Una atmósfera intensa, colorida, repleta de vida, muchos detalles y rincones con historia, donde se fusiona lo moderno y lo antiguo, lo romántico y lo funcional, así es el estilo que imponen los espacios de Verónica Echeverría: una decoración personal, delicada, acogedora, y que refleja la personalidad de esta intensa y multifacética mujer.
Por María Paz Macaya O. / fotografía Javier Gutiérrez
Es la menor de cinco hermanos, por eso tal vez, desde chica, tuvo que hacerse sus propias cosas y ser muy autónoma. Incluso cuando tenía doce años empezó a diseñarse su ropa, porque estaba aburrida de heredar todo lo anticuado de sus consanguíneos. Así, Verónica cuenta cómo surgió en ella ese entusiasmo artístico: confeccionar cada idea que se le ocurría y crear ambientes íntimos, armónicos y entretenidos.
Vivió en Santiago, diseñó y construyó, junto con la ayuda de un arquitecto, su propia casa en Vitacura, que fue vitrina y dio que hablar en varias revistas de decoración, por su calidez, armonía, estética y romanticismo que rememoraba una verdadera y antigua casa de campo. Hace algunos años se vino a Talca, para encontrar tranquilidad, y como Verónica es una mujer muy amistosa y carismática, se integró rápidamente a la sociedad maulina, sobre todo ahora que está dedicada al diseño y venta de vestuario y accesorios.
Para ella, el rubro del vestuario se parece en muchos aspectos a la decoración. “Cuando asesoro a alguien me siento plena, porque hice feliz al otro, veo cómo le ayudo a la gente en su autoestima, les aconsejo algo para que descubran un nuevo estilo; y veo cómo las personas se van contentas y seguras. Y pasa un poco lo mismo cuando decoras una casa, porque tienes que involucrarte con los dueños, ver qué es lo que ellos necesitan, qué les gusta, qué es lo que quieren”.
Verónica Echeverría es realmente multifacética, porque ha hecho y hace de todo. Sus trabajos siempre han estado ligados a las manualidades y al sentido de la estética. Estas cualidades le han permitido llevar a cabo con éxito todos sus proyectos. Comenzó en los años ochenta vendiendo ropa, y junto a su hermana pusieron en marcha la Boutique “Peras”, en el Dos Caracoles, en Santiago. Una marca propia, donde diseñaban y confeccionaban ropa de niños, que luego se diversificó con tejidos para adultos, y también empezaron a abastecer a importantes tiendas de la época. Simultáneo a esto, un día cualquiera a Verónica se le ocurrió tejer chales a telar, así que de un momento a otro buscó a una tejedora, se fue a comprar lanas y se puso a diseñar mantas. Los tejidos de Echeverría cautivaron a sus clientas, lo que se tradujo en un aumento en la producción y en un excelente negocio para ella.
Así es Verónica, intensa, tenaz, activa, innovadora y siempre muy positiva. Y aunque algo no le resulte de inmediato o se le presenten obstáculos, esta decoradora, la mayoría de las veces, logra lo que quiere, porque es una mujer tremendamente perseverante y esforzada. “Yo tengo mucha fe, y creo que cada uno tiene su misión. Cuando encuentro obstáculos en el camino, los enfrento feliz, nada me retiene. Yo creo que mi lema es ‘Al mal tiempo buena cara’ o ‘A Dios rogando y con el mazo dando’”.
MAXIMALISMO Y PROVENZAL
Su estilo es propio y muy íntimo. En su casa abundan los adornos con historia, los pequeños detalles y entretenidos rincones por descubrir. “La forma en que yo decoro es parte de mí, me gusta mostrarlo todo, exhibirlo todo, porque yo soy así, abierta, no me guardo nada”. Un estilo íntimo y auténtico que no sigue las modas, pero que se acerca mucho a una decoración más bien romántica y provenzal.
Cuenta que siempre fue su afición decorar, dar ese toque personal y tan especial a las cosas, un don innato de estética, que no deja de lado lo funcional para saber qué sirve y qué se puede arreglar o reciclar. Verónica no se dio cuenta cómo empezó en esto. Todas esas cualidades hicieron que sus amigas y conocidos comenzaran a pedir asesoría. Con el tiempo se fue haciendo conocida, la contrataban, hasta que, en el año 2002, empezó a trabajar con empresas.
La casa de esta decoradora está compuesta de muchos muebles antiguos y también de objetos modernos. Su comedor es más bien rústico, de madera, con sillas de Pelequén, pero para darle un toque personal, Echeverría le pintó frutas coloridas en el respaldo. A un lado, un mueble oriental Curio, alto y de dos puertas, le da vida a una pared verde pistacho. Telas modernas exhibe en su living; Jaime Petit, Óscar Barra, Rojas Rugendas y Francisca Valenzuela son algunos de sus cuadros. Un sofá de estilo normando, enjuncado, pintado entre plateado y dorado, destaca en su living. Una mesa de centro de estilo oriental contrasta con una fina alfombra de kilims peruanos, donde Verónica bordó aplicaciones a crochet. “Siempre le doy un estilo personal a las cosas. La idea es romper los esquemas, salir de lo común, de lo que debiera ser, yo creo que ese es mi aporte, y eso también lo aplico en el diseño de vestuario”.
