Me pregunto si mis papás, cuando volvían de vacaciones, se preguntaban âcuando yo era pequeñaâ si iban a tener un cuadro de estrés post-vacaciones o sobre lo âtraumáticoâ que podía ser volver a trabajar o reintegrarse a las tareas cotidianas.<br /> <br /> Claramente, cambiar de una actividad a otra siempre genera algún grado de movimiento interno y hay ciertas estructuras de personalidad que se ven más averiadas con este tipo de situaciones. Sin embargo, mi reflexión apunta al significado que los chilenos le damos al trabajo o a la palabra responsabilidad, pues sentimos que volver es un karma, algo sufriente y que no es grato enfrentar. ¿Será que la mayoría de los chilenos labora en lo que no le agrada? Porque si es así, tendríamos que pensar en cómo estamos armando nuestras vidas y cuáles son nuestras opciones para entender que la felicidad es una decisión cotidiana, que implica riesgos y que nos obliga a hacer todos los esfuerzos para construirnos una vida lo más grata posible. <br /> <br /> Si es así, se entiende que todo sea catastrófico al regresar al trabajo, porque, además, se suman las deudas contraídas desde Navidad, producto de las malas decisiones que nosotros mismos tomamos.<br /> <br /> En algún momento conté que, en un pequeño estudio que había hecho en colegios y universidades en Chile âsobre por qué los niños y los adolescentes no van contentos a clasesâ la respuesta habitual era porque nunca han visto irse contentos a sus padres y madres al trabajo. Tampoco quedaban excluidas las dueñas de casa en esta forma negativa de ver el quehacer cotidiano. En esta perspectiva se explica el que la gente esté sintiendo un estrés post-vacaciones, el descontento de volver a aportar todos los días con nuestros quehaceres inevitables de enfrentar.<br /> <br /> Para hacerlo de buena forma, se supone que nunca debiéramos regresar en domingo para partir a trabajar un lunes. El ideal es tener dos o tres días para adaptarse a las funciones cotidianas, lavar la ropa, empezar a levantarse más temprano e ir de a poco asumiendo responsabilidades. Si no se hizo así, hay que aceptar que los primeros días estemos con sueño, cansados, porque a la estructura mental le cuesta adaptarse a la velocidad de lo cotidiano, desde los tacos hasta el sonido del despertador.<br /> <br /> Tratemos de conservar algunas de las rutinas mantenidas en las vacaciones. No dejemos de sentarnos a la mesa, de apagar los celulares mientras comemos y de apagar a ratos el televisor para dar paso a conductas al aire libre. Todavía se puede hacer eso.<br /> <br /> Volver al quehacer en la vida es un privilegio, cuántos no tienen dónde aportar, cuántas mujeres no descansaron casi nada porque se siguieron haciendo cargo de sus casas en verano mientras todos descansaban, incluso con cierto egoísmo desde los mismos familiares: me refiero a maridos y niños.<br /> <br /> Cuánta gente no puede tener vacaciones e imaginemos cómo se sienten ellos cuando escuchan a la gente, que sí salió, quejarse al regreso. Me pregunto ¿cuándo somos felices entonces? Los que salen se quejan porque las vacaciones son cortas, y los que no salen, se quejan justamente por no salir; entonces ¿cuándo somos agradecidos?<br /> <br /> En mi caso, he pasado muchos años sin vacaciones y cuando he podido tenerlas las agradezco en cada segundo, y así creo que todos debiéramos agradecer el volver a aportar a este país para que cada vez sea mejor. Me parece que debiéramos cambiar el concepto de responsabilidad, así nuestros niños no dirían que sus vacaciones son cortas cuando están casi tres meses sin hacer nada. A trabajar muchachos, que es una bendición. ¡Ah!, y con una sonrisa, ¡por favor!<br /> <br /> <em><strong>âLos que salen se quejan porque las vacaciones son cortas, y los que no salen, se quejan justamente por no salir; entonces ¿cuándo somos agradecidos?â. </strong></em><br />