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EDICIÓN | Octubre 2011

Sueños de niños

Paola Álvarez, directora Fundación Integra V Región
Sueños de niños

Su motivación por crear espacios de cambio que apoyen el desarrollo de las personas la llevaron —hace ya quince años— a incorporarse en una hermosa iniciativa que busca entregar educación inicial de excelencia a miles de infantes en situación de vulnerabilidad. Hoy, con un año y medio como directora, sigue en la lucha de acortar la brecha de desigualdad a más de seis mil niños de nuestra región.

Por María Inés Manzo C. / fotografías Vernon Villanueva B.

Apasionada y comprometida con su trabajo, la directora de la Fundación Integra V Región Paola Álvarez (39), hace de inmediato notar su amor por una institución que la ha visto crecer como profesional a través de los años. Cuando llegó en 1996, esta trabajadora social de la Universidad Católica de Valparaíso, comenzó en las áreas de trabajo con familia, capacitación técnica y elaboración de proyectos. Como nos cuenta, en ese entonces, eran un pequeño y unido equipo pero con un gran sueño: hacer un país más inclusivo a través de un proyecto de salas cuna y jardines infantiles para la promoción y protección de la primera infancia.

En este mes de octubre y durante su aniversario número veintiuno —con más de mil trabajadores en la región de Valparaíso—, la profesional puede decir orgullosamente que han logrado su cometido, entregando gratuitamente educación de calidad, protección y alimentación a niños que pertenecen a familias de menores ingresos. Aunque la tarea no ha terminado, pues es un desafío que se vive día a día.

La gran familia de Integra, como se hacen llamar,  es uno de los principales impulsores de la educación inicial en Chile. Una institución de derecho privado sin fines de lucro, presidida por la Primera Dama Cecilia Morel, que ha logrado ayudar a más de 850.000 infantes desde el altiplano hasta Tierra del Fuego. Una iniciativa importantísima para el desarrollo de niños con vulnerabilidad social, ya que la estimulación y cuidado en los primeros años de vida es crucial para el resto de sus vidas.

COMPROMISO SOCIAL

La región de Valparaíso cuenta en la actualidad con setenta y ocho jardines infantiles y ochenta y cuatro salas cuna de la Fundación Integra (administrando directamente el 90%), lo que se traduce a una cobertura de atención a seis mil niños y niñas. Para Paola Álvarez, estás cifras sólo demuestran el compromiso por esta noble causa y el sueño de que la educación sea cada vez más relevante en nuestra sociedad.

¿Cuáles han sido los principales desafíos durante estos años?
Han ido cambiando, pero sigue siendo transitar desde una concepción más sencilla de lo organizacional a una moderna donde prestamos servicios de calidad. Además, buscamos estar a la par de los desafíos del estado y las políticas públicas; ir modernizándose y  haciendo un trabajo cada vez más serio; ser una contribución efectiva al desarrollo de los niños y de la familia.

¿Cómo se financian?
El recurso más importante es el que nos pasa el Ministerio de Educación a través de un convenio (95%), el resto es gestión de recursos privados con empresas que nos hacen diferentes aportes. También el Ministerio de Salud colabora en algunas iniciativas para la formación de nuestros equipos y las áreas de cultura o deportes como es el caso de Chiledeportes.

¿Quiénes pueden asistir a sus jardines infantiles y salas cuna?
Atendemos familias del I y II quintil, que están en el sector más bajo de ingresos. Para ello hacemos un proceso de selección interno donde registramos información socio-demográfica, edades, cómo es el cuidado de los niños en el hogar, etc. También recibimos derivaciones de los tribunales de familia por protección de derechos y tienen ingreso inmediato quienes son parte del Programa Puente de Chile Solidario. Esperamos ser un espacio defensor para los pequeños.

¿Cómo se asesora a los padres?
Buscamos fortalecer a la familia enseñándoles como ser cada día mejores y que aprendan a guiar a sus hijos. Los padres participan en distintos talleres, por ejemplo el programa de trabajo “Es mi turno”, donde vemos todo el tema de la crianza o “Mirando mi árbol” en que se evalúan las competencias parentales.

¿Cuál es su línea de trabajo?
Permanentemente hacemos campañas educativas (como Elige Vivir Sano) y fomentamos la actividad física, ya que son pilares fundamentales para una vida más feliz y de mejor desarrollo. Entendemos que estas son condiciones básicas para el aprendizaje, sobre todo en niños que no tienen los medios para estimularlo. Por eso tenemos una línea asistencial de promoción y protección de derechos. Proveemos de alimentación diaria y un espacio de cuidado para prevenir accidentes o situaciones de alta vulnerabilidad en el barrio o en el caso de violencia intrafamiliar que no siempre la detectan a tiempo. Hay un equipo de nutricionistas, asistentes sociales y especialistas que trabajan en ese nivel de apoyo.

¿Hay algún sistema de seguimiento cuando los niños dejan el jardín infantil?
Desde el 2008 estamos haciendo un seguimiento en los niños de primero y cuarto básico que pasaron por Integra. Tenemos la convicción de que hay un impacto en ellos, pues hemos observado que pueden enfrentarse a una rutina, respetan las ideas de los compañeros y se disponen a las enseñanzas del profesor. En ese sentido, el primer indicador de que el aporte de la educación pre escolar ha sido importante, es que los niños se mantengan en el colegio, que les vaya bien, que avancen y así tienen mayores expectativas de escolaridad.

