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EDICIÓN | Septiembre 2010

¡Septiembre, Qué Alegría!

Por Pilar Sordo
¡Septiembre, Qué Alegría!

<strong><em>“Quiero un país donde los niños no se sientan disfrazados para estas fechas sino que lleven con orgullo los trajes de nuestra historia”.</em></strong>

Este año septiembre es distinto, no porque es el bicentenario sino debido a que es un año distinto por el terremoto que vivimos y que tanto camino nos deja todavía por recorrer. Esto me hace pensar en el Chile que quiero. Un país donde los niños no se sientan literalmente disfrazados para estas fechas sino que lleven con orgullo los trajes de nuestra historia.

Un Chile alegre, optimista y que deje en paz a la gente que intenta todos los días dejar algo agradable en otros.

Una nación donde los pernos se sientan orgullosos(as) de estudiar mucho. Y que los adultos -con fuerza- les transmitamos que el día de mañana serán los jefes de los otros, a los que malamente llamamos bacanes.

Un Chile en que sea posible decir te quiero y no nos de nervios ni vergüenza. Que una madre no se ría cuando diga que su hijo es mamón. Que un marido se sienta orgulloso de decir que ama a su señora, sin que nadie lo haga sentir macabeo. Que una mujer no se sienta ridícula al reconocer a sus amigos que ama a su marido y que los hombres no sólo se digan que se quieren cuando están borrachos.

Un país solidario todos los días y no sólo para las campañas. Donde nos saludemos con sonrisas, nos preguntemos los nombres y nos sintamos importantes siempre y no nada más cuando seamos necesarios o útiles para alguien.

Una nación que cuide su tierra, que escuche los puntos distintos y se valoren las ideas y no los partidos. Que nos importen los otros y trabajemos sin distinción por disminuir la desigualdad y las faltas de respeto.

Que fortalezcamos todos los días nuestras creencias para que lo que hagamos sea sintiendo que tiene trascendencia y así nuestro mundo espiritual se vuelva cada vez más profundo.

Que las cosas sean correctas o incorrectas en si mismas y no sólo por las consecuencias que generen.

Que los padres sean padres y si bien desarrollen confianzas, entiendan que no pueden ser amigos de sus hijos, colocando límites y sintiendo que tienen la misión de transformar a sus pequeños en las mejores personas que pueden llegar a hacer.

Celebremos un Chile más tolerante, más generoso y sobre todo más gozoso de la vida que es tan corta y tan impredecible.

 

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