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EDICIÓN | Octubre 2010

Recuperar la Mesa

Por Pilar Sordo
Recuperar la Mesa

<em><strong>“Me preocupa la poca importancia que le damos a la mesa como centro de conversación y de comunión”.</strong></em>

Yo no sé si se han dado cuenta, pero los jóvenes tienen muchos problemas para expresarse y para mantener conversaciones fluidas, sobre todo cuando se refieren a temas de “adultos” o de información de cultura general.

Quizás una de las razones que llevan a eso es la poca importancia que le damos a la mesa como centro de conversación y de comunión, y la dificultad que tenemos muchas familias para sentarnos en ese lugar para compartir y además para comer.

Cuando nos sentamos a la mesa, hay unas sillas en las cuales se ubican siempre mis hijos y cuando ellos no están, estas quedan vacías. Con esto, ellos, donde estén, se sienten seres importantes y, por sobre todo, irremplazables.

Si a eso le agregamos el maravilloso concepto de la sobremesa, casi desaparecido, esa conversación cuando ya no queda nada de comer o se consumen los restos, donde aparecen historias, posturas frente a temas complicados. Donde desarrollamos la capacidad para escuchar, aprender del otro, conocer nuestra historia familiar, reírnos, para enrabiarnos y perdonarnos, haciéndonos sentir que, a pesar de todo, la familia está ahí.

Quizás con estos dos elementos podríamos volver a desarrollar en nuestros jóvenes la capacidad de conversar desde el amor y desde la incondicionalidad. Donde, aunque haya tensión y conflicto, también aparecen las formas de solucionarlos.

Sin duda, la mesa es un lugar de crecimiento, encuentro y conocimiento mutuo. Un espacio donde no importa lo que comamos, es más un lugar donde nos encontramos no sólo con los otros, sino con nosotros mismos y con la esencia de nuestra historia.

 

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