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EDICIÓN | Junio 2012

Diez claves para mejorar la educación

José Ramón Ayllón
Diez claves para mejorar la educación

Profesor, filósofo, escritor, experto en antropología, bioética y educación. Es José Ramón Ayllón, un español que imparte sus conocimientos en aulas, conferencias, ensayos y novelas, para “devolverle a la sociedad las oportunidades que tuve”. Aprovechamos su visita a Duoc UC para que nos diera su visión sobre la educación, uno de sus temas preferidos.

Por Monserrat Quezada L. / fotografías Sonja San Martín D.
 

Fue justamente un profesor quien marcó la vida de José Ramón. “En la educación secundaria opté por seguir los ramos de ciencias porque quería ser médico, como varios miembros de mi familia, pero en el último año tuve un profesor de filosofía que me resultó deslumbrante y decidí ser como él. Pensé que como médico podría curar a muchas personas, pero también como profesor de filosofía y asignaturas de letras podía enriquecer a muchos alumnos. En eso estamos”.

A propósito de ese profesor, ¿a quiénes admira o quiénes son sus referentes?
He aprendido mucho de los griegos. Cito a menudo a Sócrates, Platón, Aristóteles. De los romanos, Cicerón, Séneca, y Marco Aurelio. En cuanto a los más modernos, tengo ídolos literarios, como Shakespeare y Cervantes. Esto, porque también escribo novelas y he sido profesor de literatura. Parte de lo que he aprendido, tanto del estilo como de la visión de fondo, lo he aprendido en Shakespeare, que es un auténtico genio. En cuanto a los hispanoamericanos, me gusta mucho la poesía de Borges, y chilenos, estoy descubriendo a Gabriela Mistral y a Nicanor Parra.

Pasamos de filósofos a escritores. Usted también hizo ese salto en su vida, ¿cómo se gestó?
Yo pensé que no sería capaz de escribir una novela hasta que cumplí cuarenta años. Ahí me di cuenta de que era mayor, que ya sabía algo de la vida. Ocurre que alguien puede ser campeón olímpico con veinte años, pero novelista no. No porque no sepas escribir, sino porque no sabes nada de la vida. Y di ese paso porque me interesaba decir ciertas cosas que le sirvieran a mis alumnos; qué es el amor, cómo son las relaciones entre hijos y padres, etc. Son novelas que van dando un mensaje, que van enriqueciendo. Eso es lo que pretendo, finalmente.

Tiene hartos intereses, ¿cuáles son en orden prioritario?
Me interesa primero el sentido de la vida. Eso pasa por de dónde venimos, qué va a pasar cuando nos muramos, qué debo hacer o puedo hacer con mi libertad. Por qué eso está bien y esto no. Quién me pide responsabilidades, si después de la muerte alguien me las va a pedir. Es filosofía seria. Todo gran filósofo se ha planteado esto mismo. En segundo lugar, me interesa la enseñanza; una vez que llego a una serie de conclusiones interesantes sobre las preguntas mencionadas, siento que enriquecería a muchos alumnos o a muchos lectores si lo pusiera por escrito. Soy un profesor por vocación. Yo he tenido buenos maestros, he tenido la suerte de recibir una buena educación, entonces tengo una deuda con la sociedad porque esta me ha tratado bien. No he sido pobre, ni he nacido en un barrio marginal, ni he tenido familia desestructurada. Entonces, voy a intentar devolverlo a la sociedad con unos productos enriquecedores que, creo, son mis libros, ensayos, etc.

CLAVES DE LA EDUCACIÓN

De charlas sobre cómo abordar el tema de la educación en su globalidad, que impartía a los apoderados del colegio donde trabajaba, fueron surgiendo anécdotas y enriqueciéndose con diversas experiencias. Así que lo transformó en un libro al que tituló Las diez claves para mejorar la educación y que explica a continuación:
De partida, tienes que saber qué es un ser humano, aunque no es nada fácil. Es importante entenderlo porque uno no está educando a un mueble, sino a una persona.
En segundo lugar, educar tiene todo que ver con la familia, porque son los que primero educan. Y muy secundariamente los profesores.

