Hace cerca de cuarenta años, un grupo de ex alumnos del colegio Mackay iniciaron algo que se ha transformado en una suerte de tradición en la playa de Reñaca. Cada sábado se juntan a jugar fútbol en el quinto sector del principal balneario de Viña del Mar. Una actividad que se ha perpetuado, principalmente por los lazos de amistad formados entre ellos.
Por Matías Seccatore M.?/ Fotos Vernon Villanueva
El fútbol playa nació en Brasil, donde el deporte pasión de multitudes se vive de una manera distinta. Grandes astros del fútbol, dieron sus primeros pasos en las arenas brasileñas, como Pelé, Sócrates, Romario, Bebeto, Ronaldo o Kaká. Y es una disciplina que ha ido ganando adeptos en todo el mundo, realizándose ya hace algunos años el Mundial de Beach Soccer organizado por la FIFA, donde Rusia se acaba de proclamar campeón en el certamen disputado en septiembre en Ravenna, Italia, quitándole el cetro que por largos años ostentaban los brasileños.
Pocos saben que hace cuarenta años se juega de manera regular, un "picadito" de fútbol playa, en el quinto sector de la playa de Reñaca. Cada sábado, se reúne un grupo de aproximadamente veinte personas, entre los dieciséis y los setenta y cinco años, para dar vida a una actividad que ha perdurado en el tiempo. Ha habido varios cambios de protagonistas a lo largo de los años, pero se mantiene la base de fundadores de este match playero.
Que esta actividad exista hace cuatro décadas, se explica de manera simple. Lo importante es jugar, manteniendo el espíritu de amistad con el que nació el fútbol playa en Reñaca. Y a la vez, respetando el reglamento que ellos mismos se han impuesto, para no caer en el desorden. Dos pilares fundamentales para Francisco Romeo, reconocido empresario del turismo en Viña del Mar y uno de los fundadores de esta iniciativa, que hoy lidera con el respaldo de todos los participantes.
"Esto nació en 1972, en un aniversario del colegio Mackay", recuerda el "Chicho" Romeo, como lo conocen sus más cercanos. "Después de almorzar con los profesores y apoderados, nos fuimos a la playa a jugar a las naciones, tal como cuando éramos niños. Y para el otro sábado, quedamos de ir de nuevo a la playa, pero esta vez a jugar un partido de fútbol."
¿Y con quiénes iniciaron estos partidos?
En un principio con los que éramos cercanos generacionalmente en el Mackay. Tomás Bengoa, Sandro Aste, Antonio Vallejos, los hermanos Esteban y Manuel Perrot y tantos otros. Formábamos unos montones de arena para hacer los arcos, y así nos mantuvimos por cerca de diez años.
¿Pero siempre con ex mackayinos?
Con el tiempo se fue incorporando otra gente, apoderados del colegio, compañeros de universidad, las personas que nos veían se integraban, jugadores del Sporting RC, etc.
El que llegara más gente debe haber significado subir un poco el nivel de los partidos...
Más que eso, empezamos a agregar cosas. Los primeros arcos que tuvimos fueron de coligüe, que los armó un tipo que siempre andaba por la playa. En esa época jugábamos en traje de baño y empezábamos en el mes de octubre, cuando ya mejoraba el clima, hasta febrero o lo alargábamos hasta fines de marzo. En invierno no se jugaba.
¿Siempre fue así?
A inicios de los noventa, ya marcábamos la cancha y jugábamos los sábados y domingos. Para ese entonces, ya éramos cerca de dieciocho personas las que participábamos de estas "pichangas". Durante mucho tiempo fue esos dos días, incluso ya en pleno verano armábamos partidos a mitad de semana y en más de una ocasión, después de jugar en la playa, nos íbamos a otro partido en las canchas de fútbol del Sporting.
SUBIENDO EL NIVEL
¿Cuándo cambiaron a jugar los sábados en invierno?
Después del verano de 1990, tomamos esa decisión. Muchos de nosotros ya estaban casados, y había que generar algún cambio. Además, la playa en verano siempre estaba llena, y teníamos que tener a alguien que nos cuidara la cancha. Pero ese cambio fue un éxito rotundo, y hasta el día de hoy se mantiene de esa manera. Para esos años, ya nos habíamos creado cierta fama, por lo que un centro de entretención nocturna que estaba de moda ese verano nos donó camisetas, y fue la primera vez que jugamos uniformados.
¿Con los mismos arcos de coligüe?
(Ríe) No, ya la producción se había elevado. Teníamos arcos de madera, con cancha marcada, camisetas de colores, las cuales se rompieron con el tiempo. Por ello, salieron los mecenas para mandar a hacer uniformes nuevos.
¿Y qué colores eligieron para esas camisetas?
Pablo Cartoni salió con la idea de mandar a hacer camisetas del Inter de Milán, donde triunfaba Iván Zamorano. Y para hacerlo entretenido, las otras camisetas fueron las del AC Milán, por lo que teníamos un clásico de nivel mundial. Nos duró un buen tiempo ese juego de uniformes, y para 2006, tras el Mundial en Alemania, decidimos hacer las camisetas de Italia y la alternativa de Francia, que habían disputado la final.
