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EDICIÓN | Septiembre 2010

Canal 13: Ya no basta con rezar

Por Sheldon
Canal 13: Ya no basta con rezar

Barra, humo y cerveza, sábado después de las 10 y la tele en mute. El programa se llama <em>Control Remoto</em>, Eduardo Fuentes trata de bailar, y lo siguen sin mucha tinca adolescentes como Augusto Schuster, acariciado proyecto de galán del 13. Sigue una tanda de noventeros “videos locos” y luego unos descoloridos <em>gags</em> con Tennynson Ferrada, Anita González y Daniel Muñoz, cuando realmente vivía en los 80. Pienso en Schuster, si sabe quién es ese caballero que para mi es y será el padre Belisario en<em> La Madrastra</em>. Pienso si importa que le importe a él y a su generación. Lo que si tengo claro, es que este programa encarna con nitidez HD la confusión reinante en el 13. Me pregunto si ahora que Andrónico Luksic compró el 67% del canal –operación que cerró una cínica era en la historia de la televisión chilena-, le pondrán pilas nuevas a <em>Control Remoto.</em>

Una era de cinismo que duró medio siglo y aquí la historia de cómo empezó. En los 60 la ley no permitía que los canales lucraran. Eran proyectos de casas de estudios superiores, con la obligación de culturizar y educar y bla bla blá, mientras en el resto de Latinoamérica la televisión era abiertamente comercial. Las universidades debían invertir en equipos carísimos y sujetos a pesados impuestos. UCV-TV y el canal de la Universidad de Chile apenas boqueaban, pero en la estación de la iglesia católica dieron con la pillería. Funcionaba así: un programa de cocina, por ejemplo, era oficialmente educativo, pero no se violaba la ley si recomendaban ciertos productos para, digamos, cocinar mejor. El dinero empezó a entrar aunque en el papel el canal no lucraba y mantenía su misión educativa. Muy chileno todo. Así el 13 se consolidó, marcó liderazgo, y durante décadas sólo TVN disputaría su reinado.

2003 es clave. El 13 la rompe con <em>Protagonistas</em> de la Fama, encerrando a una decena de jóvenes sedientos de cámara bajo el pretexto de pasar al área dramática. Hay sexo premarital y gana el que no sabía actuar. Arrasan con Machos, incluyendo un gay de protagónico, y se compran entera la historia de Gema Bueno, la mentirosa más grande en la historia de Chile. No solo la credibilidad del departamento de prensa, sino todo el canal católico se asoma al precipicio. Pasan de la efervescencia a la desazón, otra vez muy chileno todo. La iglesia y la universidad tratan de retomar el control, pero es tarde. Luego, la espiral: Vasco y la parrilla flexible exprimiendo a Los Simpson, tan listo como ese ciclista chileno que se reventó pedaleando en las olimpiadas.

Luksic. Empieza la grúa. Recluta a René Cortázar, que antes de dar la hora en el Transantiago, condujo correctamente TVN. Levanta a David Belmar del canal público. El resto observa cómo el dinero fresco de un magnate pretende una torta cada vez más repartida. La tevé digital es prácticamente un hecho y la penetración del cable, explosiva en los dos últimos años, ronda el 50%.

Dicen que en el 13 las caras son de funeral. Si había alguna confianza en la última administración, el personal siente que todo esto es como volver al primer casillero jugando Metrópoli…

Canal 13 inicia nuevas transmisiones. Cierra un ciclo, sella los primeros 50 años en la historia de la televisión chilena, cargados de misiones trascendentales, cumplidas a medias por toda la industria. Pero después de medio siglo, al fin sabe que su tarea principal es entretener y ser rentable. Ya no carga con el púlpito. El evangelio de ahora solo dicta la necesidad de un buen negocio.

 

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