Tell Magazine

Columnas » Asia Dónde Vamos

EDICIÓN | Diciembre 2011

Aprender como chino

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
Aprender como chino

“En China, los aranceles universitarios son caros y quienes pueden pagar ¡pagan! Evadir, engañar o escamotear el deber es considerado un crimen. Quienes no pueden pagar pueden optar por reducciones del arancel, y muchas formas de asistencia. Pero, lo que es más común y respetado son los programas de estudio y trabajo”. <br /> <br /> El sistema educacional chino es mayormente estatal, aunque flexible y no discriminatorio; unitario y descentralizado. La escuela básica es gratuita, obligatoria y garantizada hasta los doce años. No hay paros, y el registro de asistencia alcanza el 99%. En áreas rurales, se le agregan seis años de instrucción técnica. Por otra parte, desde las reformas de Deng Xiaoping se permitió la educación privada. Reformas que instalaron la convicción de que la educación debía ser el motor de la modernización. Se consideró necesario crear una nueva vanguardia revolucionaria constituida por educadores con la más alta calificación.  Era el modo de expandir el saber científico-humanista, matemático y tecnológico, sin olvidar el arte, la literatura, la filosofía y la poesía, esencia del ser chino.  <br /> <br /> Tras el XI Congreso del Partido (1978), se concluyó que “había que abrir el país al conocimiento”, y que el “exceso de supervisión partidista coartaban la creatividad e inventiva”. El control siguió, pero restringido sólo a áreas sensibles; en cambio se dio plena libertad a las ciencias puras y a la ingeniería.  Y vinieron los cambios.  China aprendió a usar con eficacia la herramienta de la cooperación y el intercambio. Hay más estudiantes chinos en otros países que cualquiera otra nación del mundo.  Y la reciprocidad ha llevado a unos doscientos mil estudiantes de 178 países a estudiar a China.  Entre esos han de haber no más de cincuenta chilenos.<br /> <br /> China sabe que la inversión en educación asegura el crecimiento y la autonomía.  Desde 1998 viene aumentando esa inversión en relación al presupuesto, en un punto porcentual cada año. Y como los costos crecen, el único modo de garantizar los estándares es incrementando el gasto. Consideremos que China hoy está más convencida que nadie de las ventajas de la libertad de empresa; sin embargo, sigue sosteniendo e invirtiendo en el sistema público de educación. Pero, respeta y protege la educación privada.  Equilibrio que refleja la sabiduría china.<br /> <br /> Mientras, trescientos millones de chinos tienen los tres niveles de educación (primaria, secundaria y profesional), constituyendo la mayor fuerza laboral del mundo. Las cifras universitarias también son gigantescas.  Los estudiantes de carreras en ciencias duras e ingeniería superan los dos millones. Pero, los resultados son todavía magros.  A pesar del enorme número de graduados, las patentes e innovaciones no se condicen con esos volúmenes. Tampoco el número de papeles científicos. Aunque sólo desde el 2005 se cuentan a lo menos doscientas mil publicaciones científicas chinas.<br /> <br /> En China la educación superior no se considera obligatoria, por lo que el Estado no se siente obligado a financiarla. Y ningún chino reclamaría que es un derecho. Se entiende que es un deber de responsabilidades mutuas entre quien posee el talento y se haya capaz de alcanzar un alto grado de especialidad, y el Estado que lo asiste con toda su potencia para que lo logre. <br /> <br /> En la concepción china del deber, lograr una profesión es una tarea personal, así como el gozo posterior de los resultados. Hasta el último funcionario del más remoto Cantón, sabe que la educación no es gratis. Cuesta, y la pagan todos para que los jóvenes tengan el privilegio de superar a sus padres. Tal donación obliga a ser responsables. Mientras más alto se llega, más obligado se está, y más exige la sociedad al estudiante. Por eso en China, los aranceles universitarios son caros y quienes pueden pagar ¡pagan! Evadir, engañar o escamotear el deber es considerado un crimen. Quienes no pueden pagar pueden optar por reducciones del arancel, y muchas formas de asistencia. Pero, lo que es más común y respetado son los programas de estudio y trabajo. El Estado paga tras un período de servicio de dos años que el futuro estudiante realiza en alguna organización de ayuda comunitaria. Reparar los destrozos en un municipio asolado por la barbarie, en China sería un honor para alguien fuerte y sano, un justo trabajo para ganarse una beca universitaria.<br /> <br /> <em>Este artículo completo en diez páginas, puede solicitarse a <a href="mailto:smcarrasco@vtr.net">smcarrasco@vtr.net</a></em>

 

Otras Columnas

» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación3+1+8   =