Laura es pianista. A través de los años ha impulsado el desarrollo de un polo musical en el norte, fundando escuelas y sembrando talentos. Apasionada por su trabajo, considera que dar impulso a las industrias creativas e incentivar a las comunas es la punta del iceberg, pues la Región de Tarapacá tiene un espíritu activo y, en materia artística, mucho que entregar.
Texto y fotografía Soraya Valdivieso V.
A primera vista, Laura Díaz es una verdadera dama de hierro. Sus grandes ojos azules y voz madura, proyectan autoridad y rigor, que a poco andar, nos develan a una mujer versátil, simpática y accesible a todo público. Admite que la perfección es uno de sus principales objetivos, lo que no sorprende después de conocer algo de su vida, marcada por una intensa vocación por la enseñanza.
Es licenciada en educación, profesora de Estado en música de la Universidad de La Serena, Magíster en Docencia, fundadora de la Escuela de Música Mozart y de la carrera de pedagogía en música de la Universidad del Mar. Toda su vida se dedicó a la docencia desde diferentes áreas hasta que el 2010 recibió el llamado del ministro Luciano Cruz-Coke, quien la invitó a ser Directora Regional del Consejo de Cultura. Sorprendida, lo pensó y aceptó.
Su oficina tiene vista a la calle más emblemática de Iquique, Baquedano. Hace pocos meses trasladaron la Casa de la Cultura a ese lugar. Está muy contenta con estos dos primeros años de trabajo que, aunque intensos, le han mostrado que Chile se está moviendo con la cultura y que Tarapacá se fortalece con el arte, lo que es un cambio profundo y beneficioso.
¿Qué podría señalarnos como positivo en estos dos años de gestión?
Trabajamos arduamente para reinventarnos. Como instrumento público redefinimos nuestros lineamientos y modalidades de postulación a los diferentes fondos. Es nuestro objetivo fomentar el desarrollo, y la difusión de las disciplinas conforme a las competencias actuales, y con respecto a ello, hemos avanzado enormemente. Además, aumentamos los montos máximos de cada línea concursable, y el Fondart nacional estrenó la línea de Fomento a Organizaciones Culturales, con lo que se da viabilidad en el tiempo a agrupaciones con trayectoria y probado impacto. Hablamos de un compromiso a largo plazo.
Un nuevo paso en materia de modernización es la implementación de la plataforma digital. ¿De qué modo es favorable que todo el proceso sea online?
Permite generar estadísticas sobre las postulaciones, esto con el fin de conocer y entregar mejores respuestas a las necesidades de los solicitantes. Por ejemplo, este año, los resultados muestran un aumento de treinta y cinco por ciento del número de peticionarios respecto del año anterior. Es importante agregar que la evaluación digital favorece el lapso de contestación, pues es muchos más expedito.
Si todo es tan tecnológico ¿qué pasa con los artistas que no dominan estas herramientas?
Los desafíos del desarrollo cultural están ligados a las nuevas tecnologías, por lo que consideramos que este es un instrumento que sirve de aprendizaje. Es algo así como “el primer paso”. Todos los años vamos renovando las bases y la plataforma, para conseguir finalmente que sea más funcional y fácil, apta para todo público. Y la gente que no la conoce no debe asustarse, porque el consejo organiza capacitaciones cada año, en la ciudad y en cada comuna. Además, nuestras puertas siempre están abiertas a cualquier consulta, somos un servicio público ciento por ciento activo.
¿Cuál es su visión de la cultura y el arte en la Región de Tarapacá?
Agradezco a los artistas que con su vigor engrandecen el patrimonio cultural de nuestro país. Como consejo consideramos que en Tarapacá debemos dar espacio a los creadores, gestores y formadores, somos una región con un tremendo potencial y lo más hermoso es que tenemos sello propio, nuestro entorno nos entrega un sinfín de elementos que ningún artista del norte pasa por alto. Es un rescate patrimonial, cuando las bandas incorporan en su trabajo la utilización de instrumentos tradicionales del norte o te encuentras con obras que integran las artes visuales, diferentes artefactos o y el paisaje endémico.
Incorporar a las siete comunas que pertenecen a nuestra región, debe ser un desafío difícil…
Trabajar en conjunto con las comunas que tienen espacios habilitados no es complejo, porque la comunidad sabe que ahí podrán encontrar lo que buscan. Lo que es complicado es alcanzar los puntos más alejados. Este año conocimos a las últimas tejedoras artesanales propias de la cultura Aymara. En lo personal, ellas me conmovieron por su ímpetu y, sobre todo, por sus habilidades. Fue una experiencia enriquecedora.
¿De qué modo ayudaron a las artesanas?
Ellas, por primera vez, se entusiasmaron en buscar apoyo del gobierno para sus planes de emprendimiento. El problema es que no tenían la menor idea de cómo hacerlo. Aquí ayudamos a que ellas se congregaran y formaran una asociación. Posteriormente, las dejamos llenar el formulario escrito, porque sabemos que un proceso de modernización no es cosa de un día. Luego las instruimos sobre el uso de la plataforma, la creación de una empresa y los fondos que más se adecuaban a sus intereses.
