En el papel, todo suena prometedor. La primera carta ganadora es su creador y productor ejecutivo David E. Kelley, el mismo tras exitosas series de abogados con mezclas de drama y humor sarcástico, como Ally McBeal y Boston legal. Luego, figura como protagonista Kathy Bates, la actriz ganadora de un Oscar por Misery (1990), inolvidable como Annie Wilkes, una fan con instintos asesinos. La trama de Harry’s law gira, por supuesto, en el mundo de las leyes. Harriet Korn (Bathes) es una abogada de prestigio, elocuente en la sala, que edita libros con su rostro en la portada. Está en el cénit de su carrera y justo en ese momento cuestiona el sentido de su trabajo, misión y lugar en la sociedad.
Las dudas de Harry, como suele ocurrir con los personajes de Kelley, llegan hasta la mismísima moral del sistema. Harry se cuestiona todo y fuma generosos pitos en su oficina, abrumada por estar a las puertas de la jubilación y sentir que no es mucho lo bueno que ha hecho. Entonces decide darle un giro a su trayectoria: seguirá siendo abogada, pero esta vez realmente para hacer el bien.
Todo lo que funcionaba en Boston legal en particular —las excelentes actuaciones, el humor un poco cursi pero efectivo, el elegante entramado argumental en torno a casos insólitos—, aquí se cae a pedazos. En una época en que los maquillajes pensados para la alta definición han convertido en literales maniquíes a los actores que vemos en pantalla —redundante en una escasa humanidad—, tal sensación es absoluta y agobiante en Harry’s law. Solo Kathy Bathes se salva, a duras penas, de un ambiente plastificado, donde cada personaje luce de cartón y ridículamente peinado. El propio carácter quijotesco de Harry resulta destemplado, como si se tratara de una personalidad bipolar.
Es una comedia engolosinada en su fórmula. David E. Kelley se mira el ombligo y parece fascinado por su propia estética, aunque el chiste era mucho más fresco en sus anteriores apuestas. Acá simplemente le agrega más azúcar a su receta y el resultado es empalagoso.
Harry’s law. Lunes, 23 horas, en Warner.