Un grano de arena. Eso comenzó siendo todo esto para María José, la vocera de un movimiento que en poco tiempo adquirió ribetes sociales y reflotó un conflicto bastante antiguo poniendo en evidencia el incierto destino de las dunas de Concón. ¿El fin? Proteger un ecosistema único y ampliar a cuarenta y cuatro hectáreas el actual Santuario de la Naturaleza que se encuentra en ese campo dunar. El tema ya es parte de la agenda nacional.
Por Macarena Ríos R. / fotos: Vernon Villanueva B.
Nos encontramos en el escenario perfecto para esta entrevista: las dunas de Concón. Un manto enorme de riqueza arqueológica que fulgura como nunca a los rayos del sol. El calor del mediodía es inclemente. La resolana reflejada en la arena, también. Nos sentamos entre el cielo y el suelo, tratando de desmadejar esta historia de dimes y diretes. De apelaciones, fallos, proyectos de acuerdo y resoluciones.
De vez en cuando el grito de un pájaro. De vez en cuando la algarabía risueña de unos niños que bajan raudos practicando sandboard. De vez en cuando el silencio parece impregnarlo todo.
“Perder las dunas sería como perder nuestra identidad”, dice María José. “¿Qué pasa si se hubiera querido urbanizar el Morro de Arica, o el cerro Santa Lucía en Santiago o el Ñelol en Temuco?”.
RED DUNA LIBRE
Esta iniciativa comenzó tímidamente en julio de 2011 de la mano del biólogo Sergio Elórtegui, —con el fin de preservar y cuidar un ecosistema milenario y ante la noticia de la urbanización del campo dunar— pero que con el correr del tiempo fue tomando forma, peso y consistencia hasta transformarse en todo un ícono de las redes sociales. La noticia de que iban a cercar el campo dunar, de que se construirían once edificios (en una primera etapa del proyecto de la Inmobiliaria Reconsa) en ese sector, de que el Santuario que ahí existía estaba en peligro, prendió como pasto seco. Estaba en Twitter, en Facebook, en las noticias, en la sobremesa de las casas.
Como parece ser la consigna en estos tiempos, los vecinos se organizaron, salieron a la calle, juntaron firmas. Más de cincuenta mil para ser precisos, que esperan entregar durante este mes en la Moneda. Firmas que apoyan el movimiento, que quieren resguardar un patrimonio que es de todos, que no quieren que las dunas desaparezcan. “Nacimos para poner en valor las dunas”, puntualiza María José.
La carga ambientalista que generó en ella su paso por Estados Unidos y el encuentro fortuito con Sergio Elórtegui, quien impartía un taller de ecología en el colegio de sus hijos, hizo que esta licenciada en Arte abriera los ojos y se hiciera parte de esta verdadera cruzada. “La sala de clases de Sergio es el Santuario y yo comencé a conocerlo a través de los ojos de mis hijas, que continuamente realizaban expediciones al sector. Ahí me di cuenta de la tremenda biodiversidad que posee”.
Ella tiene la empatía necesaria y las ganas, como toda vocera. Una vocera de muy bajo perfil que debió vencerse a sí misma y que no quiere claudicar. Que junto con un equipo humano —compuesto por Javiera Correa, Claudia Jofré, Constanza Harrison, Camila Hernández, Loreto Valenzuela y el propio Elórtegui—, ha golpeado decenas de puertas juntando firmas, que se ha entrevistado con la Ministra del Medio Ambiente, que tiene el apoyo irrestricto del Consejo Regional de Valparaíso y de la Municipalidad de Concón, que ha ido a hablar incluso con el gerente general de Reconsa, la inmobiliaria que actualmente es dueña de gran parte del campo dunar, en busca de una solución. Su objetivo es claro: obtener mayor protección para el Santuario de la Naturaleza y las doscientas cincuenta especies que viven ahí y en lo posible, ampliarlo a través de un “área de amortiguación” (espacio libre para que esas doscientas cincuenta especies no sean contaminadas por la urbanización). “Es la única manera de que sobreviva el Santuario”. Estamos hablando de veinticuatro hectáreas más. Una tarea nada fácil, pero no por ello imposible.
LOS ORÍGENES
Esta riqueza arqueológica fue declarada Santuario de la Naturaleza el 5 de agosto de 1993. Algunos meses después, y a raíz de continuas declaraciones por parte de los sectores afectados, se modifica dicho decreto y se reduce el área beneficiada de 45 hectáreas propuestas a tan sólo 12,5.
