Según la revista Forbes, la segunda temporada de esta serie de HBO, iniciada en abril, se convertirá en la producción más pirateada del año. Ya van veinticinco millones de descargas. Sucede por una decisión de HBO que volvió como un boomerang golpeando en la nuca: demasiadas trabas para verla en EE.UU. en señales de pago masivas como Netflix. Y como el público de Game of thrones es, en su mayoría, adulto joven, masculino y adicto a internet, es más fácil bajarla a la mala. Pero para que eso ocurra, obviamente debe haber una buena trama. Descrita como Los Soprano en la Edad Media, la comparación no es antojadiza.
Basada en la exitosísima saga Canción de hielo y fuego, del escritor estadounidense George R.R. Martin (para la revista Time, uno de los cien personajes más influyentes de 2011), Game of thrones cuenta las disputas de poder entre familias por el dominio del ficticio continente de Poniente, en los tiempos del Medioevo. Llevada a la pantalla por los escritores y guionistas especializados en ciencia ficción y fantasía, David Benioff y D.B. Weiss, la serie condensa toda la estética, personajes y temas ad hoc: reyes, reinas, caballeros, villanos, castillos, espadas, lealtades y valentía.
Cada ingrediente podría sugerir un enésimo relato medieval cargado de clichés, pero Game of thrones ofrece otra mirada de aquel periodo. Es un enfoque sugerente de que los conflictos relacionados con el poder territorial y político, siempre son los mismos. Puede ser la antigua Roma, la Edad Media o el mundo contemporáneo, pero los intereses y la clase de maniobras para conquistar y gobernar no cambian. Además, se pone en evidencia la esfera de la superchería, sometiendo al pueblo y a una elite educada y consciente de las posibilidades de mantener ese status quo. Todo ese escenario está entramado con giros dignos de la mejor teleserie, con intrigas, sexo y sangre. Un best seller consumado y adictivo.
Game of thrones. Domingo 22:00 horas, en HBO.