LA FAMILIA INTEGRA

Con mil cien profesionales en la región —en su gran mayoría mujeres—parte de este equipo lleva más de quince años trabajando por los niños y es sin duda inevitable que se vayan creando lazos de afecto. Además, muchas son madres y comparten la preocupación de las familias por el futuro que les depara, luego de su paso por el jardín infantil. Pero su partida sin duda también es un momento de celebración, ya que “los que antes balbuceaban hoy tienen su mundo plagado de palabras, los niños que no tenían un adulto que los estimulara  y enseñara, hoy son pequeños activos que responden a una canción, a la palabra de una tía o de compañero y eso da mucha alegría. Más aun cuando algunos han vivido situaciones muy difíciles y han salido adelante”.

Paola cuenta que en marzo en la ciudad de San Felipe se encontraron con una niña que tenía tres meses llamada Jesús, “era pequeñísima y había ingresado hace dos días a Integra. El problema es que no venía de su casa, sino que había sido abandonada y estado los primeros días de vida en hospitales. Se notaba que carecía de mucho afecto, porque si uno la miraba tenía la carita llena de pena, te decía con sus ojitos ¡estoy aquí, ayúdame!, necesito que me hablen, que me hagan cariño. Entonces, cuando después la vi con la persona encargada de la sala cuna estableciendo una relación, riéndose, esa situación es la que da mayor satisfacción, decir que hay niñitas como Jesús y que podamos ayudar esa es la motivación de seguir todos los días”.

¿Qué los enorgullece como Fundación?
Tener equipos de trabajo que han logrado consolidarse en el tiempo, con profesionales competentes y en condiciones de atender a los niños con calidad. Además, hemos podido incrementar la atención de salas cuna, pasando de seis a ochenta y cuatro, un número muy grande que se concretó gracias a un esfuerzo colaborativo de no sólo poner recursos para la construcción, sino trabajar con las familias. Contamos con establecimientos que poseen buenísimos materiales educativos y que nada tienen que envidiarles a particulares.

Además tienen exitosos programas…
Sí, desarrollamos el proyecto bicentenario Jardín Digital que puso como desafío incorporar un computador en cada sala de párvulos, lo cual  acorta la brecha digital y social porque para muchos es el primer acercamiento a las tecnologías. Los niños conocen, aprenden y juegan con las matemáticas, el lenguaje, las artes.

¿En qué consiste el programa de Protección Infantil?
Este es un espacio protector para los niños constante, nuestra primera responsabilidad es su bienestar y seguridad. Por eso cuando detectamos que hay algún caso de abusos o maltratos de inmediato ponemos en conocimiento a la red del servicio de salud o lo abordamos directamente con la familia, pero no desde la perspectiva acusadora, porque es un proceso complejo. Es una tarea socio-educativa para que esa conducta cambie y no se repita. Cuando no lo logramos pedimos asesorías, por ejemplo con psicólogos de los centros de salud, asistentes sociales, y ahí vamos armando redes para que reciban atención.

¿Cuáles son los casos más comunes?
Situaciones de negligencia, donde en muchas ocasiones por desconocimiento las familias ponen menos atención en los niños en temas de salud o protección. Si no los cuidamos cuando están enfermos es una negligencia, el niño se siente mal y menos tiene ganas de aprender o si lo dejan solo en su casa, puede tener un accidente. Lamentablemente también vemos maltrato, pero derivamos oportunamente a las redes para ayudarlos. Esperamos que las familias logren realizar un ejercicio de comprensión y se den cuenta de lo necesario de este cambio, de educar.

¿Les ha tocado situaciones muy difíciles?
La crianza nos toca a todos los que tenemos hijos, los equipos técnicos se encariñan y a veces las situaciones más críticas tienen que ver con que no pudimos hacer nada más para ayudar al sistema familiar. En ese caso el tribunal decide llevar a los niños a  hogares de protección o a medidas cautelares que los sacan del jardín. Las educadoras nos transmiten que hay quiebres emocionales fuertes, de pena y preocupación por qué va a pasar con el niño que se ha estado cuidando por más de un año. Se va a un lugar desconocido y siempre hay expectativas de quien lo reciba sea profesional y un buen protector.

También tienen un proyecto en Sala Cuna en la Cárcel…
Este programa busca entregar estimulación a las guaguas y los hijos menores de dos años que viven con sus madres internas, es quizás la experiencia más dura de sala cuna en la región, porque es un escenario complejo para los adultos y sin duda para los niños que luego de ese tiempo deben separarse. Cuando el SENAME y gendarmería nos avisan de un caso, tratamos de idear la manera para que sufran lo menos posible y no vean limitado su desarrollo. Atendemos seis lactantes todos los días e intentamos propiciar actividades afectivas ‘en un espacio calentito’. Las mamás lo valoran y ellas son nuestras apoderadas, se relacionan con nosotras con la libreta de comunicaciones, van a reuniones, comparten sus dudas y se interesan como todas las madres por el desarrollo de sus hijos. Sin duda, es una experiencia exitosa y satisfactoria.

 

“Hemos podido incrementar la atención de salas cuna, pasando de seis a ochenta y cuatro, un número muy grande que se concretó gracias a un esfuerzo colaborativo de no sólo poner recursos para la construcción, sino trabajar con las familias. Contamos con establecimientos que poseen buenísimos materiales educativos y que nada tienen que envidiarles a particulares”.

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