Difícil no recordar al primer amigo de El Gringuito en Chile, ese feriante de la Vega que llevaba su carretón de una manera muy hilarante. Ese gordito -llamado El Flaco- era Mateo Iribarren (46) actor que ha hecho carrera frente a la pantalla y escribiendo varios proyectos. En los 80 vivió seis años en Bulgaria, tras ganar un concurso de cortometrajes, que premiaba con una beca de estudios de cine en dicho país.
Por Maureen Berger H.<br /> Fotografías Vernon Villanueva B.
Tal como en el filme El Gringuito ¿tú llegaste así de Bulgaria?<br /> Sí, más o menos (ríe), volví al país a fines de los 80 y esa fue la primera película que tuvo un éxito relativo, la vieron más de cien mil personas, que para la época era increíble. A partir de El Gringuito se empezó a abrir el nuevo cine chileno.
¿Qué te atrae más, estar frente o detrás de la cámara?<br /> Detrás, lo que más me gusta es hacer guiones. Es el caso de El chacotero sentimental, que marcó un hito, fue especial para mí y para el país en general. Ahora con el Rumpy estamos haciendo otra película juntos, que no tiene nada que ver con sexo, porque nos dimos cuenta que no es negocio.
¿Lo dices porque Grado 3 no tuvo el éxito esperado?<br /> Claro, fueron doscientas cincuenta mil personas y se calculaban quinientas mil. Es por eso mismo, porque el sexo sin contenido no funciona, no es una buena fórmula a esta altura del partido. La gente ya está pidiendo otras cosas, hay que darse cuenta de que el público va creciendo y las exigencias son mayores. Incluso en televisión está bajando el nivel de erotismo, porque es aburrido.
Recientemente participaste en la película Secreto de la novata Sandra Kromidakisâ¦<br /> Sí, comenzó como un proyecto de la Escuela de Cine de la UVM, pequeño y acotado y se transformó en un largometraje. Leí el guión y me gustó mucho, con otros colegas nos subimos al tiro. La historia es muy buena, tiene mucha sustancia, con una mirada joven, fresca y excelentes locaciones. Yo interpreto a un doctor que se involucra en una historia de pasiones ocultas en el mundo religioso.
¿Es una apuesta apoyar a las nuevas generaciones?<br /> Es que nosotros tenemos que comprometernos con las nuevas generaciones. Me parece que es una exigencia, no puedes progresar si no tienes un compromiso más allá de las lucas. Antiguamente -antes de la democracia- la gente trabajaba por nada. Después, nadie se movía si no había dinero de por medio. Creo que ya ha pasado esa etapa y de nuevo nos estamos moviendo por sueños y utopías.
¿Estas haciendo clases?<br /> Sí, en el ARCIS. Estoy haciendo clases de guión de cine. Es interesante, pero yo no vengo del mundo académico, no soy pedagogo, entonces pierdo la paciencia fácilmente. Pero igual me gusta enseñar.
¿Cómo fue trabajar en el guión de Post Morten de Pablo Larraín (director de Toni Manero)?<br /> Buenísimo, el filme quedó seleccionado en el festival de Cine de Venecia âen septiembre- donde impactó favorablemente. Trata de una historia de amor, pero cruzada con la autopsia de Salvador Allende, representa un montón de cosas.
¿Y en televisión?<br /> Lo más reciente fue Feroz de Canal 13, donde asesoré y corregí el trabajo del equipo de guionistas. Una experiencia mucho más grata que Piel Canela, la peor teleserie en mucho tiempo. No era mala, pero estaba fuera del género. La gente no enganchó y nos fue muy mal, aún estando nosotros que éramos exitosos y probados. Pero nos equivocamos y al canal le costó mucho recuperarse de eso.
¿Estarás pronto delante de la pantalla chica?<br /> Sí, formo parte de la serie Prófugos, de HBO Latino, la primera que se graba en nuestro país, con un elenco enorme y locaciones a lo largo de todo Chile. Participé en el guión de la historia junto a Pablo Illanez y represento un personaje que es un asesino a sueldo.
En el 2004 ganaste un premio Altazor por tu trabajo en teatro, ¿qué piensas de las obras âmás comercialesâ?<br /> Creo que hay opciones para todos. A mí me gusta mucho la comedia y el humor negro. He hecho mucho teatro político y experimental. En 1990 fundé la Compañía Bufón Negro, junto con Alejandro Goic y Alejandro Trejo. Después me puse a escribir mis obras y gané ese premio con La Condición Humana. Cuando me salí de la televisión, decidí volver a las tablas -como una forma de subsistir- y nos fue muy bien. Con Pamela Villalba, Remigio Remedi y Andrea Freund (que es mi mujer) montamos (Dis)funciones Sexuales y estuvimos ocho meses en cartelera. Ahora estoy escribiendo un par de obras Motel, que es un divertimiento erótico. Hay que estar produciendo constantemente si uno quiere estar arriba, en la cresta de la ola.