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EDICIÓN | Enero 2012

El placer de actuar

Carolina Vera, actriz
El placer de actuar

Celosa de su vida privada, de mirada intensa y ademanes europeos, esta porteña de nacimiento ha desarrollado gran parte de su carrera en Alemania, donde actualmente reside. De sus estudios de periodismo, su última película filmada en Estambul y su afición por las lecturas dramatizadas y el buceo, nos habla en esta entrevista.

Por Macarena Ríos R./ fotografías Vernon Villanueva B.

Es alta, delgada, de pelo oscuro y ojos almendrados. Pese a su sangre latina, hay algo en ella que no es de este continente. Definitivamente. Su seguridad, su aplomo, su garbo, aparecen inconfundibles durante la sesión de fotos. Elegante y segura se entrega al lente, que la retrata con insistencia. Con exquisita naturalidad, su cuerpo busca los ángulos perfectos que logren captar su esencia y estilo. Igual como lo hace para publicaciones internacionales como Brigitte, Vogue y Hoerzu.

¿Por qué Alemania?
Por destino indirecto. Tenía diez años cuando partí a Berlín con mi mamá, una ciudad muy interesante, con una tremenda historia. Llegar hasta allá fue como viajar a la luna. Todo me impresionaba, el idioma, las calles, los edificios, el clima. Como era una niña, lo tomé como una gran aventura. He crecido ahí, me abrí camino, tengo a mis amigos, mi familia. Berlín ha sido mi vida y ya formo parte de ella. Me siento una berlinesa.


LOS ORÍGENES

Admiradora de Charlize Theron, Cate Blanchett (“siempre la he visto brillante”) y Leonardo Di Caprio, el primer amor de Carolina fueron las comunicaciones. Sin tener una idea clara de cómo pensaba potenciar su gusto por la literatura y el lenguaje, se entregó, espontánea, a la carrera de periodismo, mientras daba sus primeros pasos en actuación, de manera informal.

Ya egresada como periodista, colgó el cartón para siempre y decidió escuchar a su corazón. Berlín, Los Ángeles y Londres fueron sus destinos de formación como actriz. En Alemania estudió actuación con Frank Betzelt; realizó cursos en el Central School of Speech and Drama en Londres y posteriormente en el Actor’s Studio y en el Hollywood Acting Workshop de Los Ángeles. Y de ahí no paró más. Series, telefilmes y películas germanas llevan su impronta. Huella que le ha valido el reconocimiento de la crítica por sus espléndidas actuaciones y que la ha hecho acreedora de algunas nominaciones a importantes premios europeos: mejor actriz del Festival de Televisión de Montecarlo y el Goldene Kamera (equivalente al Oscar), como mejor actriz alemana por la película para la televisión Schutzlos (Indefensa), donde interpreta a una hondureña viviendo oculta en Alemania.

¿Ese ha sido el rol más difícil de realizar?
Fue un personaje dramático en el que me di cuenta de que estaba trabajando como obrera y cuya entrega fue reconocida con dos importantes nominaciones durante el 2011.

¿Qué formato te acomoda más, cine, teatro o televisión?
Mientras a mí me ofrezcan un papel interesante, con un personaje rico en matices, y una historia profunda, lo voy a elegir. Enfoco bastante el tema en el guión, en la calidad y complejidad de la escritura, eso es lo que más me lleva a tomar una decisión, sea teatro, cine o televisión.
Carolina echa por tierra los rumores de que su participación en El perfume de Tom Tykwer —donde compartió roles con Dustin Hoffman— fue la puerta de entrada a la pantalla grande. “La puerta más importante que abrió esa película fue que alguien en Chile se dio cuenta de que había una chilena actuando y por eso me invitaron al Festival de Cine en Valdivia (2007). Esa fue una participación bastante pequeña dentro de una tremenda película”.

OJOS AMARILLOS

Además de la actuación, la actriz ha expandido su carrera a través de la voz mediante la narración literaria y el complejo arte del doblaje de películas. La chilena no solo es la voz alemana de la actriz española Penélope Cruz en cintas como Blow y El corazón entre las nubes. También dobla la voz de Salma Hayek en el personaje Kitty Softpaws de la película El gato con botas.

