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EDICIÓN | Marzo 2011

Ser enóloga e independiente

Por Cony Schwaderer, enóloga propietaria de BRAVADO WINES/ www.bravadowines.com
Ser enóloga e independiente

Hace bastantes años, cuando me titulé de enóloga, trabajé haciendo vendimias en Chile y en el extranjero —Estados Unidos y Australia—; las viñas donde estuve eran grandes empresas y cuando me contrataron en Chile, fue igual. La idea que yo tenía es que el vino se produce en grandes empresas por enólogos que casi no tienen contacto con los dueños, y con dueños con mucho dinero o una familia con grandes viñedos.

En ese tiempo conocí a Felipe, también enólogo, que al igual que yo trabaja haciendo vinos para una gran empresa, aunque más grande e internacional. Luego de varios años nos casamos, con la intención de formar una familia, pero también empezó a crecer el sueño de producir nuestro propio vino, donde pudiésemos elegir el estilo, variedad y lugar de procedencia; un vino hecho a nuestro gusto. Siempre he creído que en la vida las cosas se van dando de una forma tal, que permite que los sueños se cumplan. El año 2006 nos atrevimos y compramos el primer lote de la uva que queríamos; vinificamos en la bodega de unos amigos que nos dieron servicio de maquila y así nació nuestro primer hijo vino.

Con el tiempo, nos dimos cuenta de que existían otras personas con pequeños proyectos, que también hacían vino a escala humana, con sus amigos o familias, y surgió la idea y posibilidad de conformar un grupo de pequeños viñateros. Así nació MOVI (Movimiento de Viñateros Independientes), con la idea de asociarnos para darnos a conocer y apoyarnos entre todos para crecer comercialmente. Rápidamente nuestra organización llamó la atención. Tanto así que pasó algo que yo no esperaba: el pequeño sueño del vino propio se volvió incompatible con el trabajo de enólogo dependiente y volvernos independientes hizo que nuestro sueño pasara a ser un proyecto en crecimiento.

De un vino pasamos a tres, al mismo tiempo que la familia. Han sido tiempos de locura, trabajar juntos en la casa, salir a producir nuestros vinos y criar tres hijas. Ahora creo que mientras no sea necesario, no volvería a trabajar como dependiente; siento que aunque probablemente no sea normal, es natural estar más cerca de los hijos y la familia, tener flexibilidad de horario y libertad para trabajar.

Con respecto al vino, mi visión ha cambiado mucho. Hacer vino —en todo tipo de empresas— es desafiante y satisfactorio, pero no es imprescindible pertenecer a una familia con grandes fundos o tener mucho dinero, tampoco construir una lujosa bodega, o tener un máster en enología. Para hacer vino hay que tener pasión, amor y ganas.

 

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