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EDICIÓN | Junio 2012

Porteña de corazón

María José Mira, directora Fundación Futuro sede Valparaíso
Porteña de corazón

Actriz, productora y docente, esta joven santiaguina llegó a Valparaíso hace algunos años y se enamoró perdidamente de sus rincones. Como una golondrina de invierno, comenzó a trabajar por el despertar cultural de la ciudad y se embarcó en varios proyectos, como los Carnavales Culturales, el Festival Danzalborde, Tornamesa y el Teatro Container. Hizo suyo el desafío de abrir la primera sede de Fundación Futuro y está feliz.

Por Macarena Ríos R.

En el corazón del paseo Atkinson, nos habla de sus proyectos, de su amor por este “puerto loco” que inmortalizara Neruda, de su visión de patrimonio y de cuanto nos falta para hacerlo realidad.

Tiene un hijo (Pedro, 1 año), un currículum que ya se lo quisiera cualquiera y un jazmín en la entrada de su casa porteña. Una casa que está siempre con las puertas abiertas para la cultura, los sueños y la música. Una casa que hizo propia hace ya seis años, y que en las tardes se inunda con la ópera de Farinelli y un buen libro.

Es alta, delgada y está loca por Valparaíso. Sus ojos intensos brillan en esta ciudad. Y hace rato que se mueve como pez en el agua en el mundo cultural. Además de dirigir la Fundación Futuro en la Región de Valparaíso, es la gestora —con su amigo Nicolás Eyzaguirre— del primer festival de Teatro Container, que ya lleva tres versiones. “Esta fue una idea de Nicolás y comenzó como una iniciativa de amigos y que tiene que ver con resignificar el container que está en el puerto, llevándolo a las plazas interviniendo el espacio público. Ha sido un proyecto muy lindo”. También le roba horas al día para coordinar las clases de teatro en la Universidad Adolfo Ibáñez.

PUERTO LOCO

La decisión de irse a Valparaíso siempre estuvo rondando su cabeza, por eso cuando a su entonces pololo —y actual marido Eugenio Rengifo—, se le presentó una oportunidad laboral en una universidad, no lo pensaron dos veces y decidieron armar una vida juntos en la ciudad patrimonio. Y no se arrepiente. Aunque diga que vivir en regiones muchas veces implica un camino más lento o menos ambicioso en lo profesional. “Yo he sido muy afortunada, se me han abierto muchas oportunidades que probablemente en Santiago no se me hubiesen dado de manera tan inmediata”.

¿Cómo fue tu encuentro con Valparaíso?
Fue amor a primera vista. Vertiginoso, amable, idílico.  No podía creer que para ir a trabajar era cosa de gastar cien pesos para tomar el ascensor y ocho minutos de puerta a puerta, caminando por supuesto. Acá el tiempo es otro, es de uno. El primer año fue todo nuevo, la vida en pareja, el estar lejos de tu círculo familiar, el ir armando redes y conociendo nuevas personas”.

¿Lo cuidamos como un patrimonio?
Valparaíso está lleno de tesoros y el mayor patrimonio es su gente.  No olvidemos que es capital cultural de Chile. Es cierto que hay que cuidarlo, y en eso estamos, aprendiendo a cuidar algo que nos quedó grande. Tenemos que hacer un esfuerzo conjunto por ser un referente cultural y artístico a nivel nacional.  Hoy en día hay cada vez más iniciativas para generar conciencia y acercar a los habitantes a nuestro patrimonio, y en este sentido, la Fundación Futuro ha hecho mucho, con sus programas educativos que lo que buscan es justamente eso: Generar espacios de valorización del patrimonio y de la identidad nacional y fomentar lugares de reflexión, recreación y cultura.

¿Por qué te gusta tanto esta ciudad para vivir?
Porque es una ciudad que está viva y hay un espacio para cada uno. Porque aún hay vida de barrio. Porque todavía la señora del negocio de la esquina te fía el “pan batido”. Porque tengo la opción de vivir un poco más abstraída en mi cerro, pero también de bajar al plan donde está todo pasando.

