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EDICIÓN | Mayo 2012

¿A dónde van los libros cuando se acaba la fiesta?

María Constanza Castro Molinare, Académica Escuela de Periodismo UCN
¿A dónde van los libros cuando se acaba la fiesta?

Babélica fue la imagen confusa de las miles de personas que transitaron por el laberinto blanco de la Feria del Libro de la ciudad de Antofagasta hace unos días. La sensación de que nuestros niveles de entendimiento se complejizaban por la presencia de los libros, estos entes vivos que permanecen inanimados si no se los toma, se los lee y por ende se los rescribe en la mente de cada lector. La muestra fue bastante generosa, pero ¿cuántos de estos libros quedaron en la ciudad? Gran parte de los ejemplares instalados allí como visitantes intrusos regresaron a su lugar de origen dejándonos con una sensación de desamparo, de carencia.

¿Dónde están escondidos los libros y lectores de Antofagasta? ¿Por qué la literatura duerme en esta ciudad que se acuesta cada vez más tarde? ¿Cuántos leerán bajo estas luces que nunca se apagan?

Sabemos que se encuentran en marcha proyectos de difusión del libro y la lectura a nivel nacional y regional. Pero estas medidas han tardado en llegar a la Segunda Región. Actualmente funciona la Mesa de Fomento del Libro y la Lectura de Antofagasta que depende del Consejo de la Cultura y recibe apoyo de la Dibam (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos) más la Secretaria Regional Ministerial de Educación. Este plan se encuentra operando a nivel de bibliotecas públicas y escolares, convocando a la participación en proyectos de fomento a la lectura y cambiando el formato tradicional y gris de biblioteca por una moderna y atractiva, de estantería abierta y espacios distendidos que faciliten el despertar de la curiosidad literaria, primer paso necesario para la creación del gusto por la literatura. Ya sabemos, por experiencia, que las letras impuestas contienen su propio veneno. Tal como ha dicho Marco Antonio de la Parra, los libros deben ser primero juguetes, después vicio y luego un hábito.

¿Pero hay suficientes espacios para este fomento? La población de la Región de Antofagasta en sus nueve comunas posee sólo 13 bibliotecas para un total de 493.984 habitantes, según el anterior Censo del año 2002. Esta  ciudad no  cuenta  con  la  cantidad  de  bibliotecas esperadas para los que residen en ella según los estándares internacionales establecidos por la UNESCO que hablan de 1 biblioteca central por cada 100.000 habitantes, más una red de bibliotecas periféricas, considerando 1 por cada 20.000. La afectada por esto claramente es la ciudadanía en su conjunto: preescolares, estudiantes de todas las edades, universitarios, adultos y adultos mayores.

Recordemos que en Antofagasta hay solo tres bibliotecas públicas: la N° 124, Ljubica Domic Ruth, N° 122, Mario Bahamonde y la Biblioteca Pública N° 120, Isaac Arce Ramírez. Estas poseen buenas colecciones pero no cuentan con la  infraestructura, ni el personal adecuado para entregar información a los más de 360.000 habitantes de la ciudad, cifra que además va en alarmante aumento.

Hoy nos encontramos esperando la habilitación de la Biblioteca Pública Regional de Antofagasta, que empezará a funcionar el próximo año en el centenario edificio que fue de Correos. Se trata de un destacado proyecto a nivel Patrimonial y de Industria Cultural, ambos reconocidos como nuevos polos de desarrollo económico de esta ciudad, pues, como toda industria, la de la cultura funciona en redes que se amplían y fomenta la creación de empleo. Antofagasta posee todos los elementos para convertirse en una atractiva ciudad creativa pues tiene recursos financieros y humanos para hacerlo. Existe una importante dosis de talento creador pero falta alimento y los libros son la ingesta necesaria para aprender a leer la realidad, para que la realidad nos sacuda menos, para ser libres, para pensar al ser humano, para rescribir en nuestra vida lo ya escrito. Pues las obras de los libros ya no pertenecen a sus autores, los libros están vivos, nos acechan para que los reinventemos, porque, como podría haber dicho Heráclito, “nadie lee dos veces el mismo libro”.

 

 

 

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