¿Por qué camisetas extranjeras?
Porque usar camisetas como las de Colo Colo, la U, la Católica, Everton, etc., generaría algún tipo de discusión, por eso equipos que no sean chilenos, para mantener el espíritu de amistad que han tenido estos partidos durante tanto tiempo. Además, las mandamos a hacer nosotros mismos, con telas de buena calidad, que son una envidia para muchos.
Estos partidos en la playa, le deben dar movimiento al sector...
Así es. En el kiosko "La Amistad", como hemos bautizado el punto reunión, se reúne mucha gente. Además, se aprovecha de utilizar los arcos que son ahora del concesionario del quinto sector de la playa Reñaca, va gente a mirar, se consume y nosotros le damos un dinero extra al cuidador, para que nos lave las camisetas. Todos salimos ganando.
LO QUE IMPORTA ES LA AMISTAD
¿Tienen árbitros para jugar?
No. Se tiene todo un reglamento, para poder mantener la conducta y el respeto entre nosotros. No se pueden hablar groserías. Si se agrede a alguien, se te suspende por un año. El que es reiterativo en su indisciplina, no puede volver a participar más con nosotros, y otra serie de reglas. La idea es no denigrarnos, sino mantener el espíritu que une a este grupo.
¿Se respetan esas normas?
Claro que sí, de lo contrario no habría manera de jugar. Hemos tenido suspendidos, que han acatado sin reclamar. Lamentablemente otros nunca hicieron caso y ya no están más con nuestro grupo. Por suerte, son más los que acatan su sanción, porque vienen de la lógica del rugby, donde saben que hicieron algo mal y eso merece alguna sanción.
¿Por qué crees que ha durado tanto esta actividad en la playa?
Se ha perpetuado en el tiempo, porque a todos los que están ahí les gusta la playa. También, porque los que son buenos, en la paya no lo son, y los que son malos, en la arena no se nota tanto, por lo que se equiparan un poco las habilidades de cada uno. Además, con todos los años que nos conocemos, se ha formado una suerte de cofradía, nos juntamos dos o tres veces al año para hacer asados y llegan todos. Y también influye que en la playa, tu bajas con tu toalla y tu polera y nada más, tu profesión, tu estándar de vida, tu historia, no cuenta en el fútbol playero. Eres tú y nada más.
¿Es muy difícil jugar fútbol playa?
Tiene sus características especiales. Seas bueno o malo, tienes que saber dosificar tus energías. También los botes que da la pelota en la cancha son distintos, así que hay que estar muy atentos a cada jugada. Además hay que mantener un buen estado físico, en fin, no es fácil jugar, y cuando no estás en forma, se nota de inmediato.
¿Cuánto juegan en cada partido?
Cuarenta minutos por lado. Por eso hay que tener un muy buen estado físico. A diferencia de lo que se hace en los mundiales de fútbol playa, que juegan tres tiempos de veinte minutos. Y al igual que el rugby, la última jugada termina cuando la pelota está muerta, es decir, sale de la cancha, por lo que se puede alargar un poco más cada tiempo.
Después de tanto tiempo, ya deben haber algunos que van a jugar con sus hijos...
Claro que sí. Y ahí está el caso de Cristián Dib, que iba muy seguido con su hijo. Lamentablemente, Cristián hijo falleció hace poco tiempo atrás en un accidente en Santiago, y fue algo que nos tocó muy fuerte, ya que habíamos compartido con él tan sólo dos semanas antes.
EL CAPITÁN
¿Cómo te transformas el líder de este grupo?
Con el tiempo yo me quedé a cargo de la situación. Aunque sin la ayuda de otros, no hago nada. Cuento con la colaboración de los "viejos" de esta cofradía, como Tomás Bengoa, Dante Marchese, Ian Wetergreen, Patricio Fuenzalida, Francisco Bouchemin, que forman parte también del Comité de Disciplina.
¿De qué manera mantienes motivada a la gente para seguir yendo a la playa cada sábado?
Cada lunes después de los partidos, yo mismo me encargó de escribir la crónica de lo que ocurrió el sábado. Ahí relató con lujo de detalles cada jugada, la formación de los equipos, el estado del tiempo, quienes marcaron los goles, las incidencias, de qué lado vino la jugada, etc. Para eso tengo que estar muy atento a no sólo jugar, sino también a cómo se desarrolla el partido.
¿Sientes que son una suerte de familia?
Algunos somos más cercanos que otros. Nos une un tema de gusto por la playa, porque si nos ofrecen ir al pasto, tal vez no vamos. Y está sobre todo el compromiso, de tener que ir en invierno a la playa, con frío o que se oscurece temprano, pero nadie falla.
"Con todos los años que nos conocemos, se ha formado una suerte de cofradía, nos juntamos dos o tres veces al año para hacer asados y llegan todos."