Su voz ha conquistado los escenarios internacionales más famosos. Su nombre está asociado a la cantante lírica chilena que traspasó las fronteras y que hoy, radicada en New York, es considerada una de las sopranos más destacadas del mundo. Regresó a Chile para hacer una gira nacional y nos concedió esta entrevista en exclusiva al finalizar la primera parte de sus conciertos en La Serena.
Por Laura Valdés P/ Fotografía gentileza Verónica Villarroel
Suenan los acordes musicales de violines, flautas traversas y contrabajos en el escenario especialmente instalado en La Serena para la gira que realiza la soprano chilena Verónica Villarroel. El público, de forma puntual, ya ha empezado a ocupar los asientos y al cabo de las horas llega a contabilizar tres mil almas que aplauden entusiasmadas las piezas musicales puestas en escena, no sólo por la hermosa voz de nuestra diva, sino también por el acompañamiento de su hermana, y también soprano, Maribel Villarroel y del tenor Pedro Espinoza.
El tiempo parece detenerse en la noche. Sólo el respetuoso silencio del público es roto por los sones que salen del escenario: los clásicos de Barbieri, Verdi, Puccini y Piazzolla. La voz de Verónica se eleva y regala un timbre único, recorriendo distintos géneros que abarcan, además, cantos populares como Por ti volaré, de Andrea Bocelli, zarzuela y musicales como es el caso de Tonight y Somewhere de Leonard Bernstein. La gente se levanta de sus asientos y regala una ovación cerrada. Quieren más. Y obtienen una pieza más, improvisada pero generosa de todo el elenco.
Minutos después que las luces se han apagado y los micrófonos y cámaras de la conferencia de prensa se han retirado, podemos conversar con esta cantante lírica que da por cerrada la primera etapa de sus conciertos gratuitos en la ciudad de los campanarios, después de haber visitado Rancagua, Iquique y Antofagasta.
¿Cómo se siente en esta primera gira nacional que está haciendo?
Era uno de mis sueños, y es un sueño que se ha ido cumpliendo porque me permite el contacto con la gente, conocer un poco más mi patria y aseverar una vez más que esta música le llega a todo tipo de público. Solo hay que dar la oportunidad de que ellos puedan escucharla. Tú viste, las personas lo pasan bien, no es algo selecto, es una cosa del pueblo, es de todos nosotros. Hay gente que tiene temor de ir a un teatro porque dicen ay, es que yo no sé... ninguno sabe todo, nadie conoce todo.
El público quedó encantado...
Es que si uno le entrega esto a la gente, ellos están dispuestos a escuchar música. El público fue maravilloso, educado, respetuoso, agradecido... con todos los tipos de música.
La gente reconoce la belleza...
Exacto, la música es bella. Y más si se hace con dedicación. En nuestro caso, tenemos once músicos y eso implica un gran trabajo. Gracias al director Denis Kolovov se buscó un repertorio de calidad, que no fuera muy manoseado, ni extremadamente popular, sino que fuera un aporte en cada ciudad. Queremos que siempre haya algo nuevo donde nos vamos a presentar, una pieza que no se haya escuchado, que sea algo lindo, ¿no? Pero también queremos entregar algo bien hecho, elegante, con buen gusto y que llegue a otros sensores... más espirituales, diría yo.
¿Cómo ha sido la experiencia de estar cantando también con su hermana?
Maravilloso, imagínate. Es primera vez que cantamos en una gira. Hemos cantado muy poco juntas, en realidad, pero ahora es cuando hacemos una intervención más a la par, más de envergadura. Ella es muy talentosa, de mucha versatilidad también, nos llevamos muy bien y nos conocemos al revés y al derecho. Estamos allí apoyándonos, pero no solamente con ella comparto escenario ahora, sino también con Pedro y con el maestro Denis.
Una gran revelación el director...
(Ríe) Sí, una gran revelación, es que en esta gira nos hemos ido descubriendo; mira tú ahora esta faceta histriónica del maestro, quien hizo un contacto precioso con el público.
Verónica se ríe. Ya en la conferencia de prensa le ofreció la palabra a este connotado violinista ruso, quien actualmente es director de orquesta y el encargado de la parte musical de esta gira que continuará en diciembre por Talca, Viña del Mar, Concepción, Temuco y Puerto Montt, para culminar el 23 en Santiago. Estos conciertos se realizan gracias a las AFP de Chile, que decidieron hacer esta actividad como regalo a la comunidad por motivo de la celebración de su trigésimo aniversario en el país y que, además, cuenta con el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y la Corporación Cultural de la Cámara Chilena de la Construcción.
LA SOPRANO
Verónica nació en Santiago un 2 de octubre, cerca de la Estación Central. Desde niña se acostumbró a escuchar a su madre, Luisa González, a cantar música popular por toda la casa, especialmente cuando cocinaba. Pero este talento había sido heredado. "Dice mi mamá que su papá (mi abuelito), tenía una voz increíble, sin ser profesional tampoco", señala con un guiño. Quizás por eso nació en ella un gusto y una facilidad por la música. De hecho, todos los hijos de este matrimonio tienen aptitudes artísticas.