¿Lo mejor y lo peor de Valparaíso?
Lo peor: la falta de áreas verdes. Hay que recuperar los pocos pedacitos que quedan.

María José dice que falta una visión integrada, con altura de miras, que planifique la ciudad y defina ejes estratégicos, los impulse y resguarde aquellas materias importantes. Y habla de los avances notables como el paseo Weelright, la costanera sur de Valparaíso entre el puerto y torpederas y las mejoras en cerros y barrios, producto de planes que integran diversos actores estatales, internacionales y locales.

Pero aclara que el patrimonio no es sólo arquitectónico. “El patrimonio cultural de nuestra ciudad es parte importante del encanto, y el  cuidado de las tradiciones reflejan de mucho mejor manera lo nuestro que un par de edificios. Una comprensión del patrimonio reducida a la infraestructura es un riesgo en términos de conservación. Acá falta pasar de la postal a la realidad, armonizar el avance del comercio y la iniciativa privada con la conservación y el patrimonio”.

¿En qué invertirías?
En educación. Chile es uno de los países que tiene mayores desigualdades no solo a nivel de distribución del ingreso, sino de oportunidades. No puede ser que el rendimiento educacional esté determinado en gran medida por el origen socioeconómico de los estudiantes. Esa es una relación que hay que terminar y para eso lo único que queda es saldar las deudas e igualar la cancha en el camino de la educación. En eso estamos en la fundación. Trabajando por ayudar en la entrega de una educación de calidad e instalar la posibilidad del mérito como el verdadero factor explicativo de la posición en la sociedad. 

Los mejores ejemplos como Alemania o Finlandia demuestran que se obtienen mucho mejores resultados mediante la música, el arte, el deporte, la ciudad como soporte para del aprendizaje que mediante soporte  de puro contenido. Tenemos que pasar del paradigma de los contenidos  y la simple memorización de estos a una en que dejemos a nuestros hijos preparados para enfrentar una realidad en constante cambio.

FUNDACIÓN FUTURO

Su llegada a la Fundación le abrió un nuevo mundo: el mundo de la educación. De eso se tratan las iniciativas y los diversos programas que ofrecen a la comunidad y a los colegios actualmente, como “Descubro mi Ciudad” y “Ojo con las Plazas”, que son propuestas metodológicas que nos hacen entender la ciudad como un espacio educativo, que hablan de crear vínculos, de salir a la calle con los alumnos a que conozcan su ciudad, a encontrarse con su historia, con su patrimonio, con su cultura, a vivirla y hacerla propia. Y de paso, ayudar a formar verdaderos ciudadanos.

Al igual que la directora de Fundación Futuro a nivel nacional, Magdalena Piñera, María José hace suyas sus palabras: “Es necesario usar la ciudad para conocernos mejor, para ir generando espacios culturales que acojan, para generar autoestima, y sentimos orgullosos y responsables de mostrar y de cuidar lo que es nuestro”.

“Estoy encantada con haber podido acercarme a la educación a través de la Fundación. La educación y la cultura tienen que ir de la mano. Cuando arreglas las cosas desde la base, se toma más tiempo, pero dan resultado y eso es lo que hacemos y lo que me mueve de estar acá. Acercar el arte y la cultura a la gente, convocarla a descubrir y poner ojo a su ciudad, abrir horizontes a los alumnos y profesores de Chile, seguirán siendo uno de nuestros principales desafíos”.

¿Es difícil hacer cultura?
Siempre la piedra en el zapato son los recursos, sobre todo en Valparaíso. Es muy desgastante tener que depender siempre de fondos concursables, que hoy día son de las pocas vías de financiamiento que funcionan activamente. Pero por otro lado, el mundo de la cultura en esta ciudad ha entendido que la única forma de crecer y lograr un espacio es uniéndose y generando alianzas.

