Es el arquero titular indiscutido de la selección chilena de handball desde hace varios años y destaca no sólo a nivel regional, sino que ya ha sido reconocido como el mejor de su especialidad el año pasado por el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile. Sin alcanzar aún los treinta años, ve en su deporte una oportunidad de crecer tanto en lo profesional como en lo personal.
Por Matías Seccatore M. / Fotos Vernon Villanueva
Una de las cosas que se destaca en Felipe Ignacio Barrientos Castillo (26), es su simpatía y generosidad. Y es que este villalemanino, de 1.84 metros de altura, es un agradecido de las oportunidades que se le han presentado y de las personas que lo han ayudado a llegar donde está en el mundo del handball nacional.
Desde 1999 practica el balonmano, donde destacó rápidamente en el puesto de arquero, un puesto ingrato en otras disciplinas deportivas, pero que a él le ha dado grandes satisfacciones. Fue arquero titular de la selección juvenil y luego de la adulta, que participó, en enero de este año en la Copa del Mundo de Suecia, donde Chile culminó en el vigésimo segundo lugar, enfrentando a escuadras profesionales.
Felipe es una figura reconocida en el handball chileno y ha defendido los colores del Club Italiano Balonmano toda su vida, con un paso, en 2005, por el balonmano español con Balonmano Castellón. A lo anterior se suma haber sido reconocido, en 2010, como el mejor de su disciplina por el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile.
Este apasionado por el handball y el deporte estudia Educación Física en la PUCV, que combina con la producción de eventos nocturnos, es disc jockey en matrimonios y cumpleaños, bajo el nombre de DJ C4. Pero este semestre debió congelar sus estudios "porque lo que demandan los Panamericanos de Guadalajara en octubre es mucho. Son muchos viajes y no podría terminar bien los ramos. Me voy el 20 de junio a Brasil, el 30 a Suecia, después a Mar de Plata y en octubre a México."
Al recordar a todas las personas que creyeron en el potencial que demostró desde un principio, como Claudio Lira, su entrenador en la Scuola Italiana de Villa Alemana; Enrique Menéndez y Fernando Capurro, comenta "todo lo que hicieron conmigo lo estoy devolviendo con triunfos, en el sentido que ellos me enseñaron el handball, me permitieron alcanzar un nivel de competición y estar en la selección chilena".¿Siempre en el arco?
Cuando uno es chiquitito, la idea es que todos pasen por el arco. No sé si es porque yo soy arquero, pero recuerdo que en mi categoría todos querían estar en la portería. Entonces, al gol íbamos cambiando. Al final siempre iba quedando yo, y en la medida que los torneos empezaron a adquirir cierta importancia, me ponían un tiempo al arco y en el otro adelante, hasta que al final me quedé bajo los tres palos.
Pero es una posición bastante complicada en este deporte...
Cuando uno es más chico, los tiros no son tan difíciles. Pero al ir creciendo, obviamente si uno no tiene muy buena defensa, no hay mucho que hacer. Y si no hay marca, va a ser gol.
¿Cómo llegas al Club Italiano BM?
Claudio Lira era nuestro entrenador en la Scuola Italiana y también en el Colegio Alemán de Villa Alemana. Entonces, si juntaba los dos colegios, había un potencial bastante bueno. Las primeras personas que lo recibieron fue la gente del Club Italiano de Villa Alemana, que en esa época tenía voleibol y basquetbol, pero no handball, así que le pasaron un juego de camisetas y quedó conformada la rama. Con el tiempo, el club fue perdiendo organización y sólo aguantó la rama de handball. Finalmente, la rama se desprendió del club el 2002 y decidimos formar la categoría adulta. El primer año salimos terceros y después fuimos llegando a las finales.
¿Ya eras el arquero titular en esa época?
Con la creación del equipo adulto, sí. Yo alterné y aprendí mucho de Alfredo García, que era el arquero de Everton, ya que estuvimos mucho tiempo fusionados con ellos.
¿Ya participabas en selecciones nacionales?
En 1999, Claudio me dijo que tenía dos opciones: irme a la escuela formativa de la Federación Chilena de Balonmano en Santiago, o ir a la preselección cadete, que era la opción que él podía manejar, ya que conocía a los entrenadores. Opté por la más difícil, que era ir a la preselección, solo, sin conocer a nadie, y sin que me hubiesen visto jugar nunca. Quedé dentro de los cuatro arqueros que completaba el proceso, pero no me nominaron finalmente para ir al sudamericano de ese año, ya que según los entrenadores, no estaba al nivel de una selección chilena. Al año siguiente, demostré que tenía el nivel, me afirmé y hasta hoy estoy en la selección.
¿Qué se siente al defender la camiseta de la selección de Chile?