Pero este talento innato no tomó conciencia en la cabeza de Verónica hasta muchos años después. Llegó al mundo de la ópera casi por casualidad, cuando buscando una forma de ganar dinero se presentó al Teatro Cariola y quedó seleccionada en el coro para cantar zarzuelas. Su capacidad histriónica y su voz la destacaron por sobre las demás. Su carrera fue meteórica, desde que tuviera que compartir escenario con la gran diva Renata Scotto, quien admirada por su talento, se la llevó a estudiar becada a Julillard School of Music. No llevaba dos años estudiando y ya había ganado dos importantes concursos.
La prensa entendida empezó a escribir sobre ella, alabando la riqueza de su timbre vocal. En veintiún años de carrera artística ha interpretado los roles más apreciados como Madame Butterfly, La Bohème, Carmen, Turandot, La Traviata, Jerusalem, Otello, Luisa Miller, entre tantos otros papeles de la lírica, además de las más importantes zarzuelas. Fue, además, la primera extranjera en cantar el rol de Cio Cio San en el Nuevo Teatro Nacional de Tokio.
Su intensidad dramática la ha llevado a cantar junto a José Carreras, Andrea Boccelli y Plácido Domingo. Con el conocido tenor y director español no sólo ha compartido escenario en todo el mundo, sino además es para ella "un maestro del que siempre hay que aprender y un amigo maravilloso que confió en mí y con el que he podido vivir muchas experiencias artísticas", señala. Pero esta carrera hizo que tuviera que alejarse de quiénes más amaba y dejar su país.
Hace mucho tiempo que se encuentra radicada en New York, realizando viajes intermitentes a Chile. ¿Qué ha significado para usted, en estos años, la lejanía con sus raíces?
Contarte en pocas palabras lo que ha significado sería extremadamente difícil. Sí puedo decirte que, por una parte, ha sido una experiencia emocionalmente muy complicada de sobrellevar, cuestionamientos personales, pero también ha sido una oportunidad de crecimiento, una experiencia única, maravillosa y que, en conjunto, culmina en la persona que soy.
¿Qué es lo que más extraña de su país?
Mi familia, mis hermanos a quienes adoro y con el tiempo a "mis sobrinos", mis amistades, el contacto de día a día con mis padres. Ellos son mis más grandes amores.
¿Y qué es lo que más disfruta de vivir en el extranjero?
El crecer como profesional, tener las herramientas para aprender, y también lo que esto trae; el convivir con muchas personas de distintas partes del mundo hace que uno aprenda a aceptar, compartir y abrir la mente a la personas para ser tolerantes.
Alguna vez mencionó que hubo una época de no conformarse con la carrera que había seguido. ¿En qué momento hizo las paces con su destino?
No es un no conformarse, es darse cuenta de los costos que conlleva tener una carrera como esta. El verse sometido a enfrentarse a los egos, envidias, etc.; sin embargo, también me fui dando cuenta de que hay gente maravillosa que agradece el que uno pueda llevar la música a muchos lugares, y finalmente el abrir mi academia y sentir el cariño de tanta gente, las buenas cosas que quieren, las energías, todo esto lleva a que te reencantes.
LA ACADEMIA DE CANTO
En los últimos años, Verónica fue formando una idea que se concretó apenas hace seis meses: Abrir una academia de canto que lleva su nombre. En ella hay más de noventa alumnos inscritos en un rango de edad que abarca desde los cinco a los setentaiún años de edad.
"Hay mucha gente profesional, que son abogados, arquitectos, médicos, que en realidad su verdadero amor era cantar, entonces muchos lo hicieron para darle un cartón a su familia y ahora se permiten realmente el darse un espacio y ser felices, verse en otra faceta. Y están allí horas de horas antes de que les toque su clase porque están trabajando precisamente con algo que es su llamado. Hemos encontrado unas grandes voces que no te puedes imaginar", nos cuenta entusiasmada.
¿Por qué nace esta inquietud de hacer la academia?
Todos los años cuando venía, se me acercaba la gente y me preguntaba dónde podía cantar o aprender. De pronto surgió esta idea, como una manera de contribuir a mi país, a la gente. Sólo espero que cuando yo desaparezca, la Academia ella continúe viviendo.
Si pudiera por un momento detenerse y pensar en lo que ha sido su camino, ¿qué aprendizaje de vida ha tenido?
He aprendido la verdadera belleza que hay en lo artístico, cómo eso nos puede llevar a desarrollar instancias preciosas que unen a las personas. He aprendido de valores como la solidaridad, la importancia de la disciplina y el creer que todo lo podemos lograr con constancia y mucho trabajo.
"Ha sido una experiencia que emocionalmente es algo muy complicado de sobrellevar, cuestionamientos personales, pero también ha sido una oportunidad de crecimiento, experiencia única, maravillosa y que, en conjunto, culmina en la persona que soy".