No tenía ni una opción. El amor por la adrenalina está en el ADN familiar. A los cuatro años ella y sus hermanos pasaban de la clásica bicicleta con rueditas directo a las motos, supervisados de cerca por un papá también fanático. Después de un largo camino, la Carola hoy disfruta en plenitud la práctica de este deporte que la mantiene en los circuitos nacionales, coleccionando medallas y esperando ser la mejor representante femenina del país.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Fernando Córdova, Roberto Rozas y Nicolás Varetto
Su pelo rojizo y su sonrisa son parte de la marca registrada de Carolina Lazo. La Carola es de esas mujeres que no pasan desapercibidas, es frontal, divertida y aperrada. Ella es un verdadero torbellino de risas y fortaleza y, por eso, para quienes la conocen, no fue una sorpresa enterarse que a los “treinta y tantos” decidiera dedicarse a correr motocross, a pesar de los riesgos, de su rol de madre de tres hijos y del accidente que, hace algunos años, se llevó a su hermana, la querida Lury, su referente y gran inspiración.
“Toda mi familia anda en moto. Mi papá corrió motocross y enduro. Mi mamá nos iba a dejar a mí y a mis hermanas al jardín y al colegio en moto, imagínate ¡todas arriba de la moto!” recuerda Carola.
Sus papás, Santiago y Cecilia, heredaron el amor por las pistas a sus cuatro hijos. Desde la mayor, Cecilia, hasta el menor, Santiago, saben de velocidad desde siempre. “La Lury (Claudia) era la más seca. Ella viajaba, se iba a la universidad, hacía todo en su moto. Y el Chago (Santiago) desde los cinco años llevaba a pasear a mi nona en su cuatrimoto ¡y la nona tenía como setenta y cinco años!”.
¿Cuándo empezaste a correr en circuitos profesionales?
El 2007 corrí el Desafío del Desierto, que era uno de mis sueños. Antes se llamaba Rally del Desierto y la primera y única mujer en participar fue mi hermana Lury, que corrió en una XR 600. Con suerte debe haber tenido diecisiete años y corrió con su padrino, Giorgio De Gavardo, papá de Carlo.
Por eso para mí era tan importante, porque aunque nunca lo reconocí en público, hoy puedo decir que mi hermana era mi ídola. Decidí convencer a mi papá de correr en la categoría padre e hijo y aunque no se pudo, participé junto a Ricardo Espinoza, mi ex marido, y nos fue bastante bien.
¿Y cómo sigue la historia?
Por diferentes circunstancias me radiqué en Santiago, donde está súper instaurado el deporte. Partí el 2008 corriendo enduro, el cross country, pero el estado físico no me dio para las dos vueltas al circuito. Ahí me di cuenta de que el enduro que hacía en Antofagasta era muy distinto. Tuve que aprender a hacerle el quite a los árboles, a los espinos, a andar con lluvia y barro. Ese mismo año empecé a entrenar motocross y ya el 2009 me federé para correr los campeonatos nacionales, metropolitano y zonales. No he parado hasta hoy.
¿En qué momento decidiste dedicarte full al tema tuerca?
Fue lo que siempre quise hacer. Desde los diez años soñaba con esto, pero en Antofagasta no había nada estructurado. Por eso, apenas llegué a vivir a Santiago, supe que era el momento que había esperado por años, quizás demasiados.
¿Trabajas también en el ambiente de los “fierros”?
Se dio casi por casualidad. Yo siempre buscaba alguna pega entretenida y un día veo un aviso donde necesitaban un vendedor en una tienda de motos Kawasaki. Era un trabajo soñado, ¡qué mejor que estar rodeada de lo que te gusta y hablar el mismo idioma que tus clientes! Después me fui a Honda y luego di el salto a BMW MOTORRAD. Eso fue increíble. Imagínate BMW Williamson Balfour llamándote a ti, a una mujer, para ser asesora de servicios del taller de motos. Fue como el sueño del pibe… o de la piba.
¿Cómo te reciben tus compañeros?
Mira, en verdad hay de todo. Los pilotos que corren el nacional ya se acostumbraron a nosotras en la pista y hasta nos dan consejos. Lo malo es cuando corremos con novicios o corredores esporádicos, porque hay algunos que no soportan que los pases aunque a ellos no les influye en nada, solo les afecta el ego.
¿Hay muchas mujeres que corren?
En un principio eran tan pocas, que ni siquiera había categoría de mujeres en el motocross. Pero como también había un pequeño grupo de enduro, nos pusimos de acuerdo para correr todas juntas y formar, por primera vez en Chile, una categoría de mujeres que partió en una fecha de un campeonato metropolitano el 2009. Éramos como veinte en la grilla, esperando un momento histórico. Ya el 2010 nos pusimos de acuerdo para correr todo el campeonato nacional. Empezamos dieciséis y hoy somos un poco más de veinte.
¿Cómo es el entrenamiento habitual?
El mío no es un ejemplo, pero se hace lo que se puede, entre el trabajo y tres lindos hijos, Gonzalo, Vicente y Agustín. Ha sido difícil solo entrenando los fines de semana.
¿Son muy altos los costos de esta actividad?