En tercer lugar, hay que educar los sentimientos, no solo la cabeza. Hay uno que es muy superior, que es el amor. No se puede educar a un niño sin amor por parte de sus padres y sin afecto por parte de sus profesores. Un profesor no es el enemigo que viene a suspendernos. No. Jugamos en el mismo equipo, somos del mismo bando. Quiero lo mejor, quiero ponerte buenas notas. Para eso te voy a exigir.
Tampoco hay educación sin autoridad. Esto no es la imposición de una disciplina militar, sino una especie de atracción originada por el prestigio. Tanto de los padres sobre los hijos, como de los profesores sobre los alumnos. El prestigio lo da el dominio de su asignatura. No puedes ser un ignorante y llevar las clases mal preparadas. Pero también el prestigio lo da tu categoría humana. No es lo mismo que seas impuntual y maleducado a que seas una persona correcta, puntual, alegre. Cambia por completo. Eso te da prestigio y con eso educas.

Luego tienes que exigir. El mejor de los profesores puede hacer todo por sus alumnos, excepto estudiar por ellos. Yo intentaré darle las clases bien y muy amenas pero si él no estudia, no saco nada. Y el mejor de los padres puede hacer lo mejor por sus hijos, excepto estudiar. El esfuerzo es de ellos.
Además, tienes que confirmar su conciencia. Qué es lo que está bien y qué está mal y por qué lo que está bien es bueno y lo otro es malo. Eso es fundamental porque con el relativismo no se educa. Está de moda, pero es como el sida, es una  inmunodeficiencia mental y moral muy seria.
Finalmente, tenemos el sentido común. No se puede educar sin sentido común. Es como la prudencia, es el arte de acertar en cada caso concreto y para eso hay que tener bastante experiencia, aunque se puede suplir preguntando a los expertos.

Nosotros estamos al medio de una crisis de educación, ¿qué sabe al respecto y por dónde cree que pueda ir una solución?
Sé lo que me han contado porque veo que les preocupa mucho. En todas mis charlas han salido preguntas al respecto. Creo que hay que tener claro que no se puede decir quiénes son los culpables; no es el gobierno, no son los profesores, no son los estudiantes, no son las universidades. Si hay culpables somos todos. Cada uno en su medida. Lo que está claro es que los padres están descontentos con sus hijos y los profesores también, pero los profesores están descontentos con sus alumnos y con los padres de sus alumnos. Y los alumnos descontentos con sus profesores y sus padres. Todo el mundo está descontento con todo el mundo y, por supuesto, todos descontentos con los políticos. Entonces es un cuádruple círculo vicioso. ¿Cómo se rompe? Primero, no acusándose unos con otros, sino que poniendo el hombro todos juntos. Además, se debe entender que la crisis no tiene que ver con el dinero. Cuando no teníamos presupuesto, en España la educación era mucho mejor que cuando sí lo tuvimos. No se engañe usted. Sí tiene mucho que ver con algo que viene antes que las asignaturas: las virtudes. Usted tiene que intentar que su hijo y su alumno sea una persona trabajadora, esforzada, templada. Que sepa llevar las riendas de los placeres que le pueden rodear y que no identifique el bien con el placer.

¿Cómo así?
Vivimos en una sociedad con una oferta de ocio increíble y donde todo está a la mano. Eso hay que administrarlo bien, porque si el único sitio donde tienes que esforzarte es en la escuela, no lo vas a hacer. Por lo tanto, hay que enseñarles sacrificio, exigencia, templanza, incluso justicia. A un alumno hay que enseñarle que debe poner todo de su parte porque hay muchos recursos en juego con su educación, que se la están regalando, ya sea sus padres o las becas del Estado, además que la sociedad necesita de su capacitación. No se puede jugar con esas cosas. Esto hay que enseñarlo desde bien pequeños. Los profesores tienen que ser conscientes de que tienen en sus manos una tarea importantísima. No pueden tomárselo a la ligera.

¿Dónde cree que hay que poner más atención, en la educación preescolar, básica, media o universitaria?
En básica y media. Ahí es donde se forman las virtudes, los hábitos fundamentales. La universidad es muy importante, pero es necesario que allá llegue gente muy bien formada.

Si tuviera un deseo para cambiar algo del mundo, ¿qué elegiría?
Inyectaría millones en las escuelas de pedagogía y elegiría muy bien a los profesores.
 

 

“Con respecto a la crisis de la educación chilena hay que tener claro que no se puede decir quiénes son los culpables; no es el gobierno, no son los profesores, no son los estudiantes, no son las universidades. Si hay culpables, somos todos”.

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