Anualmente, conmemoramos el 29 de diciembre como la fecha en que la acción de un hombre fue determinante para la historia de nuestra comunidad. El registro de ese acontecimiento, de 1874, suele ser reproducido en la memoria y la historiografía local como la fundación de Viña del Mar. Pero, ¿qué implica ese momento fundacional? ¿Es realmente el inicio de nuestra ciudad como tal? El documento al que se atribuye el origen de la ciudad señala que la decisión fue tomada "con fecha de ayer". Si es de un día antes, se refiere al 28 de diciembre como el momento en que se funda la ciudad, aunque el documento está fechado el día 29. Nos bastaría con la mención de la anécdota para formar un debate lleno de ingenio y que permitiría explorar la capacidad interpretativa de los historiadores en torno a lo que dijo y quiso decir el documento. Pero, el sentido de este artículo es exponer que ese documento no es el único punto germinal en la historia de la ciudad, sino que ello depende de la importante misión del historiador en su obra. Es necesario repensar el hito de fundación, porque, utilizando los argumentos que podrían defender los intelectos normativos, Viña del Mar nunca fue fundada.
El celebrado documento que da inicio a la ciudad, no es otra cosa que una respuesta formal del Intendente de Valparaíso que autoriza a una persona natural para formar una población en su propiedad. Esto incluso relativiza el papel de don José Francisco Vergara, pues el permiso es otorgado por una autoridad política y administrativa, por lo que se reconoce en ella el poder necesario para acometer dicha acción. Si el Intendente es quien visa la solicitud, ¿tendríamos que entender que es éste, en nombre del supremo gobierno, quien funda Viña del Mar? Una conclusión de esa naturaleza restaría valor al rol que jugó Vergara en dicho proceso, y elevaría a una categoría injustificada a otras personas. Pero ésta breve reflexión nos permite entender, que no podemos seguir los documentos al pie de la letra, sino que es necesario entender mejor el contexto. Bien podríamos señalar que la formación de una población no es equivalente a formar una ciudad, y que la misma no ocurrió por acción directa de Vergara, pero tampoco del Intendente. Solo el Presidente de la República puede "crear" comunas en esos años. Don Aníbal Pinto lo hizo, pero en 1878, cuatro años después del documento antes señalado. Sin embargo la comuna no funcionó sino hasta un año más tarde, en mayo de 1879, cuando se constituyó su primer municipio. Desde entonces, Viña del Mar cuenta con una institución política que le da el sentido de proceso a nuestra historial local.
Pero no podemos restringirnos a una sola perspectiva normativa, siendo que existen otros acontecimientos que podríamos denominar como fundacionales. Uno de ellos parte de una frase de Benjamín Vicuña Mackenna: Viña del Mar, hija de los rieles. Si nos remitimos a esta expresión, no cuesta mucho situar la verdadera fundación de Viña del Mar en el paso del ferrocarril, a mediados del siglo XIX. Podríamos circunscribir a un proceso económico la creación de la ciudad, pero ello no resuelve un problema que no es menor en la historia: Viña del Mar no surge como un núcleo habitacional sino hasta varios años después de la línea del tren. ¿Por qué? La respuesta se circunscribiría en el interés de una persona, pero no por crear una ciudad, sino por oponerse a la idea. Dolores Pérez, heredó la hacienda de la Viña de la Mar de su difunto esposo Francisco Xavier Álvarez, en 1843. Fue su propietaria hasta 1873, año en que falleció. Y fue su voluntad hasta el final de su vida que no se creara una población en la hacienda, permitiendo que los únicos vecinos de la comuna fueran arrendatarios de terrenos en los que construyeron casas. No pudo negarse al paso del ferrocarril, ni a la instalación de una industria, pero hasta el día de su muerte, se opuso a la ciudad. No existe un documento que lo exprese de esa forma tal resuelta, pero el contraste entre su administración de la hacienda y la de quienes le sucedieron, es absoluto.
Luego de su muerte, se inició un acelerado proceso destinado a crear la población. Los libros de contabilidad de la hacienda dan cuenta del contraste. El hijo de Dolores, don Salvador Álvarez, parece resuelto a formar una población en su propiedad. En sus libros hay inversiones en un hotel, un balneario, y otros establecimientos públicos. Uno de sus planos de 1873 complementa este propósito. ¿Debemos entonces señalar en la acción de Salvador Álvarez el inicio de la ciudad? No, pues el proyecto se vio enfrentado a la negativa del Intendente, y la razón pudo ser sencillamente no pedir la autorización, algo que si está presente en la acción de su yerno, José Francisco Vergara, en el documento que se identifica como fundacional de Viña del Mar. Vergara se hizo cargo de la hacienda tras la temprana muerte de don Salvador en 1873. Fue su gestión la que permitió nuestra actual realidad. Pero no fue la única.
En resumidas cuentas, la fundación de la ciudad puede ser producto de varios acontecimientos, dependiendo de los énfasis del historiador. Así, podemos situarlo en hechos inesperados como la muerte de Doña Dolores o Don Salvador; en el ejercicio de las atribuciones de una autoridad, como la del Intendente de Valparaíso; en procesos económicos, como el paso del ferrocarril; o en la voluntad de una persona para acometer o no una determinada acción, como fue el caso de José Francisco Vergara, a quien simbólicamente recordamos todos los años, el 29 de diciembre, como fundador de Viña del Mar.