Durante un largo invierno en una pequeña población, llega un campesino al almacén con el fin de comprar un aparato que le sirva para mitigar un poco el intenso frío de las noches, y dirigiéndose al dependiente dice:
-“Por favor me vende una bolsa de esas plásticas... de las que se les pone agua caliente para calentar un poco la cama”.
-“Lo siento amigo, pero con estas heladas tan espantosas todo el pueblo ha venido a comprar las bolsas térmicas, y se han agotado por completo”, contesta el dueño de la tienda.
- “¡No puede ser! ¿Entonces qué me aconseja?, ¡véndame algo que me sirva para el mismo fin!”, suplica el campesino.
-“Ya no tengo nada que le pueda servir... Lo único que se me ocurre es prestarle mi gato...”.
-“¿Un gato?”, pregunta extrañado el hombre.
- “Sí, mi gato es gordito, lo ubica dentro de la cama, y lo calentará durante toda la noche. Ya mañana me llegan las bolsas, Ud. viene, me devuelve el gato, y se compra una bolsita para que le coloque agua hirviendo”.
- “Si esa es la solución, la acepto. Muchas gracias”, dice el campesino y sale con el gato debajo del brazo.
Al día siguiente muy temprano llega el campesino a la tienda, con la cara como un mapa; rasguñada, mordida y con moretones por todas partes, y muy enojado dice:
-“Aquí está su estúpido gato, ¡estuve a punto de matarlo!, mire cómo me volvió la cara”.
-“Pero, ¿qué pasó?”, dice el dueño de la tienda. “Si mi gatito es el animal más dócil y tranquilo que existe…”.
-“¿Tranquilo? ¿Dócil?... Ese gato es una fiera... cuando empecé a echarle el agua hirviendo para el frio…¡se volvió loco el desgraciado!”.