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EDICIÓN | Julio 2012

Sánscrito flaite

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez, Ph.d. Profesor Universidad De Chile, Director China & India Intelligence Reports
Sánscrito flaite

Leo que en la Universidad del Desarrollo se realizó un debate sobre la expansión de la cultura flaite.  El tema lo constato a diario tanto en mi universidad como en la calle; aunque no me alarmaría. La adopción de usos extranjeros es como lo que trae el oleaje de la historia; tales usos persisten si se recogen y cultivan, pero se extinguen solos como el musgo cuando se acaban las lluvias.  

Sin embargo, como el tema aquí es Asia donde vamos, propongo el ejercicio mental de imaginar qué pasaría si en vez de propagarse una cultura marginal afro-jamaicana, relacionada al crack y a la transgresión anárquica, se expandiera un interés por cantar mantras, hacer asanas de Yoga en las plazas (en vez de saltos en patinetas o bailar hip-hop) y que a los flaites se les viese saludarse con mudras e intercambiar cuatro cosas en sánscrito.  Sería increíble, ¿verdad?  Bueno, eso ya ha sucedido.  Cuando la civilización india se expandió sobre las culturas muy primitivas que existían en todo el Sur de Asia, lo que triunfó fue el sánscrito.  Y conjuntamente, toda la cultura que llevaba consigo.  

El sistema causó un gran desarrollo en la región, lo que llevó al nacimiento de reinos que dieron origen más tarde a Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia, Malasia e Indonesia. Aunque en tal esfuerzo expansivo, la exquisita cultura sánscrita-brahmánica  bajó su otrora exigente nivel.  Digámoslo así, se puso flaite. Cuando usted ve bailar a una danzarina de la exótica y bellísima isla de Bali, lo que ve es a una balinesa flaite exagerando la meticulosa métrica clásica del bharatnatyam de India. Dicho así, un flaite haciendo pasos de hip-hop, mataría de la risa a un auténtico brujo vudú de Jamaica.  Pero, volvamos al sánscrito.

El sánscrito, la lengua sagrada de los brahmanes, era considerado el modo de comunicación divina. El modo de manejar el mundo.  En los textos sánscritos clásicos se explica el Universo y el lugar del accionar humano en aquello.  Quien oye y aprende esa acción correcta (eso quiere decir Yoga), sufre un potente cambio.  La razón: el sánscrito con sus más de cien sonidos distintos, hace que quien lo pronuncie use todo su ser como el instrumento sónico perfecto que es el individuo humano.  Quien aprende sánscrito, utiliza todo el tórax, el vientre, las caderas, la garganta, el cráneo; en fin, todo el cuerpo.  Tal como un cantante que por años cultiva el canto, mucho más el que canta en sánscrito.  Éste,  involucra en esa acción todo su ser.  En lo corporal, mueve más músculos que un campeón de natación.  Lo dicho se cumple también con otras lenguas antiguas, pero no con los idiomas modernos que son deformaciones de lenguas más ricas.  

La simplificación y pauperización popular de sonidos y modulaciones llevó al empobrecimiento de posibilidades de expresión e intensidad de las grandes lenguas.  Por ejemplo, vea la potencia de sonidos, el efecto arrebatador y hasta de preparación para la participación religiosa, de un coro bizantino, en cualquier sitio que le aparezca en la web bajo la búsqueda bizantine chorus, o byzantine chant (recomiendo el coro del Monasterio Simonopetras del Monte Athos).  Al oír quizás diga: “Tiene algo de parecido a los tibetanos”.  Y tendrá razón.  Otro que estuvo en India, y recuerde una ceremonia de brahmanes cantando mantras al amanecer entre nubes de incienso, dirá: “Me produce el mismo efecto de acercamiento a lo sagrado”.  Y por cierto, muchos dirán. “Una misa magnífica, en latín y con coro gregoriano, supera todo eso”.  No lo discuto.  Sólo propongo que como las novedades entran mejor, insinúo se haga un experimento: un reality, con un grupo “lindo”, esforzándose durante su monástico encierro en aprender sánscrito y cantar mantras.  Como la cultura popular se expande por imitación simple, pronto tendríamos a todos los flaites de Chile saludándose “Om shanti, om shanti sahídara (paz hermano)”, lo que no evitaría en ese caso una marea de grafitis con frases sánscritas (Ojalá, es decir, que Dios así lo quiera).

“Como el tema aquí es Asia donde vamos, propongo el ejercicio mental de imaginar qué pasaría si en vez de propagarse una cultura marginal afro-jamaicana, relacionada al crack y a la transgresión anárquica, se expandiera un interés por cantar mantras, hacer asanas de Yoga en las plazas (en vez de saltos en patinetas o bailar hip-hop) y que a los flaites se les viese saludarse con mudras e intercambiar cuatro cosas en sánscrito.  Sería increíble, ¿verdad?”. 

 

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