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EDICIÓN | Noviembre 2011

Nadie es profeta en su propia tierra

Por Carolina Arias Salgado / Ilustración: Claudia Silva
Nadie es profeta en su propia tierra

A veces el glamour del diseño va de la mano con vivencias absolutamente poco glamorosas: Hace un par de meses recibí una invitación para participar en un congreso de diseño en Mendoza. Concretamente a dar una charla sobre diseño sustentable. No lo pensé mucho, armé mi maleta con una muestra de creaciones y partí en bus a la ciudad de Mendoza la semana pasada.<br /> <br /> A diferencia de mis compañeros de colegio, nunca salí a mochilear, me cargaba dormir en carpa y no tuve grandes aventuras en los trayectos de mis viajes. Así que, ir en un bus me parecía una buena oportunidad, más aún si lo hacía con mi mamá, una excelente oportunidad para estar juntas y hablar de cualquier cosa que no fuera de trabajo. <br /> Siete horas duraría el trayecto. Se transformaron en catorce, seis de ellas paradas en la aduana. ¡Qué sistema más precario el aduanero! (De ida y de vuelta, no se salvan ni una de las dos) Pasaban las horas y mis tripas empezaron a sonar, solo había tres pequeños puestos de comida, uno más sucio que el otro, pero mi hambre pudo más y creo que comí una de las mejores hamburguesas de mi vida, pelo incluido. <br /> <br /> La nave o galpón por donde ingresan autos, buses, motos y peatones es de una polución indescriptible. Aún cuando me fumo mi puchito de vez en cuando, no logro entender que bajo esa nube de contaminación esté permitido fumar. Siguiendo con la travesía aduanera, el frío y los muchos cafés me obligaron ir al baño. Antes de ingresar una mujer roció con impulse el lugar para que el olor no me perturbara tanto, y por un momento la señora que hablaba hasta por los codos fue mi mejor amiga. <br /> <br /> Llegamos a Mendoza a las diez de la noche, agotadas, hinchadas, chasconas, enojadas. Ahí estaban esperándonos súper alegres y acogedores. El diario mendocino tenía impresa una foto mía. ¡Qué impresión! La charla fue preciosa, los asistentes sumamente agradecidos, aplaudieron, hicieron preguntas, levantaron la mano. Yo también estaba súper agradecida. Qué pena que acá no pase mucho, no es una cosa de ego, pero me llama la atención que este país no valore y explote sus pequeños talentos, entendí sin mucho agrado que "Nadie es Profeta en su propia Tierra".

 

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