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EDICIÓN | Octubre 2010

Trayectoria de Excelencia

José Lorenzoni, Fundo El Peñón.
Trayectoria de Excelencia

Con cincuenta años de trayectoria en el rubro del agro, este exitoso empresario no sólo ha conseguido obtener máxima calidad y excelencia en cada uno de sus productos: almendras, duraznos conserveros y leche, lo que le ha valido varios reconocimientos a nivel nacional. Además de otras distinciones por la labor social que ha realizado para la comunidad rural de Rengo y para sus propios trabajadores. Consejero de la SNA y parte del directorio de Copeval, don José nos cuenta orgulloso sus logros.

Por María José Pescador D. Fotografías Danny Bolívar U.

Sus antepasados eran italianos y vascos, una mezcla bien potente que, sin dudas, marcó su personalidad simpática, envolvente y extrovertida, además de sus aptitudes para los negocios y su gusto por la buena mesa. Su padre tenía un campo en Rengo, lugar que a él le fascinaba, por lo que cuando terminó los estudios escolares, partió a administrar el fundo Santa Margarita, en donde había una lechería. “En esa época, todos los trámites los hacía a caballo, ese era mi vehículo de transporte”. Con el tiempo fue comprando más y más hectáreas, para crear su propio fundo, El Peñón, en el que hoy en día tiene ciento noventa hectáreas de tierra plana y otras trescientas de cerro, con plantaciones de almendrales, durazneros y las instalaciones de su propia lechería.

“Fui uno de los pioneros en la industria de los duraznos conserveros —desde Angostura hacia el sur— y tuve la suerte de participar en el desarrollo de las variedades de esta fruta junto a la gente del Consorcio Malloa, en donde, además, nos asesoró el padre de la fruticultura chilena, don Gregorio Rosenberg. Primero trajimos cuatro variedades de EEUU, y hoy tenemos once”. La producción completa de aquella época (años sesenta), era de cuatrocientas toneladas, pero con el boom de las exportaciones se necesitó plantar más; así el año ochenta ya se producían mil toneladas, las que hoy en día se transformaron en tres mil quinientas, que son compradas para exportar por las más grandes compañías frutícolas de la zona. “Llegó un momento en que éramos uno de los mayores productores de duraznos conserveros en Chile”.

Paralelamente al negocio de los duraznos también se plantaron almendrales. “Había una mata de almendral en el campo y su comportamiento era tan bueno, que decidimos plantar más y trajimos la variedad americana semi dura. Además, ya en esa época teníamos los estudios de la pluviometría y del clima de la zona, que indicaban que podía darse bien en El Peñón”.

Primero se plantaron doce hectáreas y luego seis más, se trajeron variedades nuevas, se mecanizó la cosecha y se dio comienzo a la construcción de la planta procesadora de almendras, en donde se descascaran, seleccionan, calibran, fumigan, y envasan. Esta planta hoy está en vías de aprobación por la BPM (Buenas Prácticas de Manufacturas). En la actualidad, hay setenta hectáreas de plantaciones de almendrales, con lo que se producen cien toneladas anuales —lo que no es menor si se piensa que cada almendra pesa un gramo—, y las que se exportan a través de la comercializadora Huertos del Valle.

<strong>LECHE PURA</strong>

Duraznos y almendras son sólo parte del negocio, porque además, entre los árboles ordenados y floridos que inundan el paisaje del Peñón, hay también una lechería, en donde, a través de la crianza, don José llega a tener cuatrocientos animales, para lo que ha utilizado las mejores técnicas de inseminación artificial. Cada día obtiene cuatro mil litros, los que se entregan a Agro industrial Codigua, que es una industria Boutique, en donde hacen queso fresco de gran calidad. “Instalé mi propia lechería en el año sesenta y cinco, porque con la expropiación de Santa Margarita este negocio desapareció. Empecé con seis vacas”.

En los años noventa construyó nuevas instalaciones, que son una copia de las americanas, con maternidades y galpones de confinamiento de invierno. “Hay dos modus operandi: los patios de verano que están en tierra y tienen buen hábitat porque cuentan con sombra y agua corriente, y luego el establecimiento de invierno, aquí el piso es de cemento y las vacas duermen encima de colchonetas”.

<em><strong>“Fui uno de los pioneros en la industria de los duraznos conserveros —desde Angostura hacia el sur— y tuve la suerte de participar en el desarrollo de las variedades de esta fruta junto a la gente del Consorcio Malloa, en donde, además, nos asesoró el padre de la fruticultura chilena, don Gregorio Rosenberg”.</strong></em>

Con estas modernas instalaciones este hombre fue calificado como el mejor productor de bienestar animal en la zona centro, que comprendía la quinta, la metropolitana y la sexta región, el año 2005, y el 2007 obtuvo la misma distinción, pero a nivel nacional entre dos mil cuatrocientos productores. Concurso patrocinado por Soprole y la Universidad Austral, quienes proveyeron de profesores expertos para hacer las calificaciones.