Se gana el orgullo y la satisfacción personal de hacer algo por el país, porque en el fondo, si bien mucha gente no te toma muy en cuenta, uno queda tranquilo ya que estás aportando en algo.
UNA LIGA EXTRAORDINARIA
¿Cómo fue vivir la experiencia de participar en una liga nacional exigente?
Era súper gratificante. Era rico verlo en los diarios, donde el sitio handballquinta era uno de los más destacados en el mundo deportivo.
¿Y qué pasó con la competencia?
Hubo algunos problemas, en 2005, con la Federación, lo que repercutió en regiones. Al no haber directrices nacionales, quedó al criterio de cada zona el desarrollo de la competencia. Se metió gente que tenía varias ideas, pero que nunca se concretaron y los clubes quedaron algo botados. En Santiago tienen algo de competencia y no sé qué está ocurriendo en Concepción.
¿Y en la V Región?
Actualmente no hay nada. El año pasado se inició un torneo, pero no se terminó. Y ni siquiera supieron explicarnos por qué se acabó el campeonato. En nuestro club hemos hecho un par de torneos este año, pero que es poco para el nivel que tenemos como deportistas y no tiene sentido hacer torneos en un fin de semana, ya que el nivel está tan bueno y exigente que jugar viernes, sábado y domingo nos deja exhaustos. Y después, a mitad de semana, debemos iniciar giras con la selección, por lo que no tenemos el tiempo de recuperación debido. Al final, esto nos está jugando en contra, ya que no hay nadie que regularice las cosas. Creo que cuando nosotros, los que actualmente estamos jugando, nos retiremos y nos hagamos cargo, la cosa va a empezar a funcionar bien.
EL MEJOR
¿Qué significó para ti ser reconocido como el mejor del handball por el Círculo de Periodistas Deportivos el año pasado?
La verdad es que tiene un doble mérito. Siendo arquero es bueno, tal vez no para mi equipo (ríe), pero es importante el reconocimiento a un puesto que no es tan vistoso. Y además porque el año pasado fue muy importante para el handball chileno. Logramos una medalla de bronce en los Juegos ODESUR y se clasificó a un mundial, cosas que no se había hecho.
¿Y cómo fue la experiencia de participar en la Copa del Mundo en Suecia?
Es primera vez que una selección adulta clasificaba, y fue cumplir un sueño. Te das cuenta que ser un handbolista es valorado en otras partes del mundo, como Suecia, Alemania, Dinamarca.
¿Es muy distinto el nivel del balonmano chileno con el de las potencias profesionales?
Hay diferencias grandes. Al momento de ejecutar una acción, frente a trece mil espectadores, el jugador europeo lo ha vivido miles de veces, en cambio para nosotros era algo nuevo, ya que con suerte tenemos doscientas personas mirando nuestros partidos. La exigencia y la presión que vive el handbolista europeo es distinta, están acostumbrados a otras experiencias, son reconocidos como figuras públicas y algunos son ídolos nacionales. Pero el tema de la competencia es súper importante. Ellos tienen partidos todas las semanas. Nosotros necesitamos un torneo exigente y proyectarnos como profesionales de este deporte.
MIRANDO HACIA ADELANTE
En junio te vas a Suecia a un mundial de clubes con la categoría menores de 14 años femenino de Italiano BM ¿Cómo nace el interés de volverse entrenador?
Cuando regresé de España, Claudio Lira me ofreció hacerme cargo del taller de handball en la Scuola Italiana. Y como siempre me coincide el día del taller con el de fútbol, me llené de niñitas. Me planifiqué bien y con el tiempo, a pesar de no tener buenos resultados, fuimos progresando y tres años después, participando de la liga de Santiago, fuimos campeones nacionales con las chicas. De ahí la cosa agarró vuelo, y hoy las muchachas son capaces de ganarles a equipos de adultas, lo que demuestra que tienen muy buen nivel.
¿Y cuáles son tus expectativas en este viaje?
Lograr todo lo que no se ha hecho en el handball chileno. Ganarle a un equipo europeo y pasar a una segunda ronda. Y además quiero que las niñas se den cuenta hasta dónde pueden llegar.
¿Cuáles son tus objetivos personales en el mediano plazo?
Quiero jugar todos los mundiales que pueda (son cada dos años), y clasificarnos para los Juegos Olímpicos de Río 2016, donde tenemos alguna chance de hacerlo. Brasil va a estar clasificado, Argentina va a entrar en una etapa de renovación y nosotros debiésemos estar en nuestro peak de rendimiento. En lo personal, quiero terminar mi carrera universitaria, hacer crecer mi empresa de eventos y dedicarme al tema de ser entrenador de handball, ojala de la selección y de algún club en el extranjero.