Hace un año, Malucha Pinto (55) era otra persona, el exceso de peso que perdió tras una intervención quirúrgica le devolvió las ganas de divertirse, carretear, pololear y le ha brindado gran vitalidad a la hora de actuar.
Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva
En sus inicios cambió la danza heredada por su madre -bailarina nicaragüense- por el teatro, que estudió en la Universidad Católica; se casó joven y tuvo a su primer hijo Cristóbal (38). De otra pareja nació después Tomás (24), que sufre parálisis cerebral, a quien adora y le ha inspirado para escribir libros y obras de teatro. Inolvidable como Priscila en Los Eguiguren, la Huesera en De Chincol a Jote y Zulema Chávez en Cerro Alegre (Canal 13), su carrera continúa avanzando en televisión y en las tablas, como directora de la compañía Las reinas del mambo, temas que abordamos degustando exquisiteces -cheesecake de frutos rojos, torta de mil hojas y café mocachino en Enjoy del Mar-, gracias a la Universidad Santo Tomás, que la trajo a la zona para montar la obra Me desordeno amor.
¿Es cierto que lo tuyo era la danza antes que el teatro?
Hasta los dieciséis años, yo iba a ser bailarina, estudiaba danza clásica, contemporánea y moderna. Cuando postulé a la Escuela Coreográfica del Ministerio de Educación, aprobé en todo menos en el peso. Me dijeron que tenía que volver en marzo con cinco kilos menos... pero no los bajé. Opté por estudiar sociología y luego me cambié a teatro. Al poco tiempo, entré a la televisión.
¿Qué recuerdos tienes de tus primeros pasos en la TV?
Fueron años de mucha amistad y complicidad, lo pasábamos muy bien con Gonzalo Robles, Coca Guazzini y Cristián García-Huidobro. En los programas había una mirada crítica hacia el país con humor.
¿Otro personaje te ha marcado tanto como la Priscilla en Los Eguiguren?
Eso ocurrió porque por muchos años fue visible al público todos los sábados, en un momento muy especial del país. En ese entonces, toda la familia chilena se instalaba a ver Sábados Gigantes. De los otros personajes me gustó mucho hacer a Teresa, una narcotraficante en Mujeres de lujo. Tuve que investigar y encontrarme con aspectos completamente desconocidos en mí. Pero el cuerpo me pasó la cuenta, pues había mucha actividad física violenta y yo no estaba en forma.
Y luego con tu siguiente papel en Infiltradas ya eras otra Malucha...
Este ha sido un proceso que se viene desarrollando desde hace mucho tiempo, no fue que llegara al hospital diciendo "estoy aburrida de estar gorda, tengo kilos de más y me voy a operar". La gordura es una gran muleta que usé harto tiempo, pero llegó un momento en que me sentí lista para dejarla y someterme al procedimiento de manga gástrica. Efectivamente, en Infiltradas me empecé a notar más ágil y joven. Hoy realmente me siento mejor que nunca.
Te has casado y separado dos veces, ¿estás en pareja hoy?
No aún, lo estoy pasando bien y vitrineando galanes para escoger al mejor postor (ríe). Con este luminoso cambio me he encontrado con mi hembra, pincho ene y me va regio en las fiestas.
¿Sigues montando la obra La Pasionaria?
Sí, se presenta en la Universidad Finis Terrae de Santiago y luego va a seguir itinerando en Chile y Europa. Este montaje que dirijo, relata la vida de los barrios del Chile de las décadas del cuarenta y del setenta. Relata la intensa historia de amor de Manuela y Tomás, quienes van desentrañando los sueños, convicciones, emociones, relaciones familiares y colectivas de un grupo social. El texto nació de los Talleres de la Memoria que desarrollé por cuatro años con el colectivo Aracataca en diferentes poblaciones de la capital.
¿Y tu rol en Me desordeno amor?
Es la historia de dos artistas que se encuentran en el camarín, una viene de la calle, destruida por un mal amor, y la otra está ilusionada iniciando un romance. Se van contando, desde la música y la poesía, todo lo que saben, viajando por el amor, los celos, la sexualidad, la ira, el abandono, etc. Si bien actúo en esta obra, estoy en un proceso de bajarme del escenario, hoy me apasiona más dirigir y escribir.
Escribir no solo obras, también libros...
Así es, ya tengo tres libros. El primero fue Sahumerio, de poesías; después vino Cartas para Tomás y luego Cartas a la memoria, que reconstruye los últimos cuarenta años de Chile a partir de un coro de mujeres que relatan, desde la trinchera de la sensibilidad, los acontecimientos narrados fríamente en los libros de historia.
¿Por qué las cartas juegan un papel tan importante en tu vida?
Atesoro miles de cartas, mi padre -aunque viviéramos bajo el mismo techo- nos informaba todo a través de una carta. De la misma forma se comunicaba con mi madre y otros integrantes de mi familia. Hoy yo sigo escribiendo, pero por email, eso sí.
¿Qué se viene para ti en Chilevisión?
Aparecí en Cesantes y voy a integrar el elenco de la próxima teleserie nocturna, pero aún no sé de qué se trata mi rol. Me encantaría que en Chilevisión tuviéramos un programa de humor como los de antes, con Priscilla y Caroca. He insistido en el tema hablando con altas autoridades del canal, pero la verdad es que no me pescan mucho.