Anónima
Editorial Anagrama (2002), 510 páginas.
Como se podrán imaginar, esa mujer estuvo presente durante la batalla de Berlín, el epílogo sangriento y desquiciado de la Segunda Guerra Mundial. Si quieren saber lo que le ocurrió a las alemanas al final de la guerra, estas anotaciones de diario -escritas entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945- resultarán muy ilustrativas. Berlín era una ciudad de cuatro millones de habitantes, a pesar de las evacuaciones. Muchos de los hombres en edad de combatir ya no estaban. Los ejércitos que venían del este traían a cuestas traumáticas vivencias, a manos de los invasores alemanes y se entregaron al alcohol durante la campaña y la ocupación. Las cifras hablan de más de dos millones de mujeres violadas en Alemania a manos del triunfante ejército rojo. Pero tal como se enterarían los mismos berlineses durante la capitulación incondicional de Reich, los crímenes cometidos por sus compatriotas exceden en horror cualquier cosa imaginable. Tal como señala la autora “esta es una historia muy desagradable” y se entiende la preocupación de la escritora en ocultar su identidad. La autora renuncia a toda autocompasión y nos cuenta simplemente lo que le tocó vivir, sobreviviendo entre los escombros sin servicios, acosados por el hambre y la venganza de los vencedores dedicados al pillaje. Esta obra, más allá de su mérito literario, es un documento histórico que nos recuerda que todas las guerras son terribles y que los esfuerzos de los líderes mundiales deben estar orientados a evitarlas.