizarse con ciertos temas. Una vez que la persona aplica el conocimiento adquirido se puede medir el éxito de un curso. Creo que eso es lo que las empresas no hacen, no cierran el ciclo.
¿Cómo lograste que tu proyecto tuviera buena aceptación?
Es lógico que al principio fuera complicado. Tuve el respaldo de personas muy importantes, pero quien de verdad se la jugó fue Nicolás Pena, de Emsiport, quien invirtió recursos, energías y fue ayudándome a enfocar bien los esfuerzos.
¿No te ha tincado estudiar prevención de riesgos o algo similar?
He estado a punto, pero la verdad es que siento que en la vida hay momentos para todo. Hoy me estoy dedicando a darle tiempo a mi hijo y si me pongo a estudiar, voy a pagar un costo altísimo. Lo más importante en mi vida es mi hijo, no lo voy a transar.
¿Cómo recibes los premios en seguridad que ha ganado la empresa?
Cuando llegué a trabajar en minería me miraban como un bicho raro “¿qué hace una psicopedagoga acá?”… y ahora tengo mi propia empresa, me han salido otros trabajos porque los premios son el reflejo de un trabajo bien hecho. Lo que hemos logrado con Emsiport es un estándar de elite, porque si bien todas las empresas se preocupan de capacitar a la gente, nosotros nos preocupamos de que nuestra gente aprenda, incluyendo el tema emocional, porque queremos que estén bien.
¿Crees que las personas trabajan mejor si se preocupan de ellas?
Una persona feliz obviamente rinde mucho mejor y su desempeño es bueno dentro del trabajo. La primera campaña que lanzamos en grande durante el 2011 se llamaba “Hogar seguro, responsabilidad compartida”. Nos preocupamos de la familia de los trabajadores porque así bajan los niveles de estrés para quienes trabajan por turnos. Hicimos toda una campaña con temas cotidianos de una casa, el hervidor, la cocina, los niños, primeros auxilios en amplitud. Entonces el viejo, como se les dice a los trabajadores mineros, agradece que las enseñanzas no sean solo para él, sino que se traspasen a su familia.
¿Cuál es tu compromiso personal con este trabajo?
Siempre estoy en terreno porque creo firmemente en el liderazgo visible. Eso lo resumo en que uno no puede hacer todo, pero tiene que estar en todas. Ese es casi mi lema de vida.
¿Hoy tienes tu empresa independiente?
Sí y estoy feliz. Creo que es la consolidación de un proyecto de vida, el resultado de mantener una idea fija y trabajar lo más profesionalmente posible. Hay un tema de compromiso, de responsabilidad. También hay un tema de actitud y me la juego por lo que creo, nunca voy a perdedor y eso me ha servido en la vida porque, en lo personal, tampoco he tenido grandes derrotas. Todos las tenemos, pero la gracia es saber levantarse y seguir caminando.
¿Crees que estás abriendo un nuevo nicho para los psicopedagogos?
Sí, es un espacio nuevo de desarrollo para los profesionales de la educación. Obviamente se necesita algo más que los conocimientos porque hay que tener una actitud especial. En lo personal me ha dado resultados positivos porque creo que siempre he sido una mujer visionaria y una mujer que quiere desafíos, que gusta de hacer cosas nuevas.
¿Sientes que finalmente estás cumpliendo tu sueño de ser como tu papá?
Siento que voy bien encaminada. Al fin tengo mi empresa, me gusta innovar, me gusta ser independiente y sigo la lógica del buen empresario: más vale un cliente seguro y feliz, que cinco que no van a volver más porque abusaste de ellos cobrando en exceso o no respetaste sus compromisos. Cuando chica siempre jugaba a vender, pero insisto, creo que emprender un negocio es mucho más que buscar las utilidades. Una empresa exitosa requiere un sustento intelectual, porque hay cosas que en la vida no tienen precio, como sentir que estás cumpliendo tu sueño, que es lo que hago hoy.
“El servicio que entrego es estudiar a la gente, ver sus ritmos, sus capacidades y, de acuerdo con eso, enseñarles, asegurando que esa persona va a aprender, que es el verdadero objetivo de una capacitación”.
“Creo que emprender un negocio es mucho más que buscar las utilidades. Una empresa exitosa requiere un sustento intelectual, porque hay cosas que en la vida no tienen precio, como sentir que estás cumpliendo tu sueño, que es lo que hago hoy”.