El 2011, la prestigiosa editorial Random House la reclutó para que narrara el audio libro Los ojos amarillos de los cocodrilos, de la autora francesa Katherine Pancol, una tarea titánica que le reportó estar grabando durante doce días a un ritmo agotador. “Grabar el audio libro fue tremendo, nunca me imaginé que iba a ser tan cansador. El primer día tuvimos que hacer una pausa de tres días porque me quedé sin voz”. Pastillas que crean más humedad en la boca, mucha agua y dulces fueron algunos de los tips para poder terminar con la notable tarea de grabar cerca de ochocientas páginas. Notable, porque Carolina tuvo que encarnar a todos los personajes con su voz.

¿De donde viene esa afición por la lectura dramatizada?
Es algo muy mío, me causa todo tipo de sentimientos leer, me emociona mucho, me hace llorar, me hace reír. Entre la lectura, la escritura y yo, no hay filtros.

¿Lo harías de nuevo?
Me ofrecieron otro libro, pero por problemas de tiempo no lo pude aceptar. Lo que sí tengo claro es que haremos la segunda parte.

JURADO INTERNACIONAL

Invitada como jurado del Festival Internacional de Cine de Viña del Mar, y con el tiempo justo entre una actividad y otra, Carolina resulta encantadora. Confiesa que no viaja tanto a Chile como le gustaría y que no le gusta cuando la ponen bajo presión, “esa es una manera muy fácil para sacarme de quicio”. Asidua a la lectura, le encanta la literatura, leer, y hablar. “¿No se nota?”, pregunta con una sonrisa divertida. Todavía recuerda cuando le leía a su mamá lo que encontrara a su paso, desde una noticia interesante, hasta el manual de instrucciones de una lavadora.

Es fanática del deporte y el yoga. Y adora el mar. “Me apasiona el océano, mirarlo, estar cerca de él, nadar, bucear”. Carolina aprendió a bucear hace once años y lo hace cada vez que puede y tiene la oportunidad. “Me encanta, es un universo increíble, ahí abajo es estar en otro mundo. He buceado en México, Egipto, Asia”.

De padre chilote y madre santiaguina, dice que compatibilizar los viajes con la vida familiar es todo un desafío, pero que se logra con el tiempo, que le cuesta estar fuera de casa cuando debe ausentarse por motivos laborales, pero que en el momento de actuar se le va la vida en ello y se convierte en el centro de su universo. “Me distraigo, pero en cuanto puedo, vuelvo inmediatamente a casa”.

¿Qué destino te ha maravillado?
Estuve filmando una película casi seis meses en la rivera maya de México, Tulúm, simplemente maravilloso y un paraíso para bucear. La selva, el mar, la gente, la comida, ¡increíble!  Hace poco terminé de rodar en Turquía (Mordkommission Istanbul para el canal ARD, donde interpreta a la escritora iraní Nesrin Barahmi, quien tras huir de su país fue perseguida por los servicios de inteligencia iraníes) y me enamoré de Estambul. Es una ciudad fascinante, caótica, bella, loca.

¿Qué te hace feliz?
La familia, mis amigos, estar sana, saber y sentir que los míos están bien.

¿Tus películas favoritas?
El libro de la selva, Lección de piano y Monster.

¿Te sientes en deuda con el cine chileno?
Me siento muy vinculada con Chile en general, con su cultura, con el humor, con el arte chileno.

¿Cómo ves el nivel cinematográfico chileno?
Creo que el cine chileno ha avanzado a pasos agigantados en estos últimos años y está cada vez más presente en el extranjero; por ejemplo, el 2011, la película de Cristián Jiménez formó parte de la selección de Cannes y la cinta de Matías Bize ganó un Goya a la mejor película hispanohablante y eso refleja que no solo se están dando más a conocer fuera del país, sino que están obteniendo reconocimientos importantes. Hay talentos increíblemente capaces que hacen películas muy buenas. Un poco melancólicas, poéticas.

¿En qué te fijas tú al momento de elegir una película?
Dejando a un lado las buenas actuaciones, me fijo bastante en que sea una obra maestra, que esté bien hecha, que tenga profundidad. Me impresiona mucho todo lo que es el lenguaje cinematográfico, de cómo el director puede llevar el elenco, los actores y el desarrollo dramatúrgico.
El tiempo vuela. Ya es hora. Resuelta y elegante deja el café en la mesita de apoyo, se alisa los pliegues de su falda pantalón y comenta ante la siguiente pregunta: “Estoy feliz, contenta, me siento súper querida, me encanta mi vida privada y necesito que siga siendo así”.

 

“Tenía diez años cuando partí a Berlín con mi mamá, una ciudad muy interesante, con una tremenda historia. Llegar hasta allá fue como viajar a la luna. Todo me impresionaba, el idioma, las calles, los edificios, el clima”.

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