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EDICIÓN | Agosto 2011

El renacer de un clásico

Raúl Madinagoitía, dueño de Chez Gerald:
El renacer de un clásico

Inaugurado en 1956, este restaurante convocó a las familias viñamarinas por décadas, quienes disfrutaban sus cenas bailables y eventos que engalanaban a la ciudad. Pero, después de varias administraciones, debido a problemas que jamás fueron resueltos, en 2005 fue clausurado. Acá relatamos cómo Madinagoitía y su gente lograron resucitarlo este 2011.

Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.

“La música orquestada y el espíritu alegre inunda el ambiente, las parejas entusiasmadas salen a bailar, mientras otras observan extasiadas desde sus mesas, disfrutando las delicadas preparaciones del chef… es 1956, el Chez Gerald está en pleno apogeo”.
  
Todo podría haber quedado en un lindo recuerdo, el de un enclave turístico que por más de cincuenta años engalanó a la sociedad viñamarina y maravilló a los turistas nacionales y extranjeros que nos visitaban. Después de muchos cambios de mando, el 2005 este restaurante fue clausurado por una serie de temas pendientes con el municipio y los propietarios, que jamás fueron resueltos por los anteriores arrendatarios.  

El Chez Gerald debió abandonar el glamour que le hizo brillar por décadas, para convertirse en una ratonera insalubre, con orden de demolición. Así, pasaron cinco años hasta que el empresario gastronómico Raúl Madinagoitía decidió asumir el enorme desafió que significaba resucitar este clásico. 
 

LAS BRISAS

El restaurante es parte de un edificio llamado Las Brisas, que fue concebido en 1951 por un grupo de familias de origen árabe, quienes proyectaron construir esta obra a orillas de Avenida Perú con 6 Norte. “Fue muy revolucionario para su época, por su altura, la existencia de seis locales comerciales y el espacio destinado a un restaurante. Los planos lo validan, la cocina actual de Chez Gerald es la misma de entonces. La razón de esto, es que las familias querían venir a relajarse a la costa, aprovechar el casino y el mar. Las cocinas de los departamentos tampoco eran muy grandes, se diseñaron sólo para tomar desayuno y luego almorzar y cenar en esta suerte de restaurante privado (como un club house actual). No obstante, al poco tiempo, se dieron cuenta de que no iba a funcionar si no lo abrían a la comunidad”, rememora Madinagoitía, quien junto a su familia se ha dedicado a investigar de lleno la historia de este local.        

En 1956, llegó a Chile Gerald Arama, un griego con estudios en Francia, quien les propuso arrendar el inmueble. Así nació Chez Gerald (que significa “donde Gerald” o “lo de Gerald”). Hasta 1970, él construyó la fama, la categoría y el prestigio de un restaurante que era visitado por todas las autoridades, personalidades famosas y turistas. Tomar un aperitivo era todo un clásico e ir a bailar, aún más.

“En este entonces surge además otro tema. Los propietarios de los departamentos también podían adquirir distintos porcentajes de derechos del restaurante. Por ende, había que consultarles todo antes de hacer cualquier reforma”, acota Raúl.
   
Producto de la inestabilidad política de Chile en los años setenta, Gerald Arama decidió irse de nuestro país y traspasó el restaurante a Iván Zanbelli, quien se hizo cargo de su arriendo hasta 1983. En dicha fecha, él vendió el derecho de uso de Chez Gerald a Arturo Castillo, quien lo compró para la Hotelera Panamericana, a cargo de los Hoteles O’Higgins y Miramar en aquel entonces. En 1997 él se lo traspasó a Miguel Dávalos, gerente comercial de la cadena, quien se retiró de la empresa y recibió como parte de pago el traspaso de este local. Muy poco tiempo después, Humberto Piemonte se convirtió en el último arrendatario antes de la clausura. Raúl comenta “ya venía en declive el restaurante, la calidad de antaño ya no era la misma y un grave problema de obras que se arrastraba de los años ochenta, hizo que colapsara todo”.  
     

OBRAS SIN PERMISO

En los años ochenta, Arturo Castillo encargó al arquitecto Mauricio Beckdorf un proyecto para cerrar el perímetro con ventanales, hacer una cúpula y un techo. “Ahí es donde empiezan los conflictos históricos del Chez Gerald, porque los espacios de jardines que ocupa el restaurante con las terrazas del bar y del comedor, eran comunes del edificio pero de uso y goce exclusivo del restaurante. Por ende, no podían alterarlo arquitectónicamente sin la aprobación de los propietarios del edificio, gestión que jamás se realizó. Las obras se hicieron igual, pues se obtuvo un permiso de obra de la Municipalidad de Viña del Mar, entidad edilicia que, más tarde, se dio cuenta de que era un error. Además, descubrieron que el restaurant no estaba pagando gastos comunes a la comunidad”, puntualiza Madinagoitía.       

En los tiempos de la gestión de Humberto Piemonte, estos problemas se convierten en fuertes demandas que son acogidas en tribunales, pues los argumentos de los dueños de los departamentos eran efectivos. Se generan, entonces, dos decretos de demolición por construcciones efectuadas en lugares que no corresponden, sin los permisos correspondientes y el no pago de gastos comunes. En 2005, la Municipalidad de Viña clausura el Chez Gerald. 

De ahí en adelante, el abandono total reinó en esta cuadra por cinco años. El otrora exitoso restaurante se transformó en una ratonera insalubre, con todos los vidrios quebrados, donde incluso vivían muchos vagabundos. Un punto negro que afeaba la hermosa Ciudad Jardín.   

