Llegada a Chile junto a los conquistadores españoles, a mediados del siglo XVI, la Iglesia Católica centró su atención en la evangelización de los naturales y de la población en general, la alfabetización de las elites locales y el desarrollo de diversas actividades económicas. Los jesuitas, por ejemplo, fueron dueños de la rica estancia ganadera de Longaví hasta su expulsión en 1767. La vida social también se desarrolló al alero de conventos e iglesias, alrededor de los cuales surgieron las villas maulinas: En las tierras de los agustinos fue fundada Talca en 1742, mientras que los hospicios franciscanos fueron el epicentro de poblaciones como San Francisco de Alcántara o Unihue. La costumbre de fundar villas alrededor de una iglesia se mantuvo en el siglo XIX, siendo ejemplo de ello San Clemente. Hasta mediados del siglo XIX, los conventos se caracterizaron por su carácter contemplativo, privado, pero también jugaron, desde la colonia, un rol fundamental en la vida económica, religiosa y social. En los conventos no sólo vivían las religiosas que cumplían con la clausura, sino también los sirvientes de estas, niñas que recibían educación y mujeres que necesitaban de refugio. El historiador Armando de Ramón señaló que los conventos parecían âcasas de reposo para hijas de familia de acomodada condiciónâ. A partir de la época antes señalada nuevas congregaciones misioneras llegaron, principalmente, desde Francia, las que contaron con el apoyo del Estado chileno, de grupos laicos y la voluntad reformadora de la jerarquía eclesiástica que vio en las nuevas misioneras la capacidad para reformar los antiguos conventos, crear nuevos modelos de piedad femenina a través de la caridad hacia los pobres, y la educación de las mujeres, todo ello para enfrentar la creciente secularización y la moralización de la sociedad. En todos estos aspectos propiciaron el mejoramiento de la sociedad chilena, orientándola hacia el orden y el trabajo. La presencia de la Iglesia Católica en el ámbito educativo no estuvo exenta de polémica, puesto que el creciente proceso de secularización de la sociedad desde el siglo XIX, apoyado por el Estado, llevó a los conservadores y a la Iglesia a rechazar el cientificismo incorporado a la educación, el modelo alemán de educación concéntrica, la educación fiscal para mujeres y el proyecto de instrucción primaria y obligatoria. El modelo laico educativo fue considerado como enemigo de la religión. Dicho mundo, basado en el individualismo progresivo, racionalista y secular dominaba el pensamiento ilustrado, siendo su principal objetivo liberar a la persona de cadenas opresivas: un fuerte tradicionalismo, la superstición de las iglesias y la irracionalidad que dividía a los seres humanos en clases sociales. A partir de los postulados de la Ilustración (libertad, igualdad y fraternidad, los cuales asumiría la Revolución Francesa en 1789), se estableció que el libre ejercicio del talento individual en un mundo dominado por la razón traería beneficiosos resultados para la humanidad, gracias al progreso en el bienestar, la riqueza, la técnica y los conocimientos.