Estuvimos en Chillán, en la casa de calle El Roble, conversando con el autor de los poemas Carbón, El fornicio y ¿Qué se ama cuando se ama? Conocimos su visión sobre Chile, la poesía, los premios que le han dado, su último libro y, al mismo tiempo, tuvimos la oportunidad de compartir con un hombre brillante, que a los noventa y tres años, declara que la función del poeta en este mundo es âponerse de pie y adivinarloâ.
Por Víctor Bascur A.<br /> Fotografías Sonja San Martín
Llegamos hasta su casa, en una soleada mañana de invierno, acompañados por el poeta Tulio Mendoza Belio, quien es amigo de Rojas y estableció el contacto para esta entrevista. Irma, quien está a cargo de las labores del hogar del vate, nos abrió la puerta y, amablemente, nos invitó a ingresar. â¡Que pasen!, ¡que pasen!â, se escuchó desde el segundo piso y pasamos. El rojo predominaba en la casa de Rojas, las alfombras, los muebles, todo en ese vivo color que alegraba, que decoraba nuestro encuentro. Arriba, al final de las escaleras, se hallan el dormitorio y el despacho del poeta, justo el lugar donde terminó de escribir su último libro Con arrimo y sin arrimo, disponible en las librerías desde septiembre.
â¿No se entiende? ¿Y qué importa que no se entienda?â, pregunta Rojas desafiante, tras leer un poema de su libro.
âSe entiende a la perfecciónâ, pienso, y para romper el hielo le pregunto: â¿Ha visto usted a la mujer más hermosa del mundo?â El escritor se toma un segundo, agacha la cabeza y con fuerza dice: âNo, y para qué. No era tan necesario. Con haber visto a unas diez mil me bastaâ.
Aniquilador. Contesta cada pregunta como si ya la hubiera pensado durante toda su vida, como si ya hubiese escrito la respuesta en los más de cuarenta libros que ha publicado.
<em><strong>¿Qué considera más sagrado: escribir de Dios, de una mujer o de la muerte?</strong></em><br /> Ya escribir con desenfado y hasta con descaro puede ser sagrado. Es decir, reconozco que el ejercicio mismo de escribir es tarea mayor, pero reconozco también que esa tarea exige un rigor y yo diría un estado de gracia.
Gonzalo, mientras responde esta entrevista, va señalando dónde van las comas, qué punto es seguido y cuál es punto final. Rojas va manejando la transcripción de este texto desde que las palabras salen de su boca. Yo lo voy siguiendo feliz, mientras él se muestra agradecido por las preguntas relacionadas con versos de sus poemas:
<em><strong>âPoca confianza en el XXIâ, afirmó en su Carta a Huidobro.<br /> ¿Cómo está esa confianza ahora que lo estamos viviendo?</strong></em><br /> Poca confianza en el XXI, sigo pensando pa-re-ci-do (señala separando en sílabas).
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<em><strong>âNo tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad,â sostuvo en su poema âContra la muerteâ ¿Cuál es la verdad hoy en día?</strong></em><br /> Eso no se sabe ni se dice. La verdad es escala socrática. Un proyecto y nada más. Y nada más.
<em><strong>Pero Platón afirmó en su Banquete que "La belleza es el esplendor de la verdad", ¿qué poetas alcanzaron la belleza?</strong></em><br /> No sé, yo creo que quizás aquellos que parecían que se sustraían a lo bello, a la belleza, la alcanzaron. Un Baudelaire, un Píndaro, ese es bueno y anda por aquí...
En ese momento entra Irma con una bandeja, tazas y café. El poeta la mira y le da las gracias. Ella deja sobre un escritorio una caja de cervezas y el vate exclama: âVolvamos a la realidad: ¡Cerveza!â, causando la risa de todos los presentes.
âEl humor funciona en poesíaâ, dice el Hijo Ilustre de Lebu, mientras recorre con sus ojos aquella habitación donde se encuentra una gran cama antigua, muchísimos libros, un equipo de música que no ha parado de sonar desde que llegamos, un cuadro con una mujer desnuda y una imagen de él a los noventa años.
<em><strong>¿Qué situaciones le hacen arrancarse los ojos?</strong></em><br /> Por ahora me queda uno solo y eso va en serio. El derecho se fue al cielo y este izquierdo apenas ve.
<em><strong>¿Y cuál es la historia de ese cuadro (en referencia al de la mujer desnuda)?</strong></em><br /> Yo andaba con Ilda (su segunda esposa) por San Francisco, California, y vimos que en una librería vendían dos posters, y le dije al muchacho que atendía que me vendiera los dos. Los envolvimos y los pusimos en el auto y nos los llevamos al hotelito. Entonces pensé ¿dónde los pongo? Uno me lo llevo para la casa en Chile y el otro se lo voy a regalar a un amigo que es muy pudibundo, muy cuidadoso de nada. Yo estaba alojando en la casa de aquel amigo que tenía dos hijitos, unos tesoritos de criaturas. Entonces llegué a la casa esa tarde y les pasé un cuadro diciéndoles: vayan, abran esto y pónganlo encima de la cama de su papá. Y cuando mi amigo llegó a la habitación, lo ve y se horroriza. Pero, tras el paso de un rato, finalmente terminó fascinado.
Nuevamente nuestras carcajadas van llenando esos escasos y pequeños recovecos que quedan sin premios, porque Gonzalo Rojas los ha ganado todos, todos los importantes que existen en habla hispana, al menos: Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1992, el Premio Nacional de Literatura de Chile 1992, el Premio Octavio Paz de Poesía (1998) y el Premio Cervantes 2003; e incluso en el patio de su gran casa-biblioteca-museo está instalada una escalera caracol que lleva hacia el premio Altazor recibido el año 2001. âLos tiene todosâ, le digo. âYo no concurséâ, responde.