Ante tantos problemas, ¿cómo surge en ustedes el interés por esta propiedad?
Nosotros somos dueños de Delicias del Mar en Reñaca, pero arrendatarios en Avenida San Martin y en el local de 6 Norte. Por ende, hace tiempo queríamos ser propietarios de otro local céntrico, frente al mar, y esta parecía ser la oportunidad esperada. La solución para el Chez Gerald era que una empresa comprara la propiedad, la remodelara y consiguiera aprobar todas estas obras. Esos fuimos nosotros, mi señora Rosita Lozano, mi hijo Sebastián Ducci y yo.  
 

RETORNO A LA VIDA

Raúl Madinagoitía, a través de su empresa Gourmanders S.A, desde 1993, se ha dedicado a levantar el rubro gastronómico de la zona. Primero abrió el premiado restaurante Delicias del Mar en Avenida San Martin; en el 2000, inauguró otro en Reñaca (con un especial museo del vino en su interior); el 2011 lanzó Giorgio Tanaka (una propuesta juvenil centrada en sushi y pizza) y ya lleva cinco meses con el nuevo Chez Gerald a plena marcha. Junto a Rosita Lozano, ingeniera comercial como él y su hijo Sebastián Ducci, se encargan de mover los hilos de estas empresas.   

¿Cómo han logrado mantenerse tanto tiempo?
Gracias al prestigio y la seriedad que nos caracteriza. Con Delicias del Mar, por ejemplo, trabajamos con el turismo ocasional y con las empresas de turismo receptivo que nos envían buses completos, previa gestión. Todo es muy profesional, con reservas, menú y tarifas preferenciales beneficiosas para ellos, para que tengan una buena experiencia gastronómica en nuestro restaurante. Estamos muy conscientes de lo que se nos viene, pues en el 2024 Chile va a recibir cuatro millones de turistas y hay que prepararse para ello.    

¿Se imaginaron que sería tan engorroso abrir otra vez el restaurante?
Sinceramente, no. Nos enteramos del remate por no pago de contribuciones un día antes que ocurriera. Estábamos en Santiago en un cumpleaños, así que mandamos a nuestro hijo Sebastián. El vivió todo el proceso que ocurrió el 17 de noviembre del 2010 y, gracias a su temple y firmeza durante el estresante remate, logramos adjudicarnos el local por la cifra de 375 millones de pesos. Al día siguiente registramos el nombre Chez Gerald, marca que afortunadamente estaba abandonada. Además, pensamos que había que respetar la historia de la ciudad, así que no cabía la opción de llamarlo Delicias del Mar.

¿Cómo consiguieron los permisos que faltaban?
Raúl: Ahí es mi mujer la que se lleva todos los méritos.
Rosita: Teníamos muy poco tiempo, me reuní con Marissa de la Noi, de la administración del Edificio Las Brisas, y le comenté que nosotros queríamos mantener la terraza que alguna vez se hizo sin su permiso. Para esto había que conseguir un quórum del ochenta por ciento y una aprobación de un setenta y cinco por ciento en la reunión. Así que tuve que encontrar aquí y en Santiago a cuarenta propietarios, con todas las trabas que esto conlleva. En sólo un mes conseguí todo lo necesario y el día de la junta oficial, logramos que todos dieran su aprobación. Con esto y los miles de permisos que nos solicitó la municipalidad, se pudo alzar la orden de demolición, hace muy pocos días.

¿En el intertanto estaban ya remodelando?
Raúl: Claro, fue desastroso, fue un esfuerzo y desgaste financiero y emocional muy grande. Todos los días venía gente a decirnos que no siguiéramos construyendo porque estaban las órdenes de demolición. Nos pasaron muchos partes, pero nosotros continuábamos contra viento y marea. El resultado final fue lograr superar veintiocho años de conflicto de la propiedad, nosotros hicimos lo que nadie hizo antes para que Chez Gerald funcionara en regla, como corresponde.
 

NUEVO CHEZ GERALD

En más de cincuenta años hay gente que se enamoró en Chez Gerald, se casó, celebró cumpleaños y aniversarios y que volvió con sus hijos y nietos. “Es increíble ver a las familias que llegan hoy al restaurante y se ponen tan felices al ver que le hemos devuelto la vida a este patrimonio viñamarino”, expresan Raúl y Rosita, visiblemente emocionados.

“Hemos puesto en marcha un restaurante de gran categoría que ofrece una variada y suculenta oferta gastronómica, para el almuerzo, once y cena, incluyendo los servicios de bar tradicionales del Chez Gerald, en aperitivos y drinks, tanto en horario de almuerzo y cena. Tenemos la capacidad de poder organizar eventos de diferentes matices en privado (máximo doscientas treinta personas), tales como matrimonios, fiestas, eventos de empresas, reuniones de compañeros de trabajo, celebraciones, cenas temáticas y menús de degustación”.

El baile sigue presente, cada viernes y sábado es posible disfrutar bailando con música en vivo e, incluso, a la hora de once. “Nuestra línea gastronómica busca un equilibrio entre lo internacional, con toques del mar, carnes y pastas. Hay recetas novedosas y de categoría, lideradas por Raúl Gaete, un destacado chef y docente de la zona”.

Ya se están preparando para el verano, en el que piensan implementar una terraza con mesas al exterior para fumadores, continuar potenciando los eventos y el horario de té, con exquisitas onces completas y sacar una línea de productos corporativos para la venta directa (calugas, galletas, chocolates, etc.)   

“Queremos devolverle a la esquina de la Avenida Perú con 6 Norte, el sello inconfundible de calidad y glamour que hizo historia en nuestra ciudad”.

 

“Nosotros hicimos lo que nadie hizo antes para que Chez Gerald funcionara en regla, como corresponde”.

 

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