En términos materiales, podemos incluir mantención de la moto para cada carrera y cada entrenamiento, bencina, inscripciones, hotel, comidas, pasajes o bencina y peajes, la entrada a la pista. También hay que considerar la licencia de la Federación de Motociclismo, el seguro, neumáticos, aceites, filtros de aire, equipo completo.
Con respecto a lo físico, hasta ahora cuento rodilla, costilla y dedo pulgar, quebrados, tobillos y muñecas esguinzadas, cicatrices y moretones varios y ser cliente frecuente de urgencias. Lo positivo es que en lo familiar tengo cero costo, porque es un deporte que comparto con mis hijos y que ellos disfrutan tanto como yo.
¿Cómo involucras a tus hijos?
Se repite la historia: les enseñé a andar en bici, al otro día les saqué las rueditas y al día siguiente los subí a la moto de dos ruedas. Ellos desde los dos años que andaban en moto de cuatro ruedas. Vicente, con cinco años, corrió una fecha del nacional en categoría 50 cc. Era su primera carrera y yo corrí toda la pista animándolo y dándole indicaciones. Gonzalo fue mi entrenador, mi ayudante y mi pizarrero. Todo el 2010 me acompañaba a las carreras y a entrenar.
¿Qué apoyo te da tu familia?
Mis papás son incondicionales y lo que más valoro es el no prohibirme, cuestionarme o hacerme sentir mal por andar en moto después del accidente de la Lury. Siento que están orgullosos y contentos porque saben que correr me hace feliz. Me encantaría tenerlos más cerca, pero al menos en Santiago tengo hartas familias adoptivas.
Ojalá nadie se quede fuera de este agradecimiento público, pero es importante nombrar a mi team, el Team Máxima, la familia Calderón, la familia Cuevas, la familia Leighton, la familia Hernández, la familia Portugueiz y mis amigas que también corren. No me puedo quejar, soy una regaloneada por grandes personas que conocí gracias a este deporte.
CARRERA FULL
¿Y has conseguido apoyo de empresas?
Poco, porque para auspiciarte quieren que seas top one todo el tiempo, pero sin plata es imposible estar en los primeros lugares siempre. Sería ideal que alguien te apoyara desde los inicios y te acompañara en este camino para que pudieras llegar a ser cada día mejor y no dejaras el deporte que amas por falta de presupuesto.
Yo corro para el Team Máxima – O’Neal – Motorratón de Cristian Calderón que me auspicia con las marcas: aceites Máxima, trajes O’Neal y One, antiparras Blur, casco Six Six One. También tengo el apoyo de Claudio Cuevas de Jovirec y Rodrigo Hernández de Viña Portal del Alto. Y como en pedir no hay engaño, aprovecho de pasar el dato a cualquier empresa que quiera apoyarme. Me siento antofagastina y por eso corro el nacional representando con orgullo a mi perla querida. Soy la pilota antofagastina.
¿Has sentido miedo?
Es raro, porque cuando me subo a la moto no siento miedo. Antes me asustaba el dolor que podía sentir si me quebraba algo, porque se sabe que al comprarte la moto asumes que vas a tener que convertirte en accionista de una clínica, pololear con un traumatólogo y tener una mejor amiga kinesióloga. Pero ahora, después de despertar en el hospital de Curicó, de chocar en moto de calle, de correr con un dedo y una costilla quebrada, creo que mi umbral del dolor ha mejorado bastante.
¿Cuáles han sido tus principales logros?
Personales, muchísimos. Literalmente, aprender a porrazos, a aceptar y agradecer las críticas, a reconocer errores, a terminar lo que empiezo, a tolerar la frustración, a sacar fuerzas de donde ya no tengo. Son un premio también los amigos y amigas como Macarena y Anita, también corredoras. En lo profesional puedo resumir que me he mantenido dentro de las diez mejores desde que empecé. He conseguido varios podios y espero lograr muchos más.
¿Tienes algún sueño pendiente?
Correr era uno de mis sueños desde chica. Pensé que no se haría realidad nunca, menos con una vida hecha y con tres hijos. Pero el destino me dio esta posibilidad que acepté feliz. Espero que pronto podamos correr el Desafío del Desierto categoría padre e hijo, con mi papito lindo. Lo demás solo depende de mi constancia y esfuerzo, así que en realidad, más que sueños, son metas.
¿Eres feliz?
Hay gente que dice que la felicidad no existe, otros dicen que es solo un estado, pero yo creo que es una actitud y como eso a mí no me falta: sí, soy feliz. Tengo unos papás de lujo, unos hijos atómicos y estoy haciendo lo único que sé, lo que más me gusta en la vida. Puedo decir que soy una privilegiada porque tengo asegurado un fin de semana al mes en que soy la persona más dichosa del mundo, o sea, tengo doce fines de semana al año de alegría garantizada. ¿Quién no sería feliz con eso?
Agradecimientos a: www.afoco.cl / www.fcordova.com / www.nixondesign.cl
“Tengo unos papás de lujo, unos hijos atómicos y estoy haciendo lo único que sé, lo que más me gusta en la vida. Puedo decir que soy una privilegiada porque tengo doce fines de semana al año de alegría garantizada”.
“Correr era uno de mis sueños desde chica. Pensé que no se haría realidad nunca, menos con una vida hecha y con tres hijos. Pero el destino me dio esta posibilidad que acepté feliz”.