Nada se compara con el teatro porque es en vivo, ante un público que reacciona de las más diversas formas y generando un nivel increíble de energía y comunicación. Antes de cada función hay miedo, incertidumbre, incluso, pánico escénico y debes sobreponerte y superarlo. Es muy enriquecedor, aunque el fracaso siempre está al acecho.
Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.
Un renacer ha vivido el actor Willy Semler (50) en estos últimos años: se volvió a casar, fue papá otra vez, se hizo activista de Greenpeace y llegó a ser el envidiado protagonista de una teleserie, donde su pareja era una juvenil y hermosa María José Prieto (Mala Conducta de Chilevisión). Pero su pasado tampoco deja a nadie indiferente, pues ha interpretado grandes roles en el teatro âcomo <em>La Negra Ester</em>â y en televisión; estuvo casado diecisiete años con su colega María Izquierdo (tuvo dos hijos) y como docente, ha formado varias generaciones de actores. Compartimos una grata velada hablando del ayer y del hoy, en torno a un humeante café.
<strong><em>Empezó estudiando geografía y luego se cambió a teatro, ¿en algún momento se arrepintió por cambiar de carrera?</em></strong><br /> No, desde niño tuve muy clara mi vocación y la practiqué tempranamente. Pero, como pertenezco a una familia tradicional y de científicos, me fue difícil convencerlos. En geografía casi nunca fui a clases, sólo me interesaron los ramos de astronomía y botánica; el resto del tiempo lo ocupaba en la biblioteca de la universidad leyendo teatro y armando un grupo aficionado. Cuando intenté estudiar lo que deseaba, mi madre lloraba desesperada y mi padre estaba seguro de que me transformaría en un bohemio perdido. Sin embargo, ante mi necesidad de realizarme, accedieron generosamente.
<em><strong>¿Qué recuerdos tiene de la gira de seis años con La Negra Ester?</strong></em><br /> Fueron muchos países de Europa, EE.UU, Canadá, México, Uruguay, Argentina⦠fue un sueño hecho realidad. Un período de gran aprendizaje de teatro y de vida. Yo representaba a un travesti y necesitaba dos horas y media de maquillaje y peluquería, era agotador, pero se compensaba con creces.
<strong><em>Ha declarado que nada se compara con el teatro, ¿por qué?</em></strong><br /> Nada se compara con el teatro porque es en vivo, ante un público que reacciona de las más diversas formas y generando un nivel increíble de energía y comunicación. Antes de cada función hay miedo, incertidumbre, incluso, pánico escénico y debes sobreponerte y superarlo. Es muy enriquecedor, aunque el fracaso siempre está al acecho.
<br class="spacer_" />
<strong><em>¿</em></strong><strong><em>Qué obra está montando durante este año?</em></strong><br /> El año pasado estuve en la teleserie <em>Manuel Rodríguez</em> y voy a tomar un descanso en la actuación teatral, que por ser nocturna es muy demandante. Espero hacer un retorno este 2011, que me reconecte con mi vocación primigenia, con una obra que, por superstición, no diré. Hoy quiero dedicarle tiempo a mi familia, a mi señora Carol Raddatz y a mi retoña, Josefa, que tiene tres años, y por ser la única niña (tengo a Julián de veinte y a Martín de dieciocho años) me tiene permanentemente de babero (ríe).
<em><strong>Respecto a esta nueva relación, ¿fue difícil atreverse a intentarlo otra vez?</strong></em><br /> Bueno, siempre es la primera vez, no fue nada difícil, todo lo contrario. Nos conocimos, nos enamoramos y nos casamos durante la filmación de la película <em>Chile puede</em> (Carol era la vestuarista del filme); todo fue muy rápido y romántico. Y justo el día de nuestro primer aniversario, llegó Josefa al mundo, así que me ahorró una fiesta, ya que celebramos matrimonio y cumpleaños juntos (ríe).
<strong><em>Cuando le toca actuar con María Izquierdo, ¿es complejo?</em></strong><br /> Somos muy amigos, tenemos una estupenda relación como padres de nuestros adorados hijos y siempre he admirado a María como actriz. Así es que las pocas veces que hemos coincidido en un elenco, ha sido un agrado.
<strong><em>Cuando inició su profesión, la actuación surgía como carrera. Hoy se ha producido un boom, ¿cuál es la solución para esta saturación?</em></strong><br /> No creo que exista una solución técnica que esté en nuestras manos. El origen de la demanda de estos jóvenes es muy diverso; los menos tienen vocación y talento, la gran mayoría quiere imitar modelos de éxitos televisivos o faranduleros que provienen de estupideces que rechazo, como los <em>realitys</em>. Cuando yo egresé, en 1980, fuimos sólo cinco personas. Hoy, son alrededor de mil.
<strong><em>¿Usted no ha vuelto a hacer clases?</em></strong><br /> La pedagogía y yo nos divorciamos después de casi treinta años. Esto es porque con el panorama teatral actual âtan disperso e intrascendenteâ; las políticas de libre mercado que rigen la educación superior âen las universidades privadas y en las otrasâ; el nivel cultural mínimo que uno espera de los estudiantes y la propia confusión de ellos, se arma un guiso intragable. Por todo ello, me frustré como profesor. Cuando las cosas se equilibren, espero poder retomar la docencia. Me encantaría terminar mis días, viejo y sabio, dictando clases sobre Shakespeare en una escuela frente al mar.
<strong><em>En otro tema, como activista de Greenpeace ¿siente que la gente aún se mantiene ajena ante lo que pasa en el planeta?</em></strong><br /> Realmente existe muy poca conciencia e interés por el tema; hay que seguir incentivando y promoviendo una urgente toma de conciencia y un compromiso activo por la necesidad de cambiar nuestros hábitos ecológicos. El punto es que se nos acaba el tiempo y tampoco sé si el planeta tenga la intención de perdonarnos, tal vez prefiera seguir por su cuenta.