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EDICIÓN | Julio 2012

La alegría de ayudar

Magdalena Venezian, Presidente directorio Fundación COANIL
La alegría de ayudar

Presidir el directorio de la Fundación Coanil le ha cambiado la vida a esta viñamarina. No ha sido fácil, pero en estos tres meses de escalar por Chile ha descubierto en cada persona con discapacidad intelectual, la presencia de otras capacidades que llenan el alma. Cualidades como el cariño, la inocencia y una bondad sin precedentes para estos tiempos.

Por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.
 

A fines del año pasado, Magdalena recibió una propuesta del entonces presidente de Coanil: ser su sucesora en el cargo. Llevaba cinco años como directora de la fundación y diez trabajando en forma independiente. Su formación como ingeniero comercial de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Federico Santa María —la actual Universidad Adolfo Ibáñez— la había llevado a asesorar estratégicamente diversas empresas y a participar en algunos directorios.

Era diciembre. Aunque agradecía enormemente el gesto de confianza, la proposición la había tomado por sorpresa. Mientras trataba de calibrar la tremenda responsabilidad ofrecida, su cabeza estaba puesta en cómo hacerlo con sus otros trabajos, con la participación en los otros directorios, con sus cinco hijos. Estuvo varios días pensándolo seriamente. Y fue justamente en uno de sus tantos paseos por el jardín cuando su hija Josefina (11) la encontró, reflexionando, sopesando, poniendo todo en la balanza. “Mamá, ¿qué te pasa?”, le preguntó. Y Magdalena le contó lo de la oferta y que estaba pensando en qué contestar. “¿De verdad crees que ese es tu problema?”, volvió a preguntar la niña. “Sí”, le respondió. “Yo creo que tu verdadero problema es mucho más simple. No creo que sea a esa persona a quien debas contestarle, sino al de “Arriba”. Al que de verdad te lo está pidiendo. ¿Cómo le vas a decir que no?”. El tiempo pareció detenerse, una tenue brisa las envolvió. Y Josefina continuó impertérrita: “¿Cuántos niños y adultos atiende Coanil en todo Chile?”. Sin saber a dónde iba su hija con esta nueva pregunta, le contestó: “Alrededor de cuatro mil, ¿porqué?”. Josefina entonces se dio media vuelta corriendo y gritando a los cuatro vientos: “¡Felicitaciones mamá!, ¡ahora tienes a cuatro mil cinco niños que cuidar!, ¡dale nomás!, ¡nosotros te vamos a ayudar!”.

Han pasado siete meses desde esa conversación y Magdalena todavía se acuerda como si fuera ayer. “Comprenderás que después de esto, no me quedó mucho por analizar, solo dar el sí inmediato y agradecer a Dios por la linda oportunidad que me daba”.

Desde su natal Viña del Mar, dice que presidir la fundación ha sido un honor y un privilegio. Que los costos de dejar de lado a su familia, sus otros trabajos y su vida habitual no se comparan con el aprendizaje, los regalos infinitos y una mirada más profunda de la vida que solo otorgan los viajes por las sedes de la fundación a lo largo de todo Chile, que permiten observar de mejor forma la realidad.  

¿Tenemos los chilenos sensibilidad social?
Ese es un tema muy delicado, en mi opinión diría que sí. Fundación Coanil cuenta con la abnegada labor de más de setecientos cincuenta voluntarios hoy en día, sin embargo, yo me pregunto, ¿será esa la cifra real que podríamos tener? Espero que no, y que lleguen muchas más personas a tendernos una mano en todo Chile, aunque aún no estoy segura quién tiende una mano a quién, ya que está comprobado que ayudar a otro es una de las experiencias que más felicidad otorga.

¿Cómo se sustenta la Fundación Coanil?
Fundación Coanil, Fundación Educacional Coanil y sus organizaciones relacionadas, se sustentan en un 92% con aportes estatales, MINEDUC, SENAME, Servicios de Salud, SENADIS, también recibe fondos de  Polla de Beneficencia y Loto, el resto por aportes de voluntarios, empresas donantes que en forma silenciosa nos ofrecen infraestructura, casas, ropa para los niños, alimentos y libros, y otros aportes de carácter no habituales.

Con la frase “de carácter no habituales”, Magdalena se refiere a la confianza depositada por algunas compañías, que les permiten incluir laboralmente a los jóvenes y adultos pertenecientes a Coanil. “Tenemos a varios de nuestros egresados trabajando en aseo, en casinos, en minas en el norte de Chile, vendiendo hamburguesas, envasando materiales, de ascensoristas, como ayudantes de cocina, manufactura de zapatos, y variadas labores que dignifican sus vidas y en muchos casos les permite mantener a  sus familias”.

“Flor de Arte” se ha convertido es otra de esas instancias para ayudar. Son pinturas de los niños de COANIL que también constituyen un sustento para la fundación. Regalos que nacen del corazón y que dejan entrever un mundo honesto y verdadero desde su yo más profundo.

¿Cuáles son las necesidades inmediatas?
Una fundación que atiende casi cuatro mil personas con discapacidad intelectual desde Arica a Castro, presenta necesidades ilimitadas y múltiples. Necesitamos mejorar nuestra infraestructura, arreglar baños, crear salas de estar más cómodas, optimizar los accesos, equipamiento kinésico para ejercicios, buses de transporte; y juegos para niños, bicicletas y columpios. Pero la necesidad más urgente es poder llegar efectivamente a todas aquellas familias a quienes todavía no lo estamos haciendo.