<em><strong>¿Por qué tener una lechería? Es bien distinto al negocio de la fruta.</strong></em><br /> Básicamente, por el aprovechamiento de los deshechos agroindustriales, porque la mayor concentración de esta industria está en un eje cuyo centro es Rengo: la producción de pomasa de tomate, de manzana, las corontas de los choclos y restos de pimentón, entre otros. Esto junto con los deshechos de las almendras como el pelón, se utilizan como parte de los alimentos para los vacunos. La gracia que tiene es que en vez de hacer vertederos, convertimos los deshechos en leche y productos orgánicos para aumentar la producción de los frutales, así que el guano y los purines de las vacas se van a unos estanques de decantación y tienen el tratamiento para que queden los sólidos y los líquidos vayan a los huertos.

<strong>UNA LABOR SOCIAL</strong>

Caminar por el fundo El Peñón es inspirador, la tranquilidad otorga una paz soñada. Ahí mismo don José tiene su casa, al frente de su oficina. Casa de campo, grande, en donde resaltan sus colecciones de sombreros de huaso y espuelas. En el comedor, tomando café, cuenta cómo él mismo hace su propio jamón serrano, y un delicioso salame. Todo un sibarita, como buen vasco-italiano.

Pero la labor de este empresario no se ha centrado sólo en sus negocios, sino que también en emprender acciones de servicio público. Junto con las anteriores distinciones, recibió el primer lugar —otorgado también por Soprole y la Universidad Austral— en Facilidades Laborales, debido a las buenas condiciones en que se encuentran trabajando sus empleados, quienes cuentan con una escuela -María Avaria- para los hijos, dos depósitos de víveres y seis viviendas, en donde residen, principalmente, los trabajadores de la lechería.

Por lo mismo, el intendente de la época, Bernardo Zapata, también lo galardonó por la contribución en la educación rural, principalmente de la población La Chimba donde se encuentra la escuela, y donde el setenta por ciento de los habitantes trabajan en El Peñon. “Ha tenido varias etapas de crecimiento, hoy llega hasta octavo básico. Lo hicimos con una visión altruista en un principio, pero también esto ratifica que la educación culturiza a las personas. Al principio, hace treinta y cinco años, teníamos hasta cuarenta por ciento de ausentismo los lunes, y hoy tenemos cero. Lo que prueba que la educación hace a la gente más responsable”.

“Estoy muy contento de estar en esta empresa (COPEVAL), porque esta ha sido mi gran escuela, por el hecho de estar ligado a personas que han sido siempre muy relevantes, destacadas e inteligentes en el desarrollo agrícola”.<br /> Por otro lado, fue el gestor del centro de investigación Rayentué, ubicado en Rosario, comuna de Rengo. En los noventa, la seremi de agricultura lo nombró delegado del INIA en Santiago (en esa época no había en provincias). “Los contactos que de ahí surgieron, me sirvieron para iniciar las gestiones, junto a otras personas, y así poder darle vida a este lugar”. La misión de este centro, tal como lo indica su página web (www.inia.cl), es “aportar conocimientos y tecnologías que fortalezcan la seguridad y calidad alimentaria de la población, respondiendo así a las demandas, requerimientos y necesidades de los agricultores de la Región de O’Higgins”.

<strong>COPEVAL Y LA SNA</strong>

En aquellos años en que aún era administrador del fundo Santa Margarita, se asoció a la Cooperativa Lechera Valle Central, lo que luego se transformó en COPEVAL, la empresa de agro insumos más grande de Chile, y de la cual don José es accionista y compone parte del directorio hace más de veinte años —quince como Cooperativa y siete como COPEVAL S.A.—. “Tenemos veintidós sucursales desde Copiapó hasta Osorno. Estoy muy contento de estar en esta empresa porque ha sido mi gran escuela, por el hecho de estar ligado a personas muy relevantes, destacadas e inteligentes en el desarrollo agrícola. Además, me ha servido mucho porque de esta vienen todos los insumos que se usan en el campo, pero por un tema de precio, calidad de sus productos y por abastecimiento rápido, directo y oportuno”.

Multifacético y preocupado en un ciento por ciento de potenciar la calidad de las tierras, es que también fue presidente de la Junta de Vigilancia de la primera sección del Río Claro, con el fin de potenciar el uso de las aguas —principal insumo de la agricultura— en la zona de Rengo. Y es así como para este empresario lo logrado en la organización de esta junta, “es un ejemplo a nivel nacional”. Con la experiencia adquirida, hace un año que es consejero de la SNA, en donde se ocupa del comité de riego. “En la SNA hay un tremendo equipo que, en el fondo, genera las luces que iluminan en mucho ámbitos al Ministerio de Agricultura”.

 

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