En estos últimos meses, varias edificaciones patrimoniales han sido intervenidas como parte del programa de restauración de los monumentos históricos afectados por el último sismo, llevado a cabo por el MOP y BID. Lo interesante de esta tarea es que estas actividades conllevan excavaciones arqueológicas. Así, el resultado de esto ha sido el hallazgo de diversos elementos de procedencia republicana, que han enriquecido la historia de estas edificaciones en términos de su arquitectura, funcionalidad y significado en la memoria de la región. <br /> <br /> Tal es el caso del molino de Santa Amelia de Almahue, una edificación del siglo XIX que, aunque no es parte de los Monumentos Históricos de la Región de O’Higgins, es una fuente potencial de información referente al sistema de vida en las grandes haciendas del siglo XIX y en la población rural de inicios del siglo XX. Con aportes del FONDART Regional y del Centro de Estudios para América Latina y la colaboración de la Ilustre Municipalidad de Pichidegua, un equipo de investigadores, compuesto por arqueólogos del Museo Regional de Rancagua y de la Universidad Autónoma de Madrid, han realizado dos campañas de intervención arqueológica en este lugar. <br /> <br /> De acuerdo con los registros documentales, este molino estuvo en funciones hasta inicios del siglo XX. Las excavaciones arqueológicas nos han permitido despejar varias de las estructuras originales del molino, como también material cultural, faunístico y diversidad de objetos. Los restos faunísticos corresponden mayormente a especies domésticas y los menos a fauna silvestre: equinos, bovinos y caprinos, y los segundos a liebres o conejos y aves, cuyos huesos muestran huellas de corte. El material cultural incluye piezas de vidrio de aplicación doméstica, farmacéutica e industrial, y otras de función recreativa (bolitas o canicas). Además, encontramos envases de productos farmacéuticos y perfumes, mayormente de producción nacional. Casi todos estos envases tienen grabadas en la base las letras F/N/V, referencia a la Fábrica Nacional de Vidrios, industria que se radicó en 1902 en San Diego, Santiago. <br /> <br /> Las piezas de loza y porcelana, en tanto, fueron fabricadas entre fines del siglo XIX y la década de 1980. En general, este conjunto está compuesto por vajilla doméstica, relacionado con el consumo de alimentos, como platos, tazas, platillos, y algunos utensilios de tocador (botella de brillantina, frascos de crema). Parte de esta vajilla es de origen extranjero (loza belga y checoslovaca) y la mayoría es de origen nacional con marca de fábrica de Loza Penco.<br /> <br /> En general, los materiales recuperados en el molino de Santa Amelia no solo dan cuenta de las preferencias de consumo de los habitantes del lugar, donde destacan el vino y la cerveza, sino también son reflejo de su poder adquisitivo, facilidad de acceso a determinados productos y, por qué no, de su condición social, investigación en curso que, en última instancia, nos dará información sobre el estilo de vida de esta comunidad rural durante el siglo XIX e inicios del siglo XX.