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EDICIÓN | Mayo 2011

¿Invertir a Largo Plazo o a Corto Plazo?

Por Valentín Carril, Gerente General de Principal Asset Management
¿Invertir a Largo Plazo o a Corto Plazo?

Cuando hablamos de inversiones a largo plazo, una primera consideración tiene relación con el período de tiempo considerado como “largo”, en este caso estamos hablando de 10, 20 años y más. Este enfoque es claramente el apropiado para la gran mayoría de las personas que se encuentran ahorrando para su período de retiro y para quienes ya están en su período de retiro, gracias a las mayores expectativas de vida de los chilenos. En estos escenarios de largo plazo, el concepto más extendido de riesgo financiero, cual es la posible fluctuación del valor de su riqueza (activos), debe ser ajustado. La definición completa de riesgo debe estar basada en la riqueza y en los pasivos. Pensemos en un ejemplo sencillo: Una persona posee $100 millones y necesita pagar una deuda de $130 millones en 10 años más. Esta persona tiene dos alternativas de inversión, una de “corto” plazo a 5 años, la cual paga 15% (en total), mientras que la segunda inversión es a 10 años y paga 30%, la llamamos de “largo” plazo. El ejemplo utiliza la misma tasa de interés anual. Supondremos que ambas inversiones son 100% seguras en el sentido de que pagarán exactamente lo que prometen, ni más ni menos. En este caso la inversión de largo plazo deja a la persona completamente exenta de riesgo. Sin embargo la inversión de corto plazo le provoca un riesgo, ya que si en 5 años más cuando venza su inversión, la tasa de interés a 5 años plazo ha bajado por debajo del 15% (digamos, a 10%), entonces esta persona estará “corta” en $2,5 millones para cuando deba cancelar su deuda.

Si la persona adquiere el activo a largo plazo y en el intertanto ve el valor de sus inversiones, se dará cuenta que ante un aumento en las tasas de interés se le produce una pérdida, mientras que ante una disminución, registra una ganancia. Estas fluctuaciones de valor, sin embargo, no afectan en nada su capacidad de cancelar su deuda en el momento oportuno.

Esta simple consideración tiene grandes implicancias para la decisión de inversiones de las personas. Por ejemplo, si una persona requiere de ingresos para su jubilación, entonces su “pasivo” (entendiendo por éste su “sueldo” una vez jubilado) en general es de largo plazo aunque la persona esté a punto de jubilar. Esto es así porque normalmente la expectativa de vida va mucho más allá de la edad de jubilación. Por lo tanto la forma de reducir su riesgo en términos de la estabilidad de sus flujos futuros no es traspasar sus activos al corto plazo, sino buscar mantener un equilibrio entre sus activos y sus pasivos así entendidos, lo que normalmente lo llevará a invertir más bien a largo plazo. Lo que ocurre es que ante un alza de tasas de interés, el flujo generado por una inversión de valor presente constante sube, mientras que el flujo baja si la tasa de interés se reduce. Si la inversión es a largo plazo, este efecto se modera por la reducción o alza, respectivamente, del valor presente de la persona al momento de jubilar. Incidentalmente, es interesante recordar que los activos financieros de mayor plazo de duración normalmente serán las acciones, por lo tanto en el aspecto de duración tienen una ventaja en riesgo para quienes están invirtiendo a muy largo plazo, por ejemplo 20 años o más.

 

¿Y qué pasa en el corto plazo? Como vimos, las inversiones con cierto riesgo, que son las que normalmente prometen mejor rentabilidad, tendrán fluctuaciones. Sin embargo, el largo plazo es la suma de los cortos plazos, por ende si nuestra inversión es la correcta para el largo plazo, en general tendrá mejores probabilidades que cualquier otra inversión de ser exitosa también a corto plazo, aunque en algunos períodos “cortos” (por ejemplo, 5 años) esto puede no funcionar.

 

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