FACTOR MOTIVACIÓN

En estos tres meses de gestión, Magdalena ha sostenido reuniones con el Ministro de Desarrollo Social Joaquín Lavín, con empresarios, personeros de gobierno, del SENADIS, SENAME, alcaldes, gobernadores. Ha recorrido más de seis mil kilómetros visitando cada una de las cuarenta y seis sedes divididas en Zona Norte, Zona Central y Zona Sur.  Podría escribir un libro con las historias y anécdotas que ha vivido y que de una u otra forma le han cambiado el switch y la manera de enfrentar y minimizar los problemas.

Hace poco estuvo en Temuco, donde fue a visitar la Escuela Las Araucarias. Una construcción austera, pero llena de colores, dibujos y risas. Llena de vida. Como es su costumbre, fue entrando a cada una de las salas, compartiendo con los niños, con los jóvenes, con los voluntarios, con las sicopedagogas, las terapeutas. Y se detuvo en la sala especial de “Retos Múltiples”. Su nombre se debe al reto múltiple que tiene el profesor de tener enseñar simultáneamente a un máximo de ocho personas —niños y jóvenes— que padecen una discapacidad severa como hidrocefalia, parálisis cerebral o autismo. Al entrar le pidió disculpas al profesional por interrumpir la clase de lectura y cuando llegó el momento de despedirse, Germán, un alumno que leía muy bien, levantó su mano y con un esfuerzo sobrehumano dijo lentamente: “Señora Magdalena, cómo podría interrumpir, si está en su casa”.

¿Un momento doloroso?
Muchos ciertamente, pero cada uno viene acompañado de un regalo. El sábado pasado asistí al funeral de Lucía, una de nuestras niñas del Hogar las Camelias de Champa. Ella llegó con un mes de vida, en una canastita cubierta con una manta, nada más, vivió en nuestro Hogar y estudió en el colegio especial de Coanil “Luz y Esperanza”, ubicado en Buin. Durante sus vientiocho años de vida, recibió un lugar que la acogió con cariño, una escuela con profesores dedicados que le enseñaron lo que para ella fue posible aprender, pero lo más notable, fue que su funeral —realizado en el Parque del Recuerdo en Santiago— estuvo muy acompañado; vinieron sus profesores de años atrás, tías del hogar, sus casi hermanas y lo más bonito fue observar una delicada corona de camelias rojas  sobre su ataúd, hechas con mucho cariño por sus propias amigas con las flores del hogar donde vivió.

¿Una alegría en tu paso por Coanil?
La satisfacción de poder ayudar humildemente y tender una mano a quienes tal vez no han tenido la oportunidad de venir al mundo con más capacidades, eso me llena el alma y me da muchas energías positivas para enfrentar mi propia vida. Ellos me impresionan. Siento que somos nosotros los afortunados de poder incluirnos en sus vidas, más que ellos a las nuestras. Las ganas de ayudar nacen en forma instantánea, las manos se tienden solas.

¿Cómo motivar a la gente?
Pienso que Chile tiene una gran deuda de inclusión en todo sentido. Es necesario integrar desde la infancia la diversidad, promoviendo la igualdad de oportunidades, entregando los mismos derechos. Pero si segregas y separas esa diversidad, si pones un muro divisorio, nadie se nutrirá de lo que le falta y finalmente creo que todos venimos a complementarnos.

PUERTAS ADENTRO

Magdalena estudió en las Monjas Francesas de Viña del Mar. A su marido, Jorge Muñoz, lo conoció en la universidad y ya llevan veinte años de un feliz matrimonio. Actualmente vive en Santiago desde donde preside el directorio de una fundación como COANIL y orquesta sus labores propias de madre de cinco hijos: Valentina (19), Santiago (17), Magdalena (15), Josefina (11) y Antonia (4): turnos escolares, idas al dentista, donde los amigos, el regalo para el cumpleaños, o el amigo secreto, la cartulina especial, la bebida grande para la despedida de la Miss, buscar los ternos a la tintorería, revisar tareas.

Y eso no es todo, también se da el tiempo para leer bastante, sobre todo libros ligados a su profesión como Planificación estratégica de Chiavenato y otros orientados al mundo de los directorios, sobre todo ahora que está realizando una investigación en conjunto con la Universidad de los Andes, de todas las fundaciones sin fines de lucro existentes en el país.

¿Qué te enorgullece?
Mis hijos, mi familia. Si algo he aprendido en la vida es a hacer las cosas siempre lo mejor posible, y en ese camino estoy. Yo soy arremangada de mangas, soy lo que se dice “hands on” y parte de eso tiene que ver con el breve plazo que me di cuando asumí para conocer las cuarenta y seis sedes para hacer luego el diagnóstico estratégico y planificar lo que vamos a hacer.

¿El mejor regalo que te han hecho?
Gracias a Dios he recibido muchos regalos durante mi vida, sin embargo, el mejor que he recibido es el de un amigo que ya partió, y que me dijo que nunca olvidara que a la vida sólo veníamos a dar y recibir amor, y que todo lo demás era mucho menos importante. Y cada día que pasa, le encuentro más la razón.

“Es necesario integrar desde la infancia la diversidad, promoviendo la igualdad de oportunidades, entregando los mismos derechos. Pero si segregas y separas esa diversidad, si pones un muro divisorio, nadie se nutrirá de lo que le falta y finalmente creo que todos venimos a complementarnos”.

 

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