En más de veinte años, la artista argentina radicada en Viña del Mar ha evolucionado y se ha perfeccionado en el extranjero, para crear piezas hermosas en cerámica gres que bien pueden convertirse en la vajilla de uso diario.
Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.
Me voy con mi mate a la vertiente que hay en mi parcela y me siento en las piedras. Escucho como corre el agua, a los picaflores mientras hacen sus danzas geométricas, es como un pedacito de las sierras de Córdoba en casa”, comenta emocionada Andrea Lallana (46), haciendo alusión a las vías de escape e inspiración de esta destacada ceramista argentina, radicada hace muchos años en Chile.
Andrea vino a este mundo en la ciudad de Córdoba, Argentina, cursó la primaria y la secundaria en escuelas públicas trasandinas y se tituló de abogada en la Universidad Nacional de Córdoba. En su juventud, no solo las leyes cautivaron su interés, también el teatro, ya que formó parte del TIC (Teatro Independiente de Córdoba) como actriz, participando en varias obras. “Me tocó vivir mi juventud en un momento muy especial en la historia argentina, entré a la universidad el último año de la dictadura y la recuperación de la democracia y la libertad. Esto generó en mí un clima de mucha esperanza, creatividad y compromiso, de tener la certeza de que éramos actores de un gran cambio”, recuerda quien hoy está casada con Diego Lorenzo, ingeniero mecánico y ceramista, y es madre de Julieta, quien cursa segundo medio en el Colegio Alemán.
¿Cómo partiste en este arte?
Con Diego montamos una tienda, Compañía de Indias, dedicada a la artesanía contemporánea y al diseño. Decidimos, con el apoyo de un amigo ceramista, meternos en este mundo y producir una línea de piezas en gres, acordes al concepto que estábamos trabajando en la tienda.
Pero, ¿quién te enseñó a trabajar la cerámica?
Hace casi veinte años que me dedico a esto, aprendí a tornear con Lise Moller, pero principalmente ha sido un trabajo de muchos años de investigación y auto aprendizaje. En el periodo más reciente he realizado varios workshops en EE.UU. (Penland School of Crafts y Arrowmont School of Arts & Crafts), donde mi maestra, Judith Duff, me introdujo al maravilloso mundo del concepto japonés, los esmaltes Shinos y las quemas de cinco días en hornos anagama.
¿Qué encierra tu arte?
En este momento estoy incorporando el concepto de Wabi Sabi a mi trabajo, en cuanto a encontrar la belleza en los detalles más ínfimos, en la imperfección, en la asimetría y el gesto plasmado en la materia. Mis piezas están hechas para proponer un diálogo, una intimidad con quien las usa, invitan a tomarlas y a incorporar un poquito de belleza al cotidiano.
¿Con qué materiales trabajas?
Trabajo con distintas pastas de gres, porcelanas, y esmaltes que formulamos en el taller.
Algunos materiales los adquiero en Santiago y otros los traigo de afuera (EE.UU. y Argentina).
PIEZAS UTILITARIAS
Andrea Lallana realiza principalmente piezas utilitarias. “De manera bien simplificada, te cuento que parto con un trozo de arcilla en bruto y con una idea clara de lo que estoy por hacer. Por lo general, torneo una parte de la pieza y luego la intervengo y la termino modelándola a mano. Una vez seca, se quema a 950ºC, consiguiendo que las piezas se bizcochen y estén listas para ser esmaltadas. Esto se hace generalmente por inmersión o chorreándolas con los esmaltes que nosotros formulamos y preparamos en el taller. Cuando hay suficiente cantidad de piezas, se carga el horno a gas y se quema durante un día entero, hasta llegar a los 1300ºC. Dos días después, se abre el horno, y ocurre uno de los momentos más maravillosos de este oficio: ver lo que hizo el fuego con nuestros trabajos. Cada vez es una experiencia muy intensa y emocionante”.
¿Cómo es tu relación con las obras, te apegas a ellas?
La verdad es que no tengo un gran apego con mis piezas, disfruto mucho más del proceso que del producto. Claro que siempre es maravilloso abrir el horno y encontrarte con una pieza buena… En esos momentos sí me pongo muy contenta con unos yunomis, una caja de porcelana o con un esmalte Shino que ha salido fantástico.
¿Te enorgullece lo que has avanzado en este arte?
Sí, me enorgullece haber desarrollado una técnica como el naked raku, hace un par de años. Comencé a investigarlo e implementarlo y, en este momento, estoy haciendo jornadas de Quemas de Raku todos los meses, donde vienen ceramistas de todo Chile.
Sé que la docencia te apasiona, ¿cómo ha sido el trabajo con tus alumnos?
Genial, me interesa que mis alumnos se involucren con esto, que también se apasionen, jueguen y tomen riesgos. Que encuentren su propio lenguaje con la arcilla, ya sea para hacer una escultura o una sopera.
¿Cómo es la dinámica de tus talleres?
Creo fervientemente en lo colectivo, en el taller los alumnos se reúnen a trabajar sin supervisión, varios días a la semana, en Martín de Salvatierra 622, Los Almendros, Reñaca. Esto genera un ambiente de trabajo muy rico, en un clima de cooperación y autonomía.
CERAMISTAS DE REÑACA
De estos talleres surgieron los Ceramistas de Reñaca, grupo compuesto por los alumnas/os y profesores que ya han participado en exposiciones en Reñaca y Santiago. “Estoy muy contenta porque, en este momento, hay varias alumnas que están armando su taller propio, y ese es el objetivo de todo esto. Tenemos un blog que es www.gresderenaca.blogspot.com, agrega Andrea Lallana.
¿Qué exposiciones has realizado últimamente?
La 6ª Bienal Regional de Cerámica Artística (2005); Elit-tile”, III Trienal Internacional del Tile Cerámico, Santo Domingo, República Dominicana, (2006); Ceramistas de Reñaca Exposición, Reñaca (2010) y 8ª Bienal de Cerámica Artística, Viña del Mar, en mayo 2012.
Entiendo que este 2012 está siendo muy intenso…
Sí, a partir del segundo semestre comienzo a hacer clases en la Escuela de Diseño de la Universidad de Valparaíso, donde estaré a cargo del Laboratorio de Cerámica. En octubre me invitaron a una exhibición en Madison, EE.UU.; con los Ceramistas de Reñaca nos presentaremos en la Feria del Gres, en la Corporación Cultural de Las Condes (septiembre y diciembre). Además, queda tiempo para los sueños, que me gusta transformar en proyectos… el próximo es hacer una residencia en el taller de un maestro ceramista japonés.
“Me interesa que mis alumnos se involucren con esto, que también se apasionen, jueguen y tomen riesgos. Que encuentren su propio lenguaje con la arcilla”.