Tell Magazine

Entrevistas

EDICIÓN | Junio 2012

TV a su medida

Martín Cárcamo Papic, animador
TV a su medida

Nada en la carrera televisiva del ingeniero comercial viñamarino se ha debido al azar. Gracias, quizás, a su formación profesional o a la pasión que siente por las comunicaciones, ha estudiado estratégicamente su rol en cada programa en que ha estado, desde sus inicios en UCV TV, hasta su exitoso presente en Canal 13.

Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva

En plenos años noventa, Martín Cárcamo (37), con el mismo “rubio natural”, saltaba, gritaba y se reía animando a los estudiantes que competían en Punto de Quiebre, programa juvenil de UCV Televisión, luego locuteaba en la emisora de dicha empresa y corría a la Universidad Viña del Mar para continuar sus estudios de ingeniería comercial. Nos conocimos entonces, cuando el bichito de la animación le estaba picando tan fuerte —dejando la ingeniería en un definitivo segundo plano— y nos volvimos a encontrar, quince años después, para recordar parte de su historia profesional en Tell.    

“Mi amigo Gianfranco Basolo me descubrió, él me invitó a coanimar sus programas en tv y radio. Tiempo después me fui a Santiago y de ahí no paré más”. Sí, porque el ex alumno del tradicional colegio Mackay se convirtió en otro de los “hijos ilustres” del canal Rock and Pop, y poco a poco fue creciendo y madurando en los principales canales de la televisión chilena, hasta desembarcar en el 13, donde hoy brilla con luz propia.
 
¿Alcanzaste a ejercer la ingeniería comercial?
No, egresé, dejé mi memoria a medias y me puse a trabajar como animador. Volví a titularme hace como dos años en una acción kamikaze —ya estaba casado y tenía a mis dos hijos—, gracias a un curso especial que se abrió para ex alumnos, que llevábamos más de diez años egresados. Tuve que volver a la universidad por tres meses, viajando a Viña cada viernes, sábado y domingo, ¡una locura! Finamente di mi examen de grado y me titulé.  

Cuando estabas en UCV TV ¿tu mente ya se proyectaba a Santiago?
Al empezar a trabajar en esto, me di cuenta que tenía vocación de animador. Toda mi vida había estado medio perdido, tenía demasiados intereses y la ingeniería comercial me acomodaba pero no me llenaba. Sentía que quería ser actor, pero no tenía talento; había estudiado música pero no me veía viviendo de ello, y de repente, al empezar a animar, descubrí que yo era una suma de muchos intereses artísticos que se resumían en un comunicador y que eso sí me fascinaba. En ese momento nació la idea de irme a Santiago lo antes posible.  
    
PRUEBAS DE CÁMARA

Como todo nuevo rostro, Martín se fue a vivir con parientes y amigos a Santiago, hizo  pruebas de cámara y se quedó en Rock and Pop, algunos años, animando programas como Media naranja y Noches de verano. Luego, se acercó a Chilevisión: “fui el último en presentarme en el casting para Extra Jóvenes y quedé. Ahí empezó mi carrera formal y comencé a vivir de la animación”. Estuvo además en Siento que vienen por mí, Amor a ciegas y Primer plano, “hice de todo, animé, inventé y produje programas e, incluso, financié pilotos”.

¿Primer plano fue la catapulta al éxito?
Sí, Iván Nuñez, quien entonces era el editor del programa, fue mi padrino en Chilevisión. Yo no estaba conforme con lo que hacía y él me invitó a trabajar en Primer plano para hacer entrevistas humanas. Le recordé que yo no era periodista, pero él me explico que veía en mí una facilidad para conversar con las personas. Tuve que producir las entrevistas, hacer los cuestionarios e, incluso, editar audiovisualmente el material. Estuve ocho meses haciendo todos los roles. El resultado fue bueno, la gente se empezó a confesar conmigo y mis notas se convirtieron en portada de varios diarios de farándula. Esto generó que me llevara la grúa de TVN.   
 
Partiste en Pasiones…
Sí, llegué como notero y a los dos meses Felipe Camiroaga se fue a animar Buenos días a Todos y yo quedé a cargo con Bárbara Rebolledo.

¿Felipe fue tu padrino en TVN?
Más que padrino, fue como un hermano mayor para mí. El tenía diez años más que yo y fue muy generoso conmigo porque me entregó mucha confianza para poder trabajar juntos. Fue un gran amigo, capaz de explicarme cómo operaba la televisión en las grandes ligas y cómo liderar equipos, lo cual hoy aplico con mi gente. Nunca competimos, por nuestra diferencia de edad; por eso el hecho que yo lo reemplazara jamás generó polémica.
 
Te ha tocado estar en los últimos años de programas que después han muerto, como Extra Jóvenes y Rojo, ¿cómo te afecta esto?
Siempre he sido un tipo que ha decidido su propia carrera, no me he encontrado con los programas ni ha habido suerte de por medio. Cada cosa que hago es porque yo la he generado y la he ido a buscar. Cuando me pidieron animar Rojo podía haber dicho que no, pero sentía que era una segunda oportunidad… No nos fue bien, pero es parte de la historia de todo conductor. El que piensa que siempre le va a ir bien en la industria de la televisión está equivocado.  