<em><strong>¿Qué le sucede frente a los halagos?</strong></em><br /> ¡Horror! No transaré jamás con esa trampa de los halagos. Porque de veras, y eso lo saben quienes me conocen, son una farsa.
<em><strong>¿Qué le sucede frente a las críticas negativas?</strong></em><br /> âCrineinâ âde donde viene la palabra críticaâ es juzgar. Pero quién lo va a enjuiciar a uno y ¿cuál es realmente la gracia de los críticos? ¡No saben!
<em><strong>¿Cuál es el mejor verso que usted ha escrito?</strong></em><br /> âQue los que saben sepan lo que puedan saber / y los que estén dormidos sigan aún durmiendoâ
<em><strong>¿Cuál es el mejor verso que usted ha leído?</strong></em><br /> Ese no se ha escrito todavía.
<em><strong>¿Lee escritores jóvenes?</strong></em><br /> ¿Cómo no los voy a leer? Si todo escritor es genuinamente joven. Lozano.
<em><strong>¿De dónde nace el nombre de su próximo libro: Con arrimo y sin arrimo?</strong></em><br /> Anda volando por ahí y se apoya, sin apoyarse, en un verso portentoso âpara míâ de San Juan de la Cruz, siglo XVI, el mejor poeta del idioma.
<em><strong>¿Qué libro de otro autor le hubiese gustado escribir?</strong></em><br /> No necesariamente Rimbaud, que es tan único y genial. O el San Juan que ya dije, pero quizás, alguno secreto.
<em><strong>¿Si no hubiera sido poeta, a qué se hubiera dedicado?</strong></em><br /> No una, sino a diez mil cosas a la vez. Impaciente como soy, claro. No tengo predilección mayor por ese ejercicio precioso que es la poesía. Pero hubiera querido ser tantas cosas: Minero, como estos pobres que están sufriendo, porque mi padre fue minero del carbón, o pescador de alta mar, eso lo quise siempre. Justamente en Lebu, cuando niño, yo salía a pescar con unos pobrecitos pescadores que me querían mucho.
<strong>EL CHILE ACTUAL</strong>
Gonzalo Rojas tiene claro cómo va el mundo y su lugar en él. Dice, al referirse a cómo Lebu quedó después del terremoto: âMe estremece, me desuella. Porque el paraíso se llama Lebu para míâ.
<em><strong>¿Qué recuerda de su niñez?</strong></em><br /> Todo, absolutamente, todo, se recuerda todo. Ella está viva.
<em><strong>Si cierra los ojos ahoraâ¦</strong></em><br /> (Interrumpe) Si pudiera volver y si pudiera cerrarlos de veras. Es que uno no cierra nunca los ojos. El ojo está vivo y lo vivifica uno. Claro no podría ver el sol el ojo, si el mismo no lo fuera.
<em><strong>¿Cuál es la diferencia entre los años actuales y la década de los cincuenta?</strong></em><br /> El cincuenta a mí me queda lejos y el actual me queda más lejos.
<em><strong>¿Con qué poetas Chile ha sido ingrato?</strong></em><br /> Con tres, con cinco, con siete, con 2003, con 2007.
<em><strong>¿De qué manera hay que recompensar a artistas que han dado tanto por Chile?</strong></em><br /> Dejándolos respirar.
<em><strong>¿Con qué sueña Gonzalo Rojas?</strong></em><br /> Con las bonitas y las feas, porque las feas a veces son un portento.
<em><strong>¿Qué otras artes lo maravillan?</strong></em><br /> La pintura es cosa fundamental, decía el maestro mago del ojo: Leonardo Da Vinci. La pintura me gusta mucho y esa música que estamos oyendo ahora (clásica) también. Las artes, en general, me encantan.
En ese momento, Gonzalo Rojas le pide a Tulio Mendoza que le pase un libro de Roberto Matta que guarda en un estante. El poeta oriundo de Rancagua se lo entrega y Rojas comienza a relatar una historia mientras lo hojea:
âYo era muy amigo de Roberto Matta y el año sesenta y cinco me llama a las seis de la mañana y me dice, con una voz muy especial como era la de Roberto: oye, vengo llegando y quiero irme contigo al sur. ¿A qué sur?, le pregunté. A Magallanes, me dijo. Pero ¿cómo?, volví a preguntar. Yo ando en un avión y yo manejo, me dijo. El tipo loco, penséâ. (Risas de los presentes).
<em><strong>¿Y fueron?</strong></em><br /> No, no. Poca confianza en el XXI.
La entrevista llega a su fin, pero antes de empezar a conocer la casa más a fondo acompañados de âPanchitoâ, el chofer que lleva más de diez años trabajando para Gonzalo Rojas, antes de subir por la torre de vidrio que hay en el patio y transitar entre los miles de libros que están repartidos a lo largo del refugio rojiano, antes de abandonar su hogar entendiendo que tuvimos el privilegio de visitarlo, le hago una última pregunta:
<em><strong>¿De qué más se le acusa Gonzalo Rojas?</strong></em>
De libertino y adivino, ciego por fuera pero no por dentro, de bazofia y más bazofia, de fibrosis pulmonar desde el 2003, pero el paisano no se queja. / De andar en los cien y seguir viviendo como un loco sin ser ningún Apollinaire. / De no dar nunca con el tono⦠/ De haber nacido heráclito con manchas de parmenídeo. / De no haber olfateado el corazón de no sé quién... / De eso será que se me acusa.