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EDICIÓN | Julio 2010

Talca se levanta

Por: Gonzalo Olmedo Espinoza, investigador del Museo O’Higginiano y de Bellas Artes de Talca
Talca se levanta

Ha llegado el tiempo de que Talca se levante. No es la primera vez que la ciudad se encuentra en medio de las ruinas, pero siempre ha sabido regenerarse. Esto se torna primordial en un año tan significativo como es el Bicentenario. Antes del terremoto, teníamos la esperanza de celebrar. Hoy, tenemos la obligación de darle un nuevo contenido a esta fiesta. Debemos recoger el espíritu que tuvieron aquellos que sufrieron la desgracia del terremoto de diciembre de 1928. En aquella catástrofe natural, en la que perecieron alrededor de trescientas personas, Talca quedó en ruinas, con emblemáticos edificios destruidos, como la catedral. La ciudad se convirtió, prácticamente, en escombros y miles de personas debieron hacer de la Alameda y otras calles, su hogar. Considero que lo ocurrido el año veintiocho constituye el término de la época dorada del Talca, París y Londres, que uno podría extender entre mediados del siglo XVIII, y cuando se produjo la fundación y desarrollo de Talca. El fuerte sismo del año ya mencionado es un ícono, puesto que no sólo dejó en el suelo a la ciudad sino que también, a escala nacional, vino a ser el prolegómeno de la crisis política y económica que afectó a Chile, y que devino en el fin de la época liberal. Pese a la desgracia y el dolor, los talquinos de aquel entonces tuvieron la visión de reconstruir y edificar nuevamente la ciudad. De aquella época datan la ampliación de la avenida Dos Sur o la calle Uno Norte, el diseño y la construcción de la avenida Diagonal Isidoro del Solar Urrutia, o la remodelación urbana alrededor de la Plaza de Armas, con edificios tales como el de servicios públicos, el desaparecido Hotel Plaza y la actual catedral. Hoy, nuevamente un terremoto, con toda la carga de dolor, nos da la oportunidad de repensar y reconstruir la ciudad. A diferencia de antaño, el resurgimiento de Talca debe ser una tarea en que participe la comunidad. En el contexto de 1928, la participación política, entendida como la preocupación por las cosas de la ciudad, estaba reservada a unos pocos, principalmente a los miembros de la elite talquina. Hoy, a la voz del poder político, económico y técnico, debemos incorporar la experiencia acumulada por los vecinos en torno a los problemas que aquejan a sus barrios y las soluciones que ellos vislumbran. Retornaremos, entonces, a la matriz fundadora de la ciudad, caracterizada por el empuje y el tesón de quienes levantaron Talca, que fueron capaces, en pocos años, de entregarle bellos honores: el título de Ciudad, el título de Muy Noble y Muy Leal, y su Escudo de Armas. Ese mismo espíritu llevó a nuestra ciudad a ser considerada una de las más importantes de Chile, entre mediados del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, y que se resumió en la altiva y orgullosa frase Talca, París y Londres. Sólo con la participación de todos, podremos generar una ciudad sustentable, armónica en su relación con el medio ambiente, acogedora para quienes viven en ella. Sólo así, todos quienes residimos en Talca seremos responsables de su destino.

 

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