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EDICIÓN | Mayo 2011

¿Dónde está la crisis?

Por Pilar Sordo, Psicóloga
¿Dónde está la crisis?

En un momento donde las crisis nos invaden desde todos los ángulos, el económico, valórico, social, familiar, religioso y sexual, entre otros, creo que es importante preguntarse qué tenemos que rescatar de estos fenómenos y dónde está ubicada realmente la crisis. Esa de la que tanto se habla y que se tiende a poner siempre afuera de nosotros mismos.

Más importante que la crisis misma, independiente del área en la que se le ubique, es la actitud que se toma frente a ella lo que determina el resultado del proceso. La capacidad de resiliencia o de re-inventarnos parece ser clave, por lo menos en temas como la cesantía y la inseguridad, que nos inunda a todos en nuestra vida en general.

La creatividad, la capacidad de movilidad, de no quedarnos esperando que las soluciones vengan desde afuera, sino que elaborar recursos internos que nos permitan desarrollar la flexibilidad y la tolerancia junto con la paciencia, parecen ser los elementos claves para sortearla con cierto éxito o, por lo menos, rescatando los aprendizajes necesarios que ella nos trae.

Las crisis, por definición, pueden ser una oportunidad para buscar dentro de nosotros mismos, para colocar de una vez por todas al hombre como ser humano, como eje central de todos los procesos sociales y no sólo por los objetivos de crecimiento económicos, ya que demostraron no responder en sí mismos a la felicidad del ser humano.

Esta crisis, sea donde sea que se produzca, puede y debe, a mi juicio, ser una invitación a mirar más lo interno, a valorar el presente, en vez de hipotecar un futuro. A entender que las ocasiones especiales son para ser vividas hoy y no esperando ese momento en un tiempo que jamás llegará. Son una invitación a disfrutar de lo simple, de lo que no tiene costo ni valor económico, que al final del día son las cosas que realmente nos hacen felices del alma.

Las crisis hay que mirarlas de frente, ojalá sin miedo y con ganas de encontrar en ellas el misterio que traen escondidas. Estas crisis nos invitan a hablar con la verdad, a no esconder a los culpables, a no perder la esencia de las cosas por unos pocos y por sobre todo a recuperar la hermosa capacidad que estas tienen para mostrarnos la vulnerabilidad humana. Nos necesitamos, debemos reconciliarnos, pero para eso nos tenemos que volver a ver, a reconocer y a considerar que el otro vale lo mismo que yo y que requiere ser tratado de la misma forma en que a mí me gustaría.

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<em><strong>“Más importante que la crisis misma, independiente del área en la que se le ubique, es la actitud que se toma frente a ella lo que determina el resultado del proceso”.</strong></em>

 

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