¿Con el mundo privado por ejemplo?
Todavía no se ve un fuerte compromiso de la empresa privada en este tema, a diferencia de lo que vemos en otras ciudades como Antofagasta con la minería. ¿Qué pasa acá con las empresas portuarias? Podrían descontar ese dinero de sus impuestos a través de la ley de donaciones culturales, una excelente iniciativa, que muy pocos  empresarios utilizan.

Durante julio, la Fundación realizará las llamadas Pasantías Culturales: La ciudad, un espacio educativo”, en su décima versión.  Está dirigida a profesores de todo Chile que tienen que postular a través de la página web www.fundacionfuturo.cl.  Estos son recorridos con un grupo de cuarenta profesores en alguna ciudad de Chile, en este caso, la ciudad que visitaremos en Julio, será Iquique y se les cubren todos los gastos (avión, hotel, comidas, entradas a los museos) ¿Su objetivo? Comprender que la ciudad es un marco y un agente educador que practica la opinión pública y la libertad; expresa el pluralismo.

EN OFF

Dice que le encanta la actuación, pero el oficio de actor es muy sacrificado e inestable. Dice también que la producción es algo con lo que nació y contra lo que luchó durante mucho tiempo. “Creía que para ser actriz tenía que dedicarme sólo a eso, pero hoy entendí que puedo combinar las cosas y que hay momentos para todo y que desde mis capacidades como gestora o productora puedo aportar mucho también. Es sano y me conecta también con otros mundos. Yo no podría vivir sólo de teatro”.

¿Qué te atrajo del teatro?
La vertiginosidad que tiene el hacer algo en vivo, me atrae ese riesgo, me atrae ese nervio en la guata antes de salir al escenario, me atrae la magia de construir nuevas realidades, la posibilidad de opinar y compartir un punto de vista, encontrar y entender la sicología de los personajes. Transformarme, mutar, no reconocerme, reírme de mí.
Me encantaría retomarlo pronto. Me llama la atención el cine, me gustaría incursionar ahí ahora.

¿Qué te enoja?
La injusticia, el cinismo y el doble estándar.

¿Qué te hace reír?
Bromas tontas y simples, el humor de Plan Zeta y los hermanos Martínez.

¿Tu mayor virtud?
Soy buena consejera.

¿Qué no cambiarías por nada del mundo?
Mi familia y mi opción de vivir fuera de Santiago.

¿Tu día ideal?
Que en mi casa despierten a las 9 am (no antes), un buen desayuno con todos los diarios arriba de la mesa. Comprar mariscos en Caleta Portales, ¡los erizos no pueden faltar!  Pasar a tomar una sopa de machas en “Los Porteños”.  En la tarde, un paseo por la playa o por el Jardín Botánico y antes de volver a la casa, un chocolate caliente con churros en el “Amor Porteño” que está en el Cerro Alegre.  Terminar con una hora de lectura tranquila y música clásica en el living de la casa, con la estufa prendida.  Todo esto a pie… ese es el privilegio de vivir en Valparaíso y además tenemos un metro-tren que es un lujo de paseo.

¿Qué libro tienes de cabecera?
La paradoja del comediante, de Diderot (siempre me gusta tener algo de teatro en el velador para mantener ese vínculo activo) y Breve historia del mundo, de Ernst Gombrich.

¿Qué música te transporta?
Sigur Rós me inspira (banda islandesa de post-rock, con elementos de shoegazing y minimalismo. Farinelli me llena). Cerati me transporta a mis años de adolescencia, cuando le robaba los cassettes grabados a mis hermanos.

 

“Una comprensión del patrimonio reducida a la infraestructura es un riesgo en términos de conservación. Acá falta pasar de la postal a la realidad, armonizar el avance del comercio y la iniciativa privada con la conservación y el patrimonio”.

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