¿Es necesario instruirse antes de formular un proyecto?
Claramente ese es un tema individual, aunque nosotros aconsejamos asistir a las capacitaciones anuales, ya que la plataforma se actualiza año a año. Las personas que componen los comités de evaluadores y jurados, son figuras de reconocida y destacada trayectoria en sus respectivos medios artísticos y tienen criterios de objetividad y excelencia. Por lo tanto, los proyectos exigen prolijidad y creatividad.
Hay gente que aún no confía en la labor que tiene el consejo…
La comunidad a veces se confunde con nosotros. Es real que somos los propulsores financieros de muchos eventos, iniciativas y muestras, pero no somos los productores. Pasa que habitualmente me preguntan ¿y qué van a organizar a ahora? La respuesta es que nosotros no ejecutamos, sino más bien apoyamos a los creadores mediante nuestras áreas de fomento y el fortalecimiento de las industrias creativas y emergentes. Además de eso, tenemos premios, concursos, una mesa de turismo cultural, becas y programas de educación y cultura.
A meses de la inauguración del Centro Cultural en Alto Hospicio, ¿cómo ha sido la acogida de la comunidad?
Es un edificio muy bello y siento que la gente lo ha apreciado mucho. Estos espacios para la expresión cultural son un factor de cambio. Los niños, jóvenes y hasta adultos se abren a nuevas opciones. Muchos tienen talento, quienes pertenezcan a esta comuna podrán potenciarlo, exponerlo y disfrutar por ejemplo de las obras itinerantes o como hace pocos días la Orquesta de Cámara de Chile.
Gracias al programa Red Cultura, fue que a fines de marzo se inauguró la obra “Centro Cultural de Alto Hospicio. Este es el primero de los diversos centros que el Consejo Nacional de Cultura tiene planeado construir a lo largo de todo Chile, como parte de una red de infraestructura cultural nacional, presente en todas las comunidades que superen los cincuenta mil habitantes, con el fin de entregar la oportunidad de gestionar actividades y, a la vez, asistir a espectáculos culturales.
PIANISTA
Bach, Beethoven, Mozart fueron las primeras líneas que aprendió a leer Laura. Sin conciencia de partituras ni llaves musicales, ya entendía de altos y bajos de cuerdas y vientos. Su impresionante oído musical es herencia de sus padres, músicos por excelencia. La Seremi de Cultura de Tarapacá fue inscrita a los cinco años en el Conservatorio de Arica.
Aún recuerda con cariño el cálido sol ariqueño y las tardes donde aprendió a conocer a su fiel amigo, el piano. Más que un instrumento, el piano es parte de su vida, pues en el colegio y luego en la universidad, la acompañó en todo momento. Laura habla de su piano con un inmenso cariño, pues lo ve como un elemento fundamental de su desarrollo como ser humano, la base de quién es actualmente, y aunque confiesa reinventarse cada día, reconoce que para ella, la mejor inversión en la vida, es la música.
¿Qué significa para usted la educación musical?
El arte es la expresión del alma que desea ser escuchada y qué más bello que a través de la música. Ser educadora es un privilegio, ser música es mi esencia. Aunque debo aceptar que, en paralelo a mi vocación por la pedagogía, hoy he descubierto una nueva veta en mí: el servicio. Me gusta mucho ayudar, me gusta servir con autenticidad. Yo también he estado al otro lado del escritorio y conozco la realidad del artista, se lo difícil que es subsistir.
Me imagino que ser seremi debe demandar mucho tiempo, ¿cómo integra esto al rol familiar?
Debo admitir que soy un poco obsesiva y me gusta que todo salga a la perfección, por lo que dedico muchas horas a mi trabajo. Por suerte, cuento con un excelente equipo y aunque cuesta desconectarse al ciento por ciento, en general con mi familia tratamos de pasar juntos el mayor tiempo posible. En casa todos somos músicos, así que nos reunimos y hacemos música.
Y sus hijos, ¿cómo han tomado esto de tener una mamá que sale tanto en el diario y que representa la cabeza de una institución tan reconocida como el Ministerio de Cultura?
Excelente. Ellos son súper comprensivos y cada vez que llego del trabajo me abrazan con todo su amor. Aurora tiene catorce y Cristóbal, diecisiete. Los dos son muy buenos hijos, responsables, cumplen con sus tareas y apoyan a la mamá en todo momento. Eso es tan fundamental como el apoyo de mi marido Carlos, que es un pilar en mi vida y me inyecta de ánimo. Siempre me repiten que están muy orgullosos de mí.
“El arte es la expresión del alma que desea ser escuchada y qué más bello que a través de la música. Ser educadora es un privilegio, ser música es mi esencia”.