María José explica que durante la administración del ex alcalde de Concón, Oscar Sumontes, se realizó un estudio serio y se llegó a la conclusión de que, si bien es cierto que el sector de la Duna Mayor carecía de valor orgánico, hacia el norte existía un Santuario con una biodiversidad importante que había que ampliar. “A través de diversas negociaciones se logró anexar siete hectáreas más, llegando a 19,5 las hectáreas protegidas”.
Hay mucha gente que no sabe que en este lugar hay un Santuario…
Imagínate que ni yo misma lo sabía. Las dunas de Concón son un ecosistema de gran atractivo por su formación geológica, que permite hacer caminatas, parapente, sandboard y el tradicional juego de deslizamiento por las dunas. Pero hoy lo quieren transformar en un centro inmobiliario de departamentos con vista al mar, y este campo dunar es parte de unos de los santuarios de la naturaleza más abandonados por las autoridades del país. No existen recursos para apoyar y ayudar a conservar estos lugares.
¿ECOSISTEMA EN PELIGRO?
Resulta impresentable que a escasos metros de un Santuario, hallan colillas, latas de cerveza y plásticos por doquier. Da hasta vergüenza el poco respeto que hoy le damos a un baluarte regional. “Me da pena y rabia que todo esté tan sucio, que haya tan poca conciencia de lo que tenemos. ¿Sabes lo que va a pasar si se cercan las dunas? La gente va a hacer pedazos el Santuario, van que querer tirarse con tablas, van a hacer sus carretes ahí, alterando toda la flora y fauna del sector”.
“Gracias a la gestión de la Municipalidad de Concón, se logró congelar todos los permisos de edificación en las dunas por tres meses, resolución extendible a un año”, explica María José. Durante ese lapso de tiempo pretenden que el Ministerio del Medio Ambiente entregue el Plan de Manejo del Santuario al que se comprometió: un estudio acabado de lo que se quiere proteger y que comprometa además, el área de amortiguación.
A fines de febrero —y ante el fallo a favor de Reconsa por parte de la Corte de Apelaciones de cercar el campo dunar, donde más adelante construirán departamentos con vista al mar— Red Duna Libre apeló a la Corte Suprema como última instancia. “En este momento, el proyecto inmobiliario se encuentra suspendido y el 18 de enero se declaró, unánimemente en la Cámara de Diputados, que el campo dunar pasaría a ser también parte del actual Santuario de la Naturaleza”.
¿Y qué pasa si finalmente es declarado Santuario en su totalidad?
Como seguirá siendo privado, existen tres opciones: la primera es dejarlo abierto a la comunidad e implementar el plan de manejo que acuerde el ministerio; la segunda, es cerrarlo al público de igual forma poner en marcha el plan y la tercera tener un control de quienes entran y salen del sector y las actividades que se hagan dentro. La idea es protegerlo.
Y mientras la pugna continúa, Red Duna Libre tiene planeado realizar nuevamente una limpieza del campo dunar para abril. Como dato, en la última limpieza realizada por ellos en enero, recogieron quinientas latas de cerveza, ochocientos envases plásticos de bebida, cinco sacos con botellas de alcohol, cien kilos de cartón y quinientos kilos de basura no reciclable.
BUHO DE BATALLA
María José no baja los brazos. Su corazón y su espíritu enarbolan con altivez la bandera de lucha por la preservación del campo dunar en Concón. Lo sabe el senador Francisco Chahuán, lo sabe el alcalde del sector, Jorge Valdovinos, lo sabe la Ministra del Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, quien se mostró abierta a estudiar el tema técnicamente para declarar Santuario de la Naturaleza a la totalidad de las cuarenta y cuatro hectáreas de dunas que ahí existen.
“Cierra los ojos y piensa en Concón”, me invita. “¿Qué se te viene a la mente? ¡Las dunas!”, contestamos casi al unísono.
“Quiero mostrarte algo”, dice, mientras se para y se sacude la arena con parsimonia. A pocos metros de donde estamos hay un monolito que marca el inicio del Santuario. Arbustos pequeños y medianos crecen increíblemente en la arena. Y en uno de ellos, absolutamente mimetizado, hay un pequeño búho. Se llama pequén. “Hace cinco años habían quince nidos, hoy sólo quedan cuatro. No estamos en contra de la urbanización como algunos creen, estamos en contra de lo que está pasando a nivel medioambiental. Muchas de las especies que habitaban este lugar han emigrado o simplemente, se han extinguido. ¿Eso es lo que queremos?”.
“Perder las dunas sería como perder nuestra identidad. ¿Qué pasa si se hubiera querido urbanizar el Morro de Arica, o el cerro Santa Lucía en Santiago o el Ñelol en Temuco?”.
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