Hace unos números atrás de la revista, publicamos un artículo sobre el âTalca, París y Londresâ, centrado en el desarrollo de esta ciudad desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta el primer cuarto del siglo XX. Sin embargo, nos faltaba el elemento humano: el inmigrante francés o inglés. No estamos hablando de un importante número, pero sí de un pequeño contingente humano que hizo necesaria la instalación de un viceconsulado francés e inglés.
Existen dos versiones de la famosa frase que hace referencia a los inmigrantes. Una viene de la tradición oral que nos señala que un viajero inglés al ver la niebla talquina la relacionó con su Londres natal, expresando en un castellano mal pronunciado âTalca parece Londresâ, frase que fue interpretada localmente como âTalca, París y Londresâ. La otra versión, señala que en las inmediaciones de la estación de trenes, existía la Sombrerería de Lujo de propiedad del francés Ferdinand Bodineau, quien presentaba en sus vitrinas los artículos para caballeros con la leyenda âTalca, París y Londresâ.
Gracias a los excedentes económicos producidos por la revolución industrial en Europa, millones de libras esterlinas, la moneda internacional del siglo XIX, fueron invertidos en obras de infraestructura alrededor de todo el mundo. Hasta este lejano rincón llegaron ingenieros y técnicos franceses e ingleses para participar activamente en la creación de la infraestructura ferroviaria en el Maule a partir de la década de 1870. El contratista inglés John Slater obtuvo en 1873 la autorización para construir el ferrocarril entre Santiago y Talca. Años después, en 1889, la empresa inglesa North and South American Construction Company inició la construcción del ramal