A diferencia de lo que ocurrió con las fiestas del Bicentenario de la República, en 2010, que pasaron casi desapercibidas en Concepción, a causa de un cierto desgano ciudadano, pero también por las secuelas del reciente terremoto, el Cuarto Centenario de la ciudad, en 1950, fue una gran fiesta. <br /> <br /> Concepción, fundada a orillas del mar un 5 octubre de 1550, cumplía cuatrocientos años, arrastrando una existencia ruda y azarosa. Sublevaciones indígenas, salidas de mar y varias revoluciones pusieron a prueba ây también forjaronâ el carácter de sus habitantes. Varias de las ciudades que fueron fundadas en la misma época, como Cañete, Angol, Osorno o Villarrica, no resistieron al gran levantamiento de Curalaba (1598) y debieron ser refundadas en tiempos posteriores. Concepción, en cambio, como cabeza militar de la Frontera, resistió porfiadamente. La bendición de la nueva catedral, que tuvo lugar el mismo día 5 de octubre de 1950, es la mayor prueba: ¡era la séptima catedral que levantaban los penquistas!, considerando los dos emplazamientos que la ciudad ha tenido.<br /> <br /> Es por eso que, para celebrar el IV Centenario, la ciudad se preparó esmeradamente. Una ley especial, la 9.574, creó la Comisión organizadora del IV Centenario de Concepción, bajo la presidencia del âIntendente de Concepción, Sra. Inés Enríquez Froddenâ, como se decía entonces, sin feminizar el sustantivo. A la misma intendenta le correspondió luego presidir las festividades.<br /> <br /> Estas empezaron en la mañana del día jueves 5, con la recepción de los ministros de Estado y del Embajador de España, en la estación de trenes. Venía también con ellos don Juan Murillo de Valdivia, descendiente del conquistador extremeño, a sumarse a los festejos. Luego de la bendición de la catedral se entregaron doce semáforos donados por la colectividad italiana, símbolo de la modernidad y de las nuevas necesidades que traía el progreso. Hubo presentaciones gimnásticas y actos académico-históricos; desfiles, fuegos artificiales y presentación de bandas y hasta una reconstitución de la fundación. No faltaron, por cierto, en los días que duraron los festejos, cenas en el Centro Español y bailes de gala en el Club Concepción, pero también grandes bailes populares y carreras de caballos.<br /> <br /> Con la llegada del presidente de la República Gabriel González Videla, el día sábado 7, continuaron los festejos. Las autoridades visitaron en Penco el lugar de la fundación, entre otros actos simbólicos.<br /> <br /> A diferencia de lo que ocurrió en Concepción en 1910, con ocasión de las Fiestas del Centenario, el IV Centenario de la ciudad sí dejó un legado material. Modesto, pero muy significativo. Mencionemos la modernista fuente de la Plaza Perú, donación de la colectividad alemana; los monumentos a O´Higgins y a Prat, situados en la Plaza de los Tribunales, que aún perduran, a pesar de las intervenciones que han sufrido; el mástil monumental, donado por el Rotary Club, que se sitúa frente a la intendencia; la estatua de Pedro de Valdivia, de muy bella factura, ubicada modestamente en una plazoleta junto al actual municipio. Su primera piedra también data de esas alegres fiestas, cuyas noches eran amenizadas en clubes como âEl Quijoteâ, inaugurado en aquellos días y que hoy por fortuna ha renacido. Junto a estos legados materiales, que aún perduran, el IV Centenario produjo una obra magnífica, el Libro de oro de Concepción, de Carlos Oliver, sabio naturalista avecindado en la ciudad y Francisco Zapata, que muchos hogares penquistas conservan todavía con afecto.<br /> <br /> Los 450 años de Concepción, en el 2000, en cambio, a diferencia de lo ocurrido en 1950, pasaron casi en silencio. Solo la publicación del libro Concepción, vivir su historia, por la Sociedad de Historia de Concepción, hizo excepción a ese injustificable silencio. Ahora la ciudad se encamina hacia el medio milenio de vida; ojala que cuando llegue ese día haya mucho que celebrar ¡Y que lo hagamos âcomo Dios mandaâ!