Más que obras de arte, lo que Pablo busca es crear nuevos lenguajes. En su calidad de sub treinta, forma parte de la renovación de la escena cultural del norte y se lo toma con extremo profesionalismo, asumiendo que lo suyo no es un pasatiempo ni una entretención pasajera: es su trabajo y, por ello, pone el alma en cada uno de sus proyectos.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
Cuando recién egresó como diseñador gráfico, pensó que un trabajo tradicional podía llegarlo a matar de frustración. Nueve horas en una oficina no le hacían ningún sentido y decidió que tenía que dedicarse a otra cosa.
Primero, comenzó un camino paralelo, investigando nuevas opciones. “De pronto me di cuenta que de verdad podía dedicarme a esto y ahora estoy concentrado en hacer mis sueños realidad”.
¿Y así no más decidiste ser artista?
Algo así. Es que siempre he pensado que toda carrera artística debe ser muy profesional, entonces no solo se trata de tener las ganas o el talento. Siento que es un proceso que debe ir evolucionando de manera constante. Es una búsqueda que nunca finaliza.
¿Cómo asumió tu familia este cambio vocacional?
En realidad, mis papás no entienden mucho de qué se trata. Creo que mientras me vean hacer cosas útiles, les parece bien, pero no me ven como “el artista” de la familia. El año pasado, cuando inauguré mi exposición en Balmaceda Arte Joven de Fundación Escondida, entidad a las que le debo mucho, había mucha gente y fue la gran oportunidad para que mi mamá se diera cuenta de que algo especial estaba sucediendo, que yo de verdad me dedicaba a hacer cosas con un propósito. Hasta ese momento, a mi mamá le costaba un poco entender que mis proyectos podían llegar, incluso, a ser un trabajo. Antes tenía a mi papá que, aunque tampoco comprendía la totalidad de mi trabajo, era muy comprometido, era mi partner y mi más entusiasta seguidor.
¿Tenías a tu papá?
Aún lo tengo, pero un problema cardiaco le provocó un daño secundario severo. Hoy está un poco desconectado de la realidad y es como mi hijo. Aunque esta situación cambió el orden de las cosas, estoy muy agradecido de ello.
¿Cómo se te ocurrió lo de los skates?
Yo patinaba en skate, pero siempre lo vi como algo más que un simple deporte o un medio de transporte. Para mí, el skate es el reflejo de todo un movimiento cultural. Quizás en Sudamérica es menos protagonista, pero en otros lados es heavy. Por eso me gustaba, porque me llamaba mucho la atención el lenguaje asociado: la música, la estética. Ahora, por ejemplo, la idea de los skates como soporte de diseño, va mucho más allá que solo generar más y más exposiciones y derivó en talleres en que participan muchos jóvenes.
PUNTO DE QUIEBRE
Ya dedicado al diseño, Pablo pensó que era el momento de concretar su primer gran proyecto: exponer sus skates. “Tenía muchas ganas de mostrar mi trabajo y me sugirieron postular a un Fondart. Con ese proyecto compré muchas tablas. Jamás hubiera podido en ese entonces tener tanto material para trabajar. Eran cerca de treinta y, bueno, había que poner manos a la obra y demostrar que mi tema era mucho más que simplemente pintarlos. Lo veo como algo natural, como el resultado de toda la dedicación que existe detrás de cada obra.
Entonces no te ves como un iluminado del mundo cultural…
Para nada. Yo trabajo muchísimo y estoy atento a las diferentes formas de difundir mis creaciones. Cuando estudiaba diseño, mi amigo Angelo Bassi, Cubotoy, era mi referente en lo que a disciplina se refiere. Siempre dicen que el éxito es noventa por ciento de esfuerzo y diez por ciento de talento, pero él me demostró que es mucho más que eso. Hay que ser muy esforzado porque esto es un trabajo y, como en toda carrera, hay que enfocarse en hacer lo mejor posible, aprendiendo, estudiando, buscando.
¿Estás en un proceso de búsqueda de nuevos soportes creativos?
Mi trabajo naturalmente ha ido madurando y hoy quisiera buscar nuevos soportes, con la idea de incorporar códigos y que mi trabajo se pueda convertir en un producto. Es un poco complejo, porque no es solo estampar unos géneros y venderlos o reproducir skates todo el tiempo.
¿Cómo surgen esos procesos creativos?
Usando la tecnología. Internet es el lugar donde me nutro de las tendencias mundiales, siguiendo de cerca el trabajo de un grupo de referentes, con los cuales me siento muy identificado, como Jeremyville y Nate Williams. He ido logrando un algo intangible, donde toda esa información obtenida hasta hoy se refracta en lo que finalmente quiero decir, en mi propio lenguaje visual.
¿Cuáles son tus nuevos proyectos?
En lo creativo estoy diseñando algunos vinyl toys, que espero mostrar pronto y, en lo personal, estoy muy feliz con una gran iniciativa que concretaremos junto a la Municipalidad de Mejillones, donde participarán más de veinte jóvenes aprendiendo a intervenir sus propias tablas. La idea es que con esta excusa de los skates, los participantes descubran sus propias formas de comunicarse y desarrollen su creatividad a partir de ello. Es una iniciativa fabulosa, única a nivel nacional, un gran desafío.
¿Y fuera de la región?
Me invitaron al Contest que organizan Puma y Adobe Photoshop, junto a otros seis conocidos ilustradores. Es un espectáculo destinado a la cultura urbana, un verdadero espectáculo. Todo ha sido vertiginoso y muy entretenido.
¿Dónde se puede ver más de tu trabajo?
En mi estudio virtual: www.vhau.cl.
“Internet es el lugar donde me nutro de las tendencias mundiales, siguiendo de cerca el trabajo de un grupo de referentes, con los cuales me siento muy identificado, como Jeremyville y Nate Williams”.