¿Qué opinas del minimalismo?
Creo que es un estilo muy de moda, es tremendamente funcional, sencillo y ordenado, visualmente limpio y despejado, ordena los ambientes y hay gente que necesita y le acomoda ese sistema de tener lo justo, lo preciso. Tiene que ver con tu orden interno y con la forma de ser de cada uno. Lo importante es que la persona se sienta parte y se identifique con el estilo de su hogar u oficina.
¿Con qué estilo te identificas más?
Soy más bien maximalista, romántica. Todo me atrae, todo me gusta. Disfruto exhibir mis cosas y eso me identifica mucho porque mi personalidad es así. Todo lo mío tiene historia y si algún objeto o mueble lo compré yo le doy mi toque, es una forma de involucrarme con las cosas, con mi ambiente.
¿Cómo trabajas cuando decoras una casa?
Lo primero es conocer bien a todos los que viven en el lugar, saber cómo son los dueños de casa, los niños y toda la familia. Converso para saber las necesidades y gusto de cada uno. Siempre me involucro mucho con las personas, porque no sirve llegar a un hogar para cambiar todo a tu gusto y dejar bonito, si la familia que vive ahí no va a estar cómoda. Decorar bien es tratar de ver lo que sirve y dejar un ambiente que sea del gusto de las personas que lo habitan, donde se sientan cómodas y parte de él.
¿Y cómo se decora una oficina?
Una oficina se decora pensando en todas las personas que ahí trabajan. Se debe considerar si la institución o empresa presta servicios, recibe público, si son espacios destinados solo para los empleados, qué tipo de empleados tiene, si son solo mujeres o en su mayoría hombres, rango de edad, número de personal, entre otros. También hay que pensar en las necesidades, qué usos tienen las distintas áreas, si se trata de fomentar el trabajo en equipo o, tal vez, se requieren ambientes separados, sala de reuniones, etc. Hay que saber quiénes van usar los ambientes y para qué. La decoración de una oficina también es la imagen de una empresa, tanto para la comunidad, como para sus empleados —desde el junior hasta el gerente—, los que deben sentirse cómodos y acogidos, motivados en un lugar grato para desempeñar sus funciones.
VERSATILIDAD Y VESTUARIO
Cómo Verónica se las ingenia para todo, y observó que la crisis del ochenta y dos comenzó a afectar sus ventas, decidió que tenía que cambiar la estrategia de su negocio. “Entonces pensé, no más de lo mismo; como el cliente viene menos, yo tengo que salir a buscarlo”. Así fue como Verónica empezó a vender sus confecciones de ropa y tejido en las casas. “Partí hace varios años, pidiendo ayuda a mis amigas, que me organizaban una junta y yo iba a sus casas y les vendía. Me fui haciendo contactos y a la gente le gustó, también me hacían pedidos y, poco a poco, yo traía más cosas”.
Luego, a través de contactos, Echeverría se atrevió y partió a vender a regiones. A sus amigos y conocidos que prestaban la casa y coordinaban estas reuniones, Verónica les ofrecía un porcentaje de las ventas, y así fue como empezó en Temuco, Concepción, Chillán, Linares, Curicó, San Fernando, Rancagua, Viña y Santo Domingo.
La versatilidad de esta diseñadora hizo que también se embarcara con los accesorios, que muchas veces ella misma elabora —pañuelos, aros, carteras, collares—, son en su mayoría creación personal. “He hecho de todo, soy bien maestra, costurera, incluso he clavado y hasta cortado con sierra eléctrica”. En su casa tiene su propio taller, donde además de guardar su mercadería, confecciona muchas cosas, incluso hasta sus herramientas personales se pueden ver dispuestas de manera muy funcional en la pared de su escritorio. El taller parece una verdadera tienda, porque no se puede terminar de mirar, coloridas carteras adornan los percheros, muchos chales dispuestos encima la mesa y gran parte de la pared está cubierta de aros y todo tipo de accesorios.
¿Cómo es tú forma de trabajar?
Las cosas las tengo que sentir, por eso a veces puedo ser lenta, hasta que encuentro el mueble preciso o la lana que quiero. Valoro lo que la gente tiene o le gusta, ya sea un mueble o una prenda, trato de aprovechar todo, reutilizando y reciclando al máximo.
“Siempre le doy un estilo personal a las cosas. La idea es romper los esquemas, salir de lo común, de lo que debiera ser, yo creo que ese es mi aporte, y eso también lo aplico en el diseño de vestuario”.