Tell Magazine

Columnas » Archivo Histórico

EDICIÓN | Agosto 2011

El “tren chico” a las termas

Por Armando Cartes, presidente Sociedad de Historia de Concepción
El “tren chico” a las termas

A principios del siglo XX, el ferrocarril avanzaba hacia convertirse en la columna vertebral de la política estatal de transporte. Ya en 1874, la línea troncal había alcanzado hasta Chillán y comenzaban a construirse líneas transversales, o ramales, hacia diversos puntos. Estos fueron fundamentales para integrar el territorio y trasladar la carga hacia los puertos y las ciudades principales. La provincia de Ñuble tenía, en la época, una importancia considerable en el desarrollo agropecuario del país. A fértiles cultivos, debía añadirse una masa forestal todavía inexplotada, por las dificultades del transporte. De manera que la construcción de un ferrocarril hacia el oriente de su capital Chillán, aparecía como una necesidad sentida de la comunidad ñublense. Había, además, otra razón de gran peso para la instalación de un ferrocarril. Las Termas Minerales de Chillán eran, ya en esos años, uno de los centros turísticos y medicinales más afamados de Sudamérica. Las propiedades curativas de sus aguas eran encomiadas por médicos y también por grandes personalidades. En los meses de verano, una gran cantidad de público concurría a las termas, que por entonces sólo eran accesibles en largos y polvorientos viajes a caballo o diligencia. El ferrocarril multiplicaría los visitantes, en beneficio de toda la zona. Había todavía otra razón: se pensaba que el tren podría ser la avanzada de un ferrocarril trasandino, que por entonces se diseñaban en varias regiones del país. Así podría darse salida al Pacífico de las producciones agrícolas del rico territorio de Neuquén. Después de muchos estudios, no exentos de burocracia y múltiples comisiones, el trazado definitivo se fijó recién en 1908. Se instaló un tren de trocha angosta entre Chillán y Pinto, en 1911, el que luego se extendió a Recinto, en 1916. Quedó a treinta leguas de las Termas, por lo que los pasajeros debían continuar en vehículos, que los esperaban en la Estación de Recinto. En sus inicios, corrió con dos carros de pasajeros, uno de primera y otro de tercera clase, más dos carros de carga. El “tren chico”, como se le llamaba, cumplió casi medio siglo de servicio, inyectando dinamismo a la zona. Periódicos, correspondencia, artículos varios y, sobre todo, animosos pasajeros, llegaron en sus ruidosos coches. En 1957, con los progresos de la red caminera y la pérdida progresiva de rentabilidad de los ferrocarriles, fue suspendido indefinidamente. Después los rieles fueron levantados y las estaciones, semi abandonadas, han sufrido el deterioro común a mucho de nuestro patrimonio histórico y cultural. La verdad, cuesta pensar en un trayecto más atractivo y con mejor destino, para un tren turístico. Ahora, sólo podemos imaginar el silbato y el resoplido de la empeñosa locomotora, en su lenta carrera cordillera arriba. A ver si un día vuelve a correr nuevamente, como ya está ocurriendo en Colchagua o en Valdivia, con sus trenes históricos.

 

Otras Columnas

Who framed roger rabbit
Especial Inmobiliario
Nueva mirada a la violencia intrafamiliar: la reeducación de los agresores
Conectados con la Historia
Morandé Golden Harvest
Wine & Gourmet
El manjar
Wine & Gourmet
Annie, special anniversary edition
Especial Inmobiliario
Deporte y moda
Look Urbano
La viejecita
Forward
Inocencia
Monocitas
» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+4+6   =