¿Qué hiciste entonces?
Cuando a un conductor le va mal en un horario suele irse a otro, pero no fue mi caso. Me fue mal en Rojo, pero no esperé que me trajeran un proyecto, decidí crear algo nuevo, presenté varios y el noveno fue aprobado. Hablo de Calle 7, un programa que inventé con otras personas y después se vendió a otros países con gran éxito. También me aventuré con El último pasajero, un formato comprado en Argentina que nosotros adaptamos y está presente en quince países. Lo curioso es que cada vez que lo adquiere alguien nuevo viene a Chile a “capacitarse” porque las modificaciones que nosotros hicimos gustaron mucho.  

BIENVENIDO A CANAL 13

¿Por qué en un primer momento te fuiste a Canal 13 para hacer lo mismo que en TVN, con Quiero mi fiesta?
Porque yo no iba a hacer ese programa, me había cambiado por el matinal, pero el canal tenía ese proyecto y me pidió hacerme cargo. De hecho, ya no quería hacer programas juveniles, pero me plantearon que era ridículo tenerme guardado si yo tenía experiencia en el mismo formato. Acepté con el compromiso de poder animar un estelar, lo cual espero se concrete este año.   

¿Sientes que si hubieses aguantado más en TVN, hoy serías el heredero directo de los programas de Felipe Camiroaga?
Absolutamente, de hecho me fui de TVN cuando él aún estaba vivo porque sabía que en el momento en que Felipe dejara Buenos días a todos, lo más probable es que me iba tocar animarlo a mí y yo no quería eso.

¿Por qué?
Porque quería crear mi propio matinal, junto a Tonka Tomicic y nuestro equipo de trabajo. Creía en otras lógicas de trabajo, porque ya había heredado Rojo y aprendí que heredar un programa finalmente es como ponerse un traje que no es a tu medida. Soy un animador que necesita un traje a su medida.

¿A qué atribuyes el hecho que tu cambio de canal fue exitoso, a diferencia de lo ocurrido con Margot Khal, por ejemplo?
Ocurre que yo hice una diferencia, me vine con todo mi equipo. Uno va aprendiendo
que como conductor no sacas nada si no tienes un buen equipo. Con Tonka habíamos trabajado antes juntos en los reemplazos que hice y, con mi equipo, llevo mínimo siete u ocho años.

¿Cómo han logrado destronar a Buenos días a todos?
Porque tenemos una mirada súper actual de las cosas, somos un equipo muy honesto, que trata al público en forma horizontal. Y con Tonka somos una dupla que tiene experiencia en matinales y programas diarios.

ACTOR Y DIRECTOR DE CINE

El teatro y la actuación también forman parte de los intereses de Martín, quien disfruta cada vez que le ha tocado interpretar sketchs en los diversos programas que ha animado; incluso, protagonizó una mini teleserie en el matinal del 13. Esas livianas actuaciones, además de una lejana obra que montó en Valparaíso en su época universitaria, se suman a Ellas quieren... él no puede, su primera obra con todas las de la ley, que montó en teatros capitalinos el 2009 y 2010. Se trató de una pícara comedia en la que compartió roles con las experimentadas actrices Violeta Vidaurre y Gabriela Medina, quienes interpretaban a dos solteronas que transformaban en su objeto de deseo y obsesión a un galán de teleseries, encarnado por Cárcamo.


¿Volverías a hacer teatro?
Me interesa y me encanta, pero ahora me es incompatible. El teatro es muy desgastante, yo estuve jueves, viernes y sábado metido en una compañía durante siete meses y sé que es muy pesado. Hoy con el horario de matinal, donde cada día me levanto a las 5:30 de la mañana, es inviable. Me tengo que acostar temprano, sino no me da el cuero, piensa que también tengo que ser marido y papá.

¿Es cierto que estás dirigiendo una película?
Sí, estoy produciendo una película, es un proyecto personal, se llama 09 y es el primer filme hecho en celulares en el mundo. Tiene un súper elenco, con Catalina Saavedra (protagonista de La Nana) y espero estrenar en salas de cine este segundo semestre.

¿Cómo fue tu participación como actor en el filme de Kramer?
Ahí hago de mí mismo. También participa mi señora, Carolina Castillo, que es periodista igual que tú. Aceptamos salir los dos, porque somos amigos de años de Stefan.

¿Y tus niños aparecen en la película?
No, mis hijos Alfonsina (7) y Luciano (6), nunca aparecen en ninguna parte, a menos que nos saquen una foto sin darnos cuenta.
 
¿Va a crecer la familia?
Si Dios quiere, sí… ¡y si mi señora quiere! (ríe).

 

“Siempre he sido un tipo que ha decidido su propia carrera. Cada cosa que hago es porque yo la he generado y la he ido a buscar”.

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