EL PIONERO CINE IQUIQUEÑO
No siempre las novedades brotan en Santiago. Aún cuando algunos aseguran que por primera vez en la capital se mostró una exhibición cinematográfica, la verdad es otra. En Iquique, llegó a instalarse, a mediados del siglo XIX, un personaje llamado Luis Oddo Osorio, que se ganaba la vida presentando exhibiciones ópticas (cuadros fijos). Luis se esforzó por darle movimiento a las escenas estáticas. Y lo logró.
En efecto en 1877, en una sala ubicada en calle Tarapacá, instaló un cine. Allí presentó como primicia, escenas que se movían como si tuvieran vida propia: “Una Cueca en Cavancha”, “La llegada de un tren a la estación de Iquique” y “Un partido de Foot Ball entre caballeros de Iquique y la Pampa”. Fue un espectáculo emocionante y novedoso, pero la verdad, que cada presentación se mantuvo apenas algo más de dos segundos.
En Antofagasta, la locura por el cine empezó años después. En 1910, se formó la Sociedad Cinematográfica del Centenario. Uno de los primeros trabajos fue la filmación de una carrera de caballos en el “Sport Club” y “La Salida de Misa de la Catedral”. Los periódicos El Mercurio y El Industrial, emocionados y orgullos, alabaron la presentación.
CINE MUDO Y LA VOZ DEL PIANO
A comienzo de la década del 20 del siglo pasado, el cine se había popularizado entre los nortinos. Un total de 50 oficinas habían construido una sala de cine, o bien usaban los salones filarmónicos para las exhibiciones cinematográficas. En ellas también había presentaciones de Compañías de Zarzuelas, o de Comediantes. Generalmente había tres exhibiciones semanales. Otras, como las oficinas Irene y Ángela, sólo permitían dos. En contraposición, en la oficina Alianza, las presentaciones eran diarias. Tal vez porque la población era de 2.800 personas. En la oficina Granja, el biógrafo era gratis para damas y niños. Los hombres pagan.
El cine mudo persistió hasta 1930. Fue la etapa del cine silente. Los actores exageraban los movimientos corporales y los gestos del rostro. Para mayor espectacularidad, un personaje, muy cerca del telón, manipulaba el piano, con música adecuada a las escenas. Muchas veces este mismo músico animaba las fiestas en los prostíbulos de los pueblos cercanos. La película no era continuada, ya que, cada cierto tiempo, aparecía en el telón una frase que anunciaba los contenidos de los cuadros siguientes. Eran los llamados interludios cinematográficos. El piano no sólo servía para darle realismo a las escenas, sino también para atenuar el infernal ruido de la máquina proyectora.
BIÓGRAFO EN LAS FAENAS CUPRÍFERAS
La Codillera de la Costa, desde Tocopilla a Paposo, era rica en yacimientos de cobre cuyas leyes alcanzaban, a veces a 25%: Tocopilla, Gatico, Michilla y Caleta El Cobre, son algunos de los ejemplos. En torno a ellos se formaron pueblos, que hoy llamamos “fantasmas”. En ellos surgió el amor por el cine. La Mina Toldo, cuya población vivió agarrada de los cerros, levantó una sala de exhibición. Su periódico El Toldino informaba sobre películas. Así en 1923, se dieron: El Pibe por el magistral Charles Chaplin, Ruth en las Montañas, y la serie semanal La Perla Misteriosa. Galería costaba $0,40 y platea $0,50.
En Gatico, apéndice de la Toldo, la sala de cine sirvió también como escenario para las zarzuelas. En Tocopilla existió el teatro Variedades. En 1923 se reprisaron las cintas Don Quijote, tiro seguro” interpretada por Jack Hedxi, la serie semanal La senda de Aragón y Una vez cada mujer, por el actor Dorothy Phillips. La muerte del biógrafo mudo se produjo en 1930 en medio de un estremecedor ruido de música y voces.