Como país vitivinícola, tenemos una deuda pendiente con nuestros consumidores nacionales, la que, poco a poco, las viñas han empezado a saldar, poniendo a disposición del consumidor chileno vinos que antes sólo se conseguían en el mercado de exportación (aún falta mucho por avanzar en este sentido). En esto también han contribuido otras alternativas, como son las ventas a través de Internet, que permiten ir conociendo más acerca de las cepas que nos ofrece nuestro país y que no están disponibles en el comercio.
El vino es un elemento determinante al momento de acompañar una ocasión especial, y una buena elección dará siempre como resultado una experiencia gratificante y única. De ahí la importancia de seleccionarlo pensando en la oportunidad en que será bebido.
Elegir el vino apropiado para cada plato es una tarea difícil, aún para conocedores, por lo que es importante, primero, dejarse aconsejar y en la medida que se va logrando más conocimiento hacer sus propias apuestas. En general, los gustos son los que mandan y la experimentación con los vinos es muy entretenida, por lo que los invito a abrir los sentidos y descubrir un mundo de increíbles sensaciones, teniendo en cuenta que un conocedor de vinos se hace a fuerza de degustación.
Pero para degustar vino es necesario manejar algunos conocimientos básicos que aquí les comparto: la temperatura de servicio del vino debe ser, en blancos, entre 10°C a 12°C y en tintos entre 16°C a 18°C. Los vinos secos se sirven antes que los dulces; los blancos antes que los tintos y los vinos livianos antes que los de más cuerpo. Para armonizar el cuerpo del vino con la consistencia del plato, aconsejo un Hoppe del Sur Reserva 2007, que es una mezcla sesenta por ciento de Cabernet y cuarenta por ciento de Carmenere, producido por Bodega Viña Peralillo en el Valle de Colchagua. Para platos condimentados, como por ejemplo con carnes exóticas, un Syrah o Carmenere puede ser una buena elección. Les recomiendo el Carmenere Arenal 2009 (Medalla de Plata, Catador Hyatt 2010).
Por otro lado, se deben conocer los sabores de la comida para poder combinarla con un vino. Por ejemplo, si esta cuenta con un elemento ácido importante necesitará de un vino igualmente ácido para acompañarlo, como puede ser un Sauvignon Blanc, frutoso y con acidez refrescante. Es importante también disponer de copas adecuadas para servir el vino, las que deben tener un pie alto y ser de vidrio delgado o cristal; esto no sólo es cuestión de estética. Un mismo vino degustado en distintas copas puede expresar sus aromas de manera distinta y, en algunos casos, marcar la diferencia entre un buen